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Contemplador nocturno de poemas
I
Tiene un gran colección de tonos en su voz, que van de la delicia a la ira, de la caricia-susurro en la nuca a un apretón de manos muy masculino. Es su forma de surcar el aire que nos separa, la distancia infinita. Hasta estar tan cerca que todo se vuelve borroso y olvidamos nuestros principios y nuestros fines.II
Yo tampoco puedo dormir y la veo pasear, desde la ventana que forman mis ojos, desde muy adentro en mi mismo. La veo subir y bajar, calle arriba, calle abajo. Recorrer el parque. Silueta de ropas blancas, entre farolas de luz tan inmaculada, tan pura, que no puede estar viva.
III
¡Qué placer! el cien por cien de batería, se dijo Jonás cuando se le tragó la ballena.
IV
Se retiró temprano de la fiesta, la espalda, el dolor, un infierno ya se sabe. Se refugió en su dormitorio mientras los invitados continuaban vaciando copas de champán francés y brindando por el anfitrión. Extrajo la chequera del bolsillo del esmoquin, el hombre más rico del mundo ya no tenía fuego en sus manos sólo una estilográfica de oro puro. Firmó el talón en blanco y se lo tendió a la dama de negro, ella no aceptó.
V
Subrayado en rojo, así se sentía él cada vez que perseguía los días, agazapado en la trastienda.
VI
El hombrecito se casó a las cinco de la tarde, vestido de Elvis, con una enorme mujer con voz de rocas chocando.
VII
"Haz que piquen", dijo el pescador de lunas a la soledad. "Haz que piquen esta noche". Pidió, lanzando la caña sobre la charca bajo las estrellas.
VIII
Ella esperaba en la esquina con un abrigo negro, y todo fluye. La historia se cuenta sola. El frío del extrarradio, las luces amarillentas, obviamente enfermas, el ir y venir de los codiciosos, os ahorraré detalles escabrosos.
IX
Hay de todo en la tienda, de todo menos lo que vinimos a buscar. Eso suele pasar cuando uno busca cosas de valor entre las baratijas. A veces lo encuentras, a veces... queda ese poso en el estómago.
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