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Despojos de humanidad (Dedicado a la memoria de Álvaro Urtecho)

danie

solo un pensamiento...
Dedicó estas líneas a la memoria de un grande entre los grandes, el poeta, crítico y ensayista Álvaro Urtecho Lacayo, ayer leí otro poema de él y me inspiro en hacer esta humilde obra, si bien el poema no habla de él, es un simple modo de agradecerle tal inspiración y de decirle al mundo lo grande de su nobleza.
La obra maestra que me inspiro de este magistral escritor fue-La corona de espinas- que la anexo debajo de mis humildes letras.


Ofuscado cicatero del meollo de esas estatuas,
frente a la riada emisión de los astros
que petrifica el alero de la noche,


bajo gárgolas y ángeles de piedra,
florecientes guardianes en una tierra sacramental
donde los errantes y diseminados sentimientos
son enterrados juntos con la polvareda de los restos de una humanidad.

Entro en su profundidad, respiro el airoso y espeso

vomito del corriente sepulcro que revuelve mis entrañas en tu lecho;
intento observar con ojos forasteros
y divago en sueños complejos de recuerdos amorfos,
sombras de un silencio que recubren tu velo.

Pienso en la necrópolis del presente que no esta muy lejos,

despojos iracundos se apoderan de mi cuerpo,
hierve mi sangre bajo el lapso sustancial
de un rigor afilado como una daga recorriendo mi coraje,
heridas mortales en un envasé que yace ya sin cuerpo.

Medito en una lapidada de un mundo y sus puntos concluyentes,

litúrgicas, estilos y seres de una vida trascendente,
todo concreto y existente, madres sin hijos e hijos sin madre,
padres que entierran a sus hijos e hijos que entierran a sus padres,
cónyuges separados por escasos metros de tierra,
estrépito designio en donde la vida
es simplemente un ciclo pertinente en nuestro camino
o viceversa ¡nosotros somos una piedra en su sendero divino!

Demando al cielo lo que por derecho es mío

y fue arrebatado en un suspiro,
demando bajo la cruz ofreciendo mi vida,
demando injustificadamente por el simple hecho
de romper con este martirio,
demando y finalmente suplico como un niño perdido…






LA CORONA DE ESPINAS (Álvaro Urtecho)

Desde que vi en la primera iglesia
-vecina de la casa donde cantaron
los gallos de mi nacimiento junto
a la sonrisa inclinada y curiosa
de mi madre-, la faz de Jesucristo,
su corona de espinas, no he dejado
de buscar nunca a ese hombre,
la suma del dolor humano,
la suma de lo que no dijeron
ni griegos ni romanos, ni el judío
fariseo envuelto en su traje lujoso
del Pontífice dictaminando la Ley
y la Norma como después en las
capillas augustas del Vaticano.
La suma del dolor, de la pregunta
inquisitiva alzada al cielo desde
el peso del madero sangrante,
oloroso, para mí, a corozo e incienso,
la suma de todo lo que nos atañe
más allá de la eras con sus dioses
circulando y asentándose en altares,
deshaciéndose en oros y monedas.
¿Donde habitas, Cristo nuestro,
dónde está tu primera y última
pregunta y tu corona umbilical
de espinas?¿ Eres el hombre
que habitamos, el hombre que
asesinan e incineran todos los días?
Inútil es recordar tu sufrimiento
que escribas y escribanos guardan
como unas efemérides más en los
calendarios del César y sus sátrapas
de ayer y de ahora. Tú no existes,
Jesús, Nazareno, como algo fuera
de nosotros, como algo impuesto
por los perros guardianes de la
Fe ortodoxa en su euforia triunfante.
Tú estás en nuestras venas, eres
la sangre que alimenta nuestro
anhelo de protesta y rebelión.
Eres el vino que apuramos
y la embriaguez compartida.
Eres, en nuestra tarde que declina,
en nuestra noche poblada de
fantasmas y temores, el hombre
que somos, el rostro que nos
duplica en el espejo, el encarnado
en las vertebras y en los corazones
que resucitarán algún día cuando
sean dados todos los abrazos
y los besos que no pudimos dar.



Posdata: La anexe tal cual figuraba en la web, no es mi intención modificar ni siquiera una coma, por pudor y respeto
 
grandiosa lectura, que se hace sentir con fuerza,
el final es poderoso...
esa forma de demandar al cielo ,
provoca que las venas se enciendan,
ha sido todo un placer pasar a tus letras.
 
dedicó estas líneas a la memoria de un grande entre los grandes, el poeta, crítico y ensayista Álvaro urtecho lacayo, ayer leí otro poema de él y me inspiro en hacer esta humilde obra, si bien el poema no habla de él, es un simple modo de agradecerle tal inspiración y de decirle al mundo lo grande de su nobleza.
la obra maestra que me inspiro de este magistral escritor fue-la corona de espinas- que la anexo debajo de mis humildes letras.


ofuscado cicatero del meollo de esas estatuas,
frente a la riada emisión de los astros
que petrifica el alero de la noche,
bajo gárgolas y ángeles de piedra,
florecientes guardianes en una tierra sacramental
donde los errantes y diseminados sentimientos
son enterrados juntos con la polvareda de los restos de una humanidad.

entro en su profundidad, respiro el airoso y espeso

vomito del corriente sepulcro que revuelve mis entrañas en tu lecho;
intento observar con ojos forasteros
y divago en sueños complejos de recuerdos amorfos,
sombras de un silencio que recubren tu velo.

pienso en la necrópolis del presente que no esta muy lejos,

despojos iracundos se apoderan de mi cuerpo,
hierve mi sangre bajo el lapso sustancial
de un rigor afilado como una daga recorriendo mi coraje,
heridas mortales en un envasé que yace ya sin cuerpo.

medito en una lapidada de un mundo y sus puntos concluyentes,

litúrgicas, estilos y seres de una vida trascendente,
todo concreto y existente, madres sin hijos e hijos sin madre,
padres que entierran a sus hijos e hijos que entierran a sus padres,
cónyuges separados por escasos metros de tierra,
estrépito designio en donde la vida
es simplemente un ciclo pertinente en nuestro camino
o viceversa ¡nosotros somos una piedra en su sendero divino!

demando al cielo lo que por derecho es mío

y fue arrebatado en un suspiro,
demando bajo la cruz ofreciendo mi vida,
demando injustificadamente por el simple hecho
de romper con este martirio,
demando y finalmente suplico como un niño perdido…




la corona de espinas (Álvaro urtecho)

desde que vi en la primera iglesia
-vecina de la casa donde cantaron
los gallos de mi nacimiento junto
a la sonrisa inclinada y curiosa
de mi madre-, la faz de jesucristo,
su corona de espinas, no he dejado
de buscar nunca a ese hombre,
la suma del dolor humano,
la suma de lo que no dijeron
ni griegos ni romanos, ni el judío
fariseo envuelto en su traje lujoso
del pontífice dictaminando la ley
y la norma como después en las
capillas augustas del vaticano.
La suma del dolor, de la pregunta
inquisitiva alzada al cielo desde
el peso del madero sangrante,
oloroso, para mí, a corozo e incienso,
la suma de todo lo que nos atañe
más allá de la eras con sus dioses
circulando y asentándose en altares,
deshaciéndose en oros y monedas.
¿donde habitas, cristo nuestro,
dónde está tu primera y última
pregunta y tu corona umbilical
de espinas?¿ eres el hombre
que habitamos, el hombre que
asesinan e incineran todos los días?
Inútil es recordar tu sufrimiento
que escribas y escribanos guardan
como unas efemérides más en los
calendarios del césar y sus sátrapas
de ayer y de ahora. Tú no existes,
jesús, nazareno, como algo fuera
de nosotros, como algo impuesto
por los perros guardianes de la
fe ortodoxa en su euforia triunfante.
Tú estás en nuestras venas, eres
la sangre que alimenta nuestro
anhelo de protesta y rebelión.
Eres el vino que apuramos
y la embriaguez compartida.
Eres, en nuestra tarde que declina,
en nuestra noche poblada de
fantasmas y temores, el hombre
que somos, el rostro que nos
duplica en el espejo, el encarnado
en las vertebras y en los corazones
que resucitarán algún día cuando
sean dados todos los abrazos
y los besos que no pudimos dar.



posdata: La anexe tal cual figuraba en la web, no es mi intención modificar ni siquiera una coma, por pudor y respeto

vaya memorial de palabras nos dejas, para pensar y analizar, saludos
 
Mis respeto y elogio a estas lineas tan profundas que dicen tanto como por ejemplo demando al cielo lo que por derecho es mío
y fue arrebatado en un suspiro,
,waoo imprecionante, eres una verdadera poeta, te felicito.un abrazo.
 
Estimado poeta casi tocayo...
tu forma de plasmar la poesía es muy poderosa
me pierdo en tus lineas,son grandiosas
se disfruta en gran manera leerte.

Leí la corona de espinas...es genial.
mis respetos para Alvaro Urtecho.
y mi mas completa admiración a tus letras.
Un abrazo.
 
Cuando el mundo en su crudeza se revela
tajante y estrepitoso...duele y provoca en uno
desconcierto...pero los reclamos al cielo
que se vuelvan reclamos al propio humano
-y despues acción encaminada a un fin
muy alto-.
"Se siente el peso de tu pluma", en
potentes letras.
Saludos y aplausos, amigo y colega Danie
 
"Demando al cielo lo que por derecho es mío
y fue arrebatado en un suspiro,
demando bajo la cruz ofreciendo mi vida,
demando injustificadamente por el simple hecho
de romper con este martirio,
demando y finalmente suplico como un niño perdido…"

Un gran poema nos compartes. Te felicito.
la ultima parte es genial. Gracias por compartir.
Saludos.
 
Gracias por las visitas y sus comentarios a todos y por estar en este humilde homenaje que dedico a un grande de clase mundial de la poesía
Muchas gracias
 
Demanda de las entrañas del ser humano, demanda de liberación de lo y los que nos oprimen, de la miseria del ser humano.
Tiene fuerza Danie, muy expresivo tu poema, y lo transmite.
No conocía a Álvaro Urtecho, este poema que nos compartes es bello y dice mucho del Cristo que vive en nosotros, más allá de las glorias y poderes de los jerarcas de la fe, pues ese Cristo somos todos, es nuestra desconocida esencia.
Un placer compañero. Saludos afectuosos.
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX a tu buena pluma y sentir.
 
Última edición:
[FONT=&quot]Grata sorpresa esta dedicatoria, al que en vida fue mío tío Álvaro. Mas no fue así, la calidad de estos versos, pues he venido deleitando, disfrutando, su talento. Son muy pocos los poetas que me seducen, me animan o llenan al leer en este Portal, Usted, mi amigo, tiene lo que a muchos le falta y le sobra.
[FONT=&quot]Quisiera pedirle un favor, si me es permitido, agregar este poema a la página en Facebook, dedicada a él. De esa manera será parte de la recopilación que he venido trabajando los últimos años.
[FONT=&quot]Gracias danie por la dedicación, y por mostrarnos uno de sus poemas. Celebro su talento Caballero
[FONT=&quot]
[FONT=&quot]Abrazos
[FONT=&quot]Chepeleón
 
Con fortaleza el final, y durante todo el escrito un despliegue de imágenes y coherencia junto con un uso del lenguaje excepcional un agrado leerte, saludos desde Colombia de tu amigo Carlos Andrés
 
Grata sorpresa esta dedicatoria, al que en vida fue mío tío Álvaro. Mas no fue así, la calidad de estos versos, pues he venido deleitando, disfrutando, su talento. Son muy pocos los poetas que me seducen, me animan o llenan al leer en este Portal, Usted, mi amigo, tiene lo que a muchos le falta y le sobra.
Quisiera pedirle un favor, si me es permitido, agregar este poema a la página en Facebook, dedicada a él. De esa manera será parte de la recopilación que he venido trabajando los últimos años.
Gracias danie por la dedicación, y por mostrarnos uno de sus poemas. Celebro su talento Caballero

Abrazos
Chepeleón

Gracias por su huella en mis humildes letras, me alegro que le guste, y el poema de su tío, si publíquelo obviamente que puede, es mas yo tengo la pagina de Álvaro en mi facebook usted me la paso, ahí me fijo si lo puedo publicar yo. Si no me permite la opción publíquelo usted maestro Chepelón no hay problema

Abrazos enormes para usted
 
Dedicó estas líneas a la memoria de un grande entre los grandes, el poeta, crítico y ensayista Álvaro Urtecho Lacayo, ayer leí otro poema de él y me inspiro en hacer esta humilde obra, si bien el poema no habla de él, es un simple modo de agradecerle tal inspiración y de decirle al mundo lo grande de su nobleza.
La obra maestra que me inspiro de este magistral escritor fue-La corona de espinas- que la anexo debajo de mis humildes letras.


Ofuscado cicatero del meollo de esas estatuas,
frente a la riada emisión de los astros
que petrifica el alero de la noche,


bajo gárgolas y ángeles de piedra,
florecientes guardianes en una tierra sacramental
donde los errantes y diseminados sentimientos
son enterrados juntos con la polvareda de los restos de una humanidad.

Entro en su profundidad, respiro el airoso y espeso

vomito del corriente sepulcro que revuelve mis entrañas en tu lecho;
intento observar con ojos forasteros
y divago en sueños complejos de recuerdos amorfos,
sombras de un silencio que recubren tu velo.

Pienso en la necrópolis del presente que no esta muy lejos,

despojos iracundos se apoderan de mi cuerpo,
hierve mi sangre bajo el lapso sustancial
de un rigor afilado como una daga recorriendo mi coraje,
heridas mortales en un envasé que yace ya sin cuerpo.

Medito en una lapidada de un mundo y sus puntos concluyentes,

litúrgicas, estilos y seres de una vida trascendente,
todo concreto y existente, madres sin hijos e hijos sin madre,
padres que entierran a sus hijos e hijos que entierran a sus padres,
cónyuges separados por escasos metros de tierra,
estrépito designio en donde la vida
es simplemente un ciclo pertinente en nuestro camino
o viceversa ¡nosotros somos una piedra en su sendero divino!

Demando al cielo lo que por derecho es mío

y fue arrebatado en un suspiro,
demando bajo la cruz ofreciendo mi vida,
demando injustificadamente por el simple hecho
de romper con este martirio,
demando y finalmente suplico como un niño perdido…






LA CORONA DE ESPINAS (Álvaro Urtecho)

Desde que vi en la primera iglesia
-vecina de la casa donde cantaron
los gallos de mi nacimiento junto
a la sonrisa inclinada y curiosa
de mi madre-, la faz de Jesucristo,
su corona de espinas, no he dejado
de buscar nunca a ese hombre,
la suma del dolor humano,
la suma de lo que no dijeron
ni griegos ni romanos, ni el judío
fariseo envuelto en su traje lujoso
del Pontífice dictaminando la Ley
y la Norma como después en las
capillas augustas del Vaticano.
La suma del dolor, de la pregunta
inquisitiva alzada al cielo desde
el peso del madero sangrante,
oloroso, para mí, a corozo e incienso,
la suma de todo lo que nos atañe
más allá de la eras con sus dioses
circulando y asentándose en altares,
deshaciéndose en oros y monedas.
¿Donde habitas, Cristo nuestro,
dónde está tu primera y última
pregunta y tu corona umbilical
de espinas?¿ Eres el hombre
que habitamos, el hombre que
asesinan e incineran todos los días?
Inútil es recordar tu sufrimiento
que escribas y escribanos guardan
como unas efemérides más en los
calendarios del César y sus sátrapas
de ayer y de ahora. Tú no existes,
Jesús, Nazareno, como algo fuera
de nosotros, como algo impuesto
por los perros guardianes de la
Fe ortodoxa en su euforia triunfante.
Tú estás en nuestras venas, eres
la sangre que alimenta nuestro
anhelo de protesta y rebelión.
Eres el vino que apuramos
y la embriaguez compartida.
Eres, en nuestra tarde que declina,
en nuestra noche poblada de
fantasmas y temores, el hombre
que somos, el rostro que nos
duplica en el espejo, el encarnado
en las vertebras y en los corazones
que resucitarán algún día cuando
sean dados todos los abrazos
y los besos que no pudimos dar.



Posdata: La anexe tal cual figuraba en la web, no es mi intención modificar ni siquiera una coma, por pudor y respeto


GRANDES! ambos, poesía de la buena: POETAS!
 
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