DOLMENES VIEJOS GUERREROS
Desde el fondo gelatinoso de la noche
desde las calles entrelazadas como manos
en praderas extemporáneas
surgen como vientres o miradas inconvenientes
las formas espectrales de los dólmenes
Cráteras invertidas que contienen bajo sus formas
las historias esenciales de los buitres y los lagartos ocelados
aquellos que son las vísceras de quienes hoy paseamos entre ellos
entre las cabezas abatidas de los antiguos guerreros
que recogen las doncellas en sus miradas dulcísimas.
Dólmenes o barcos de la extinta Estigia sin el óbolo ficticio
manoseo de los líquenes sobre las ásperas pieles
es la herencia que dejaron los Titanes o el latido que apenas sobrevive
de alguien que cantó a sus dioses.
Nacen las líquidas caricias que recuerdan ancestrales escrituras
de poetas que ignoraban el piano
en las madrugadas de invierno se extienden todavía
las escarchas con pentagramas que algún pastor reconoce
Y es que el Tiempo se enamoró de estas rocas
y de sus femeninas formas.
Las modernas veleidades de coches y rascacielos
ignoran los tiempos antiguos
pero ocultas en los resquicios de los años viven las pequeñas escolopendras
y gusanos como dedos que resisten a la muerte
Enhiestas las esperanzas son los espejos frenéticos que reflejan
victorias sobre cadáveres que sonríen ignorantes de su estado.
Oxidados pretendientes sin heraldos
buscan refugio en las sombras apaciguadas de estos dólmenes eternos
mientras el tímido caracol ilustra las blasonadas enseñas
con las babas de la humildad que ellos ignoran
Gritan sus insomnios sin saber que no producen ecos.
Los dólmenes son blandos reverberos de esos gritos
y espejos enmohecidos que desangran los fuegos de las miradas lascivas
Qué dulces los improvisados cadáveres que adornan los campos de amapolas...
Desde el fondo gelatinoso de la noche
desde las calles entrelazadas como manos
en praderas extemporáneas
surgen como vientres o miradas inconvenientes
las formas espectrales de los dólmenes
Cráteras invertidas que contienen bajo sus formas
las historias esenciales de los buitres y los lagartos ocelados
aquellos que son las vísceras de quienes hoy paseamos entre ellos
entre las cabezas abatidas de los antiguos guerreros
que recogen las doncellas en sus miradas dulcísimas.
Dólmenes o barcos de la extinta Estigia sin el óbolo ficticio
manoseo de los líquenes sobre las ásperas pieles
es la herencia que dejaron los Titanes o el latido que apenas sobrevive
de alguien que cantó a sus dioses.
Nacen las líquidas caricias que recuerdan ancestrales escrituras
de poetas que ignoraban el piano
en las madrugadas de invierno se extienden todavía
las escarchas con pentagramas que algún pastor reconoce
Y es que el Tiempo se enamoró de estas rocas
y de sus femeninas formas.
Las modernas veleidades de coches y rascacielos
ignoran los tiempos antiguos
pero ocultas en los resquicios de los años viven las pequeñas escolopendras
y gusanos como dedos que resisten a la muerte
Enhiestas las esperanzas son los espejos frenéticos que reflejan
victorias sobre cadáveres que sonríen ignorantes de su estado.
Oxidados pretendientes sin heraldos
buscan refugio en las sombras apaciguadas de estos dólmenes eternos
mientras el tímido caracol ilustra las blasonadas enseñas
con las babas de la humildad que ellos ignoran
Gritan sus insomnios sin saber que no producen ecos.
Los dólmenes son blandos reverberos de esos gritos
y espejos enmohecidos que desangran los fuegos de las miradas lascivas
Qué dulces los improvisados cadáveres que adornan los campos de amapolas...