esthergranados
Poeta adicto al portal
Me llamarán para que baje a cenar en familia. Primero lo hará la novia de mi padre, con su voz de grulla; después el abuelo, dando golpes en el techo con el bastón; y más tarde papá, llamándome “capullo hijo de puta”. “¡La cena se enfría, maldito loco!”, gritará mi madrastra. El viejo hará una intentona de sacar la cara por mí, pero después de mirar hacia ella un momento, se lo pensará mejor y dejará, como de costumbre, que corra mi suerte; “bastante tengo yo con lo de la residencia”. Papá, cada vez más nervioso, echará otro vistazo al reloj. Sentado frente a la tele, con la cuarta cerveza en la mano, volverá a leer el mensaje del internado y llegará a la conclusión de que allí estaré mucho mejor. “Un chaval como este necesita mano dura y disciplina, así aprenderá a no espiarme cuando me desnudo, el muy cerdo”, gruñirá con su voz insoportable esa chiflada, mintiendo como siempre. Yo, mientras tanto, meteré en la mochila mis vaqueros favoritos, un par de camisetas y cogeré el mechero. Me aseguraré de que enciende correctamente. Procurando no hacer ruido al bajar la escalera, cargaré, aguantando la risa, el bidón de gasolina.