prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
Para volverme blanco
y ser la nieve del fracaso,
he prestado sueños de los cardúmenes de pirañas dormidas.
He borrado los ciegos que saben a hiedra, cancelando sus intestinos verdes,
blandos como las sabanas compartidas.
He incinerado grillos en el ayer de mis párpados.
No corras, tus pasos deletrean mi muerte
como gárgolas con voz de piedra dolida,
forman el puzzle de los golpes que he de recibir
tras cicatrizar los abrazos en la memoria.
A veces se me hincha el corazón como pan amasado en demasía,
como esponja de trigo que absorbe la inacabable tinta del hambre.
El sol tarda en amanecer, se acostumbra a esos latidos
con los que te olvido, que se vuelven campanas de un pueblo sin sangre enredada,
sin amor entre sus habitantes.
y ser la nieve del fracaso,
he prestado sueños de los cardúmenes de pirañas dormidas.
He borrado los ciegos que saben a hiedra, cancelando sus intestinos verdes,
blandos como las sabanas compartidas.
He incinerado grillos en el ayer de mis párpados.
No corras, tus pasos deletrean mi muerte
como gárgolas con voz de piedra dolida,
forman el puzzle de los golpes que he de recibir
tras cicatrizar los abrazos en la memoria.
A veces se me hincha el corazón como pan amasado en demasía,
como esponja de trigo que absorbe la inacabable tinta del hambre.
El sol tarda en amanecer, se acostumbra a esos latidos
con los que te olvido, que se vuelven campanas de un pueblo sin sangre enredada,
sin amor entre sus habitantes.