prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
[video=youtube;MQqj0MwWwQ4]http://www.youtube.com/watch?v=MQqj0MwWwQ4[/video]
Me duelo lejos de mí
entre los sumisos letreros de la espera
y el rostro de aluminio de esos taxis que petrolean las calles,
entre las manos que dibujan recuerdos sobre la pegajosa película del polvo
y la barba de hojas del viento
rasurada por mecanismos volubles,
me sigo doliendo en el kilométrico arpegio de seda de los sueños,
y las dunas que beben el carrusel de los días
cuando se escucha la garganta plástica del perfumador
salpicando perolas de nieve (donde se cocinan pesadillas)
me duelo entre el labio del corredor y el terco abrazo de los muebles
como si fuera la palabra impronunciable de tus tacones
que se ahonda en la alfombra del mito
o en esa bajada de escaleras mecánicas que vacía el alma
como si el metro se tratara de solamente huir
tu o yo, nosotros o ellos y otros pronombres que nos llamamos
y no hubiera paisaje que rectifique las gasificadas nubes de cemento,
estatuas extraídas de entre las palomas
y mecidas en los subterráneos por las caléndulas del azar.
Me duelo en esta piel
que empuja sus racimos ardientes de ira
hacia descuadrar el lápiz de cada poro que te escribe cartas de arrugas.
Me duelo lejos de mí
entre los sumisos letreros de la espera
y el rostro de aluminio de esos taxis que petrolean las calles,
entre las manos que dibujan recuerdos sobre la pegajosa película del polvo
y la barba de hojas del viento
rasurada por mecanismos volubles,
me sigo doliendo en el kilométrico arpegio de seda de los sueños,
y las dunas que beben el carrusel de los días
cuando se escucha la garganta plástica del perfumador
salpicando perolas de nieve (donde se cocinan pesadillas)
me duelo entre el labio del corredor y el terco abrazo de los muebles
como si fuera la palabra impronunciable de tus tacones
que se ahonda en la alfombra del mito
o en esa bajada de escaleras mecánicas que vacía el alma
como si el metro se tratara de solamente huir
tu o yo, nosotros o ellos y otros pronombres que nos llamamos
y no hubiera paisaje que rectifique las gasificadas nubes de cemento,
estatuas extraídas de entre las palomas
y mecidas en los subterráneos por las caléndulas del azar.
Me duelo en esta piel
que empuja sus racimos ardientes de ira
hacia descuadrar el lápiz de cada poro que te escribe cartas de arrugas.
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