Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
El día de mañana
era una promesa inacabada.
Era la mágica palabra
en que había que labrarse un porvenir.
Como un fin que conseguir,
una montaña que escalar,
la prueba viva de que habíamos servido
para algo en esta vida.
El día de mañana,
era la meta inalcanzable,
allí donde nuestros mayores
decían que debíamos poner la vista.
No eran importantes las ilusiones,
sino ese devenir que nos traería
el futuro bienestar.
Y uno no quería bienestar.
Quería bienser.
No deseaba holgura económica,
pedía un poco de felicidad.
Llegará todo de la mano,
aseguraban graves los próceres.
Pero no era cierto, nunca era el tiempo,
jamás llegaba el día de mañana,
siempre había algo más urgente,
algo que lo entretenía…
Se me ha pasado la vida en barbecho,
esperando el día de mañana.