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El cazador de los ímpios

rumpelstiltskin

Poeta recién llegado
Almas desoladas y devastadas,

destinadas al castigo eterno,

condenadas a sufrir

por sus pecados perversos,

tan oscuros, tan siniestros.


Almas perdidas y desahuciadas

del mundo terrenal,

para ser sentenciadas

por toda su maldad.


Almas que no se arrepintieron,

pues ellas están padeciendo,

ya que les espera un lugar

peor que el infierno.


No le suplicaron al Señor,

éstas indefensas ya no tienen perdón;

asustadas y confundidas,

sólo deambulaban

por un lugar lleno de terror.


Donde habitaban

cucarachas gigantes,

asquerosas, horripilantes,

voladoras, aterrorizantes.


Donde el gusarapo no moría

y el gusano era un monstruo

de muchos ojos, con dientes afilados,

el cual servían para comerse

a los condenados.


Todo aquel que ocultaba

un pasado azaroso,

era observado detenidamente

por un cazador no identificado.


Un verdugo que podía estar

en diferentes mundos:

El mundo de los vivos,

el mundo de los muertos.


Era el juzgador de los malos;

de aquellos que en vida,

de los inocentes se aprovecharon.


De aquellos que en vida

de los ingenuos se mofaron.

De aquellos que en vida

violaron, asesinaron, y ultrajaron.


Era un juez cuya justicia

era la venganza de los inocuos.


Era el justiciero misterioso…


Creador de la guarida del tormento;

todos le imploraban súplicas

y arrepentimientos.


Él no tenía corazón,

ni espíritu, ni compasión.


Disfrutaba cada latigazo que daba,

saboreaba el dolor

de las almas putrefactas.


Su voluptuosidad incrementaba al oír

el entrechocar de hierros y cadenas

que portaban sus prisioneros.


La oscuridad asechaba,

el cazador se revelaba…


Desde la cúspide de un monte

los relámpagos a un temible ser

adoraban, los truenos le cantaban.


Su presencia producía escalofríos,

todo estaba sombrío.


Millones de insectos marchaban

expresando su honra y respeto.


Vestía un traje negro de seda extravagante

con una corbata muy elegante,

ataviaba una capa con capucha larga

cuyo color era la sangre,

y en su rostro se reflejaba

una máscara de bronce espeluznante.


Sus ojos eran dos agujeros,

su risa era macabra

y en su mano un látigo de espinas cargaba.


La ley en este lugar,

es la más correcta.

es la más clara.


Los malditos no se salvan

esas fueron sus palabras.
 
Aparte de ser hostigador y ser hostigado
la única diferencia que encuentro entre uno y otro
es que uno lo disfruta le infierno mientras el otro lo sufre
pero de cualquier forma
ambos están condenados
contaminados ambos por el sadismo
de perpetuar el sufrimiento.
Un gusto pasar a leerle.
Saludos.​
 
NUEVO TALENTO

(Seleccionado por la administración entre

usuarios con menos de un mes en el portal

o menos de 40 TEMAS publicados)

abrazo.bmp



¡FELICIDADES!

BIENVENIDO A ESTA CASA

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