Y en la sombra destellan
los sangrantes rugidos,
los sórdidos latidos
de las bestias infames.
Las nubes de coral
tiesas se descomponen,
y todo es un torrente,
una cascada quieta,
simulacro incesante
de un eterno retorno
a la misma garganta.
En oscuros estruendos
detrás de los espejos,
otro mundo sucumbe
en madrugadas negras
tapadas de cenizas.
Los ojos que no ven
abren los párpados.
En esta ácida grieta
se suicidan perplejas
las palabras que escupen
las orejas tapiadas,
y en el viento una alondra
se desploma insolente
sobre los candelabros
de las mesas robustas.
En el diván recóndito
del vuelo naufragado
entre el ser y la nada,
un ángel se cuestiona
vomitando panfletos
en medio de la cena.
Camino al otro lado
del encierro inminente,
despejadas de tiempo
caducan las verdades
en el huerto imprevisto
del ocaso silente...
El destino es el viento.
los sangrantes rugidos,
los sórdidos latidos
de las bestias infames.
Las nubes de coral
tiesas se descomponen,
y todo es un torrente,
una cascada quieta,
simulacro incesante
de un eterno retorno
a la misma garganta.
En oscuros estruendos
detrás de los espejos,
otro mundo sucumbe
en madrugadas negras
tapadas de cenizas.
Los ojos que no ven
abren los párpados.
En esta ácida grieta
se suicidan perplejas
las palabras que escupen
las orejas tapiadas,
y en el viento una alondra
se desploma insolente
sobre los candelabros
de las mesas robustas.
En el diván recóndito
del vuelo naufragado
entre el ser y la nada,
un ángel se cuestiona
vomitando panfletos
en medio de la cena.
Camino al otro lado
del encierro inminente,
despejadas de tiempo
caducan las verdades
en el huerto imprevisto
del ocaso silente...
El destino es el viento.
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