danie
solo un pensamiento...
Se confiesa mi herida bermellón jaez
que gotean de mis puños diáfana
trazando el veneno mordiente
sobre el arpón en la poción del cuerpo.
que gotean de mis puños diáfana
trazando el veneno mordiente
sobre el arpón en la poción del cuerpo.
Saboreaste la pócima mártir,
que extirpa la rica savia primordial del rito.
Sosegando sobre el cáliz, la protoplasmática
soluble de la ostra desleída en el piélago de La Estigia.
¡Oh, salve Rey de los judíos!
Que nuestra soberbia terrenal
no ofenda la hostia y el vino sacramental
de tu honorable cuerpo;
que el fermento muerto no excreta la cordura quimera
de la lanza que traspaso el cuerpo de Cristo.
Que ni las fauces del Aqueronte
nos salven de tu dolor sufrido,
detrás de la ruin pletórica
y burlesca risa de Roma,
nos acurrucamos bajo tu manto carmesí,
sollozamos por el destino concebido…
¡Solo tu piedad nos salvara, señor mío!
Pero nuestra cordura
no es digna de merecer
tal compasión divina.
Peregrinos irascibles,
no somos el fiel cordero
en el sendero del viacrucis,
nuestro mero orgullo nos encamina
hacia la gracia de Leviatán, hijos del averno.
¡No merecemos tu pena, Señor mío,
ni la pasión de la corona de Cristo,
hijo de tu gracia divina!
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