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El llanto de los conejos

prisionero inocente

Poeta que considera el portal su segunda casa
Ay, pobre cerezo,...¡creciste tan alto!,
... que nadie llega a recoger tus frutos;
nadie comprende que en tu corteza
no hay olvido para aquella mañana
cuando colgaron en tus ramas heladas
a los conejos que iban a degollar,
para que la sangre se escurriera más rápido
y dejaron que fueran sus ojos
testigos de la amputación de mi infancia.
Tú sabes que no quise
soplar por ese caño de bambú
(introducido entre la piel y sus músculos inertes);
... soplar y soplar
hasta que se hincharon como balones;
pero me dijeron
que mis pulmones guardaban la respiración de un ángel
y que podía regalarles vida.
Nos miraban las hormigas, ¿te acuerdas?,
nos mordían con ensañamiento y no sentíamos nada,
éramos demasiado jóvenes para impedir la masacre,
... tan jóvenes que el vapor de los ladridos de los perros
nos envolvió en una nube devoradora de silencios.
¡Ay, pobre cerezo!.
No me preguntes a qué sabe la muerte,
he vuelto para ver si mi alma
es todavía un pájaro escondido en tu corona.
 
Última edición:
Te entiendo amigo. He escuchado a los conejos emitir una especie de chillido cuando los golpean detrás de la nuca con un garrote. De niño miré como mataban allá donde nací, gallinas, guajolotes, conejos. La matanza del cerdo era escalofriante, lo sometían entre varios hombres con sogas, le doblaban la patas y se subían arriba de él, le ácomodaban la pata izquierda y le clavaban un enorme picahielo debajo de la axila, porque decían que ahí estaba el corazón, movían para todos lados la punta como para asegurarse que se lo agujerearan. El cerdo emitía unos chillidos que podían oirse a cuadras de distancia. A veces, aún convulsionando lo abrían con un cuchillo muy filoso para sacarle las vísceras, también la sangre la recogían en bandejas; lo colgaban de las patas traseras y lo rasuraban con agua hirviendo. Son cosas que nunca se olvidan. Si no es por tu relato no lo hubiera recordado. Tenía yo 4 o 5 años de edad. Afortunadamente a esa edad es imposible ayudar en esa horrible labor. Siento un tanto haber descrito esto, pero se me vino el recuerdo de golpe... Ufff... Abrazos amigo.
 
Hola estimado poeta y amigo Arkhazul. Son recuerdos que nunca se olvidan, tienes razón, que afectan la percepción de los infantes sobre el mundo, que abren camino a la crueldad o degeneran en miedo.
Ese tipo de poema... una especie de confesión... una terapia inútil para aliviar los dolores, recordar el pasado en esas circunstancias es inútil, muy inútil y sin embargo es lo que queda, formular o mejor dicho poner limites al dolor y encarcelarlo en un pensamiento... Tu comentario es realmente el espejo que necesitaban estos versos para que tengan razón de ser. Muchas gracias, muchos abrazos.
 
Lo siento un poco aterrador. Me recuerda o me lleva a los miedos de del personaje de ficción
Clarica starling,en el silencio de los corderos,
Ella en su niñez había vivido en una granja ganadera, de donde sale aterrada, porque siempre se sentía acosada los gritos que oyó de los corderos., así cuando ella es detective cree que si puede salvar a la gente de Buffalo Bill, los gritos se pararán/
Bueno, eso me recordó, no digo que lo tuyo se trata igual,
Pero de alguna manera los miedos y temores, nos arrastran a los túneles sin aparente escapatoria, que nos deja siempre en el mismo sitio tenebroso.


Pd. Arka, lo que dices me causa aún más terror,lo que dices... recuerdo .......uyyyyy...a los chachos gritando:::triste:::
 
Hay recuerdos de infancia que carcomen la memoria y nos marcan a fuego para siempre... Un poema impactante, duro, donde el dolor se pregunta si todavía queda alguna esperanza. Preciosos los dos últimos versos. Mi admiración, querido amigo y mi universo de estrellas para ti. Abrazos.
 
Crudo pero bello en su tristeza, con algunos versos impactantes y excelsos, y un final verdaderamente precioso. Mis aplausos a tu talento Marius. Un abrazo querido amigo.
 
Ay, pobre cerezo, creciste tan alto
que nadie llega a recoger tus frutas,
nadie comprende que en tu corteza
no hay olvido para aquella mañana
cuando colgaron en tus ramas heladas
a los conejos que iban a degollar
para que la sangre se escurriera más rápido
y dejaron que sean sus ojos
testigos de la amputación de mi infancia.
Tú sabes que no quise
soplar en ese caño de bambú
introducido entre la piel y sus músculos inertes,
soplar y soplar
hasta que se hincharon como balones
pero me dijeron
que mis pulmones guardaban la respiración de un ángel
y que podía regalarles vida.
Nos miraban las hormigas, te acuerdas,
nos pinchaban y para nada,
seguíamos demasiado jóvenes para impedir el masacre,
tan jóvenes que el vapor de los ladridos de los perros
nos envolvió en una nube devoradora de silencios.
Ay, pobre cerezo,
no me preguntes a qué sabe la muerte.
He vuelto para ver si mi alma
es todavía un pájaro escondido en tu corona.


uffffff, Qué triste mi querido prisi, estremecedor poema hasta los huesos lo sentí muy fuertes las imágenes que vinieron en este poema, sin duda una intensa entrega, siempre placentero recorrer tus espacios tan llenos de poesía.
 
Escalofriantes imágenes Marius, dicen que es la ley natural, pero no creo en esa ley, creo degrada a la conciencia, mi padre era pastor y de pequeño no me dejaba hacerme amigo de los corderos para que no sufriera cuando los mataran, también se mataba al cerdo y era terrible escuchar sus gritos cuando lo degollaban, parecían gritos casi humanos, era insoportable, yo quería que muriera rápido por no escuchar su sufrimiento. Tampoco me gusta la depredacion en la naturaleza, para mi por muy natural que digan que es, creo que por eso mismo la naturaleza no es tan inteligente, y eso oscurece toda su belleza, mejor y mas inteligente es la simbiosis. Muy interesante siempre tu poesía. Un abrazo.
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXx a tu estupenda pluma.
 
Vuelvo a tu poema, Marius, ...que cuanto más lo leo, más maravilloso me parece,(...y para dejarte la reputación que no pude en su día). Un abrazo querido amigo.
 
Ay, pobre cerezo,...¡creciste tan alto!,
... que nadie llega a recoger tus frutos;
nadie comprende que en tu corteza
no hay olvido para aquella mañana
cuando colgaron en tus ramas heladas
a los conejos que iban a degollar,
para que la sangre se escurriera más rápido
y dejaron que fueran sus ojos
testigos de la amputación de mi infancia.
Tú sabes que no quise
soplar por ese caño de bambú
(introducido entre la piel y sus músculos inertes);
... soplar y soplar
hasta que se hincharon como balones;
pero me dijeron
que mis pulmones guardaban la respiración de un ángel
y que podía regalarles vida.
Nos miraban las hormigas, ¿te acuerdas?,
nos mordían con ensañamiento y no sentíamos nada,
éramos demasiado jóvenes para impedir la masacre,
... tan jóvenes que el vapor de los ladridos de los perros
nos envolvió en una nube devoradora de silencios.
¡Ay, pobre cerezo!.
No me preguntes a qué sabe la muerte,
he vuelto para ver si mi alma
es todavía un pájaro escondido en tu corona.


Recuerdos integrados de una infancia donde la crueldad se hacen miedos.
confesion magica para establecer el limite al dolor y el sin dolor. razon de ser.
luzyabsenta, lo he disfrutado mucho.
 
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