Me piden que me abstenga
de vos, Palestina,
que te niegue
el sorbo de agua,
la caricia, que te cobre
el rugido en las entrañas,
que cargue con tus huesos
si es que tanto me importan.
Me piden que no duelas,
que sea neutro,
que cuide las formas,
que cite las fuentes,
que quite tu bandera, que arranque
los olivos de tu memoria.
Pero tu dignidad no es un territorio
que pueda ser ocupado.
Me piden que desmienta
las llave de tu casa,
el pan de tus madres,
que no encuentre
entre los escombros tu infancia,
que requise tu idioma, el azahar
del viejo limonero, que derrame
el vino de tus pensadores,
y aborrezca
la insólita sombra de tus dátiles,
que entierre tus manos,
el surco
que ha dejado la azada,
el remo, el verso,
que censure
la flor sobre los tristes
campos de refugiados.
Pero tu dignidad no es un territorio
que pueda ser ocupado.
Aunque me pidan que recuse
la alegría del Dabke, que oculte
la profunda cicatriz
de tu palabra, el murmullo
del Jordán,
que te prive del estruendo
incontestable del Levante,
que acepte el muro y la amputación,
que maldiga a tus combatientes,
y borre el verbo de tus ancianos.
Tu dignidad no fue, no será un territorio
que pueda ser ocupado.
de vos, Palestina,
que te niegue
el sorbo de agua,
la caricia, que te cobre
el rugido en las entrañas,
que cargue con tus huesos
si es que tanto me importan.
Me piden que no duelas,
que sea neutro,
que cuide las formas,
que cite las fuentes,
que quite tu bandera, que arranque
los olivos de tu memoria.
Pero tu dignidad no es un territorio
que pueda ser ocupado.
Me piden que desmienta
las llave de tu casa,
el pan de tus madres,
que no encuentre
entre los escombros tu infancia,
que requise tu idioma, el azahar
del viejo limonero, que derrame
el vino de tus pensadores,
y aborrezca
la insólita sombra de tus dátiles,
que entierre tus manos,
el surco
que ha dejado la azada,
el remo, el verso,
que censure
la flor sobre los tristes
campos de refugiados.
Pero tu dignidad no es un territorio
que pueda ser ocupado.
Aunque me pidan que recuse
la alegría del Dabke, que oculte
la profunda cicatriz
de tu palabra, el murmullo
del Jordán,
que te prive del estruendo
incontestable del Levante,
que acepte el muro y la amputación,
que maldiga a tus combatientes,
y borre el verbo de tus ancianos.
Tu dignidad no fue, no será un territorio
que pueda ser ocupado.
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