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Cena familiar

esthergranados

Poeta adicto al portal
Me llamarán para que baje a cenar en familia. Primero lo hará la novia de mi padre, con su voz de grulla; después el abuelo, dando golpes en el techo con el bastón; y más tarde papá, llamándome “capullo hijo de puta”. “¡La cena se enfría, maldito loco!”, gritará mi madrastra. El viejo hará una intentona de sacar la cara por mí, pero después de mirar hacia ella un momento, se lo pensará mejor y dejará, como de costumbre, que corra mi suerte; “bastante tengo yo con lo de la residencia”. Papá, cada vez más nervioso, echará otro vistazo al reloj. Sentado frente a la tele, con la cuarta cerveza en la mano, volverá a leer el mensaje del internado y llegará a la conclusión de que allí estaré mucho mejor. “Un chaval como este necesita mano dura y disciplina, así aprenderá a no espiarme cuando me desnudo, el muy cerdo”, gruñirá con su voz insoportable esa chiflada, mintiendo como siempre. Yo, mientras tanto, meteré en la mochila mis vaqueros favoritos, un par de camisetas y cogeré el mechero. Me aseguraré de que enciende correctamente. Procurando no hacer ruido al bajar la escalera, cargaré, aguantando la risa, el bidón de gasolina.
 
Me llamarán para que baje a cenar en familia. Primero lo hará la novia de mi padre, con su voz de grulla; después el abuelo, dando golpes en el techo con el bastón; y más tarde papá, llamándome “capullo hijo de puta”. “¡La cena se enfría, maldito loco!”, gritará mi madrastra. El viejo hará una intentona de sacar la cara por mí, pero después de mirar hacia ella un momento, se lo pensará mejor y dejará, como de costumbre, que corra mi suerte; “bastante tengo yo con lo de la residencia”. Papá, cada vez más nervioso, echará otro vistazo al reloj. Sentado frente a la tele, con la cuarta cerveza en la mano, volverá a leer el mensaje del internado y llegará a la conclusión de que allí estaré mucho mejor. “Un chaval como este necesita mano dura y disciplina, así aprenderá a no espiarme cuando me desnudo, el muy cerdo”, gruñirá con su voz insoportable esa chiflada, mintiendo como siempre. Yo, mientras tanto, meteré en la mochila mis vaqueros favoritos, un par de camisetas y cogeré el mechero. Me aseguraré de que enciende correctamente. Procurando no hacer ruido al bajar la escalera, cargaré, aguantando la risa, el bidón de gasolina.

Ojalá sigas publicado, Esther. Saludos!
 
Hola, Emp. En eso estoy otra vez, ya he visto que tú no dejas de publicar y eso está muy bien, he leído cosas tuyas y me siguen gustando muchísimo. Muchas gracias por leerme y por tu comentario. Saludos para ti también.
 
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Carápelas. Creí que ibas a usar el mechero para otro tipo de evasión, pero en situaciones difíciles soluciones difíciles. Siempre podrías al menos hacer que parezca un accidente, pero creo que no es tu estilo. Sobre todo porque no sé si te dejarán llevar al reformatorio el bidón. Aunque visto lo visto, el reformatorio puede que no sea tan mal lugar.
 
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Muchas FELICIDADES

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Carápelas. Creí que ibas a usar el mechero para otro tipo de evasión, pero en situaciones difíciles soluciones difíciles. Siempre podrías al menos hacer que parezca un accidente, pero creo que no es tu estilo. Sobre todo porque no sé si te dejarán llevar al reformatorio el bidón. Aunque visto lo visto, el reformatorio puede que no sea tan mal lugar.
Muchas gracias por tu comentario y sobre todo por tu paso por mi relato. Sí, el chaval no se andaba con tonterías, pero esa familia tampoco ayudaba mucho. Un saludo.
 
Me llamarán para que baje a cenar en familia. Primero lo hará la novia de mi padre, con su voz de grulla; después el abuelo, dando golpes en el techo con el bastón; y más tarde papá, llamándome “capullo hijo de puta”. “¡La cena se enfría, maldito loco!”, gritará mi madrastra. El viejo hará una intentona de sacar la cara por mí, pero después de mirar hacia ella un momento, se lo pensará mejor y dejará, como de costumbre, que corra mi suerte; “bastante tengo yo con lo de la residencia”. Papá, cada vez más nervioso, echará otro vistazo al reloj. Sentado frente a la tele, con la cuarta cerveza en la mano, volverá a leer el mensaje del internado y llegará a la conclusión de que allí estaré mucho mejor. “Un chaval como este necesita mano dura y disciplina, así aprenderá a no espiarme cuando me desnudo, el muy cerdo”, gruñirá con su voz insoportable esa chiflada, mintiendo como siempre. Yo, mientras tanto, meteré en la mochila mis vaqueros favoritos, un par de camisetas y cogeré el mechero. Me aseguraré de que enciende correctamente. Procurando no hacer ruido al bajar la escalera, cargaré, aguantando la risa, el bidón de gasolina.

No se puede contar mejor una historia tan fuerte y densa en tan pocas palabras. Genial.
Saludos
 
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