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El opio de las Parcas

Marla

Poeta fiel al portal
Cabalgas, silencio,
a lomos de una bestia solitaria,
coronas mi temblor, señalas
mi cicatriz de pájaro vencido.

No,
no afines en mi oído
tu violín de suicidios,
tu incontable álgebra de aludes.

Tus dedos no pueden abarcar
mi cuello de amapola;
ya mi voz es murmullo quedo entre ríos de lumbre:
secó el trigo negro de la infancia en mis huesos
pero todavía no es tiempo de siega,
sino del blanco sideral, del gris asceta, del músculo cantor.

Deja que amarillee lentamente la sien
del otoño, que ablande su cordura
con saliva de esperas.
Reposará mi sangre en el opio de las Parcas
mientras castigue el sol de agosto los tejados
de un diciembre proscrito,
intuido en la piel de la ceniza.




 
Última edición:
¡¡¡GENIAL!!! Celebro encontrarte Marla, he disfrutado de una joya de poema.

Cabalgas, silencio,
a lomos de una bestia solitaria,
coronas mi temblor, señalas
mi cicatriz de pájaro vencido.

No,
no afines en mi oído
tu violín de suicidios,
tu incontable álgebra de aludes.

Tus dedos no pueden abarcar
mi cuello de amapola;
ya mi voz es murmullo quedo entre ríos de lumbre:
secó el trigo negro de la infancia en mis huesos
pero todavía no es tiempo de siega,
sino del blanco sideral, del gris asceta, del músculo cantor.

Deja que amarillee lentamente la sien
del otoño, que ablande su cordura
con saliva de esperas.
Reposará mi sangre en el opio de las parcas
mientras castigue el sol de agosto los tejados
de un diciembre proscrito
intuido en la piel de la ceniza.



 
Cabalgas, silencio,
a lomos de una bestia solitaria,
coronas mi temblor, señalas
mi cicatriz de pájaro vencido.

No,
no afines en mi oído
tu violín de suicidios,
tu incontable álgebra de aludes.

Tus dedos no pueden abarcar
mi cuello de amapola;
ya mi voz es murmullo quedo entre ríos de lumbre:
secó el trigo negro de la infancia en mis huesos
pero todavía no es tiempo de siega,
sino del blanco sideral, del gris asceta, del músculo cantor.

Deja que amarillee lentamente la sien
del otoño, que ablande su cordura
con saliva de esperas.
Reposará mi sangre en el opio de las Parcas
mientras castigue el sol de agosto los tejados
de un diciembre proscrito,
intuido en la piel de la ceniza.



Droga de vida que reconoce las estaciones, degustarla
mientras queda ese brote que se retuerce en el misterio.
felicidades por toda la intensidad aportada. luzyabsenta
 
Excelente, querida Rosa. Me encantaron las imágenes y metáforas de tus versos. Un abrazo!
 
Cabalgas, silencio,
a lomos de una bestia solitaria,
coronas mi temblor, señalas
mi cicatriz de pájaro vencido.

No,
no afines en mi oído
tu violín de suicidios,
tu incontable álgebra de aludes.

Tus dedos no pueden abarcar
mi cuello de amapola;
ya mi voz es murmullo quedo entre ríos de lumbre:
secó el trigo negro de la infancia en mis huesos
pero todavía no es tiempo de siega,
sino del blanco sideral, del gris asceta, del músculo cantor.

Deja que amarillee lentamente la sien
del otoño, que ablande su cordura
con saliva de esperas.
Reposará mi sangre en el opio de las Parcas
mientras castigue el sol de agosto los tejados
de un diciembre proscrito,
intuido en la piel de la ceniza.



Siempre es grandioso transitar por las imágenes elegantes de tus poemas, aplausos y abrazo grande.
 
Cabalgas, silencio,
a lomos de una bestia solitaria,
coronas mi temblor, señalas
mi cicatriz de pájaro vencido.

No,
no afines en mi oído
tu violín de suicidios,
tu incontable álgebra de aludes.

Tus dedos no pueden abarcar
mi cuello de amapola;
ya mi voz es murmullo quedo entre ríos de lumbre:
secó el trigo negro de la infancia en mis huesos
pero todavía no es tiempo de siega,
sino del blanco sideral, del gris asceta, del músculo cantor.

Deja que amarillee lentamente la sien
del otoño, que ablande su cordura
con saliva de esperas.
Reposará mi sangre en el opio de las Parcas
mientras castigue el sol de agosto los tejados
de un diciembre proscrito,
intuido en la piel de la ceniza.



A veces te confundo con Mariam una amiga que escribía maravillas como la tuya, es hermoso tu poema Marla!
 
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