F. CABALLERO SÁNCHEZ
Poeta recién llegado
¡Ante los ojos de Dios…
todos somos iguales!
Cuento
En la puerta de una tienda
su dueño puso un letrero
que decía: «Se venden pájaros:
de colores, los jilgueros,
de amarillo, los canarios.
Se venden loros. Tenemos
bonitos perros y gatos,
hámsteres, patos, conejos»
Paseaban por la acera
del tal establecimiento
un jovencito muy rubio
de unos diez años, sospecho,
bien vestido y elegante
y que, sin duda, era nieto
de un señor con nobles canas
que parecía su abuelo
al que, cogida su mano,
algo le iba diciendo.
Y al cruzar frente a la puerta
de los pájaros, oyeron
algo… como los ladridos
de algún perrillo faldero
y, como es natural,
al oír, se detuvieron.
Quiso el chiquillo mirar
el color de los jilgueros
y, después, dijo al anciano:
- Estoy convencido abuelo
que lo que a mí más me gusta
son los perritos pequeños.
Los pájaros son bonitos
pero… ¡mucho más… los perros!
El dueño que está en la tienda
oye lo que está diciendo
y se apresura a decir:
-Pues también tenemos perros
¿tú quieres uno? -Señor –
-responde el niño al momento-
a mí ya me gustaría
pero no tengo dinero.
-Si quieres comprarte uno
¡cómpratelo! Yo sí tengo.
-le dice su acompañante
viendo el hechizo del nieto.
-¿Cuánto valen?- ya curioso
pregunta, el niño, al tendero
venciendo su timidez.
-Te enseñaré los que tengo
Entra el hombre en la trastienda
para traerle los perros;
y, con especial cuidado,
saca una caja con ellos:
y son cuatro los cachorros,
tres de color caramelo,
los que contiene la caja.
Bullen tres con mucho nervio
y el cuarto se mueve poco
y tiene distinto el pelo.
Pregunta el niño por éste
interesado en el precio.
El hombre dice que éste
no podrá nunca venderlo
porque el pobre sólo andaba
con tres de sus cuatro remos.
Escucha atento el muchacho
las circunstancias del perro
y al final, el niño insiste:
-Ahora, es el que más prefiero
y por eso se lo compro.
Y le responde el tendero:
-Nadie quiere un animal
que padezca algún defecto.
Si lo quieres, ¡para ti!,
¡te lo regalo ! -No debo
aceptar este regalo.
¡perdone, señor, no puedo!
-dice, prudente el chiquillo
mientras acaricia al perro,
y a continuación le añade:
- Éste también tiene precio,
como todos los demás.
Y para mí es ¡perfecto!
Y si usted me lo permite
ahora mismo me lo llevo
para que juegue conmigo
como mi gran compañero.
No quiero que el perro sufra
ningún injusto desprecio.
-¿Y tendrás toda la vida
un animal con defecto?
Por toda respuesta el niño
levanta sus ojos negros,
y mostrando esa sonrisa,
que brota del mismo cielo,
se levanta el pantalón
para enseñarle al tendero
lo que llevaba por pierna:
¡¡un aparato ortopédico!!
todos somos iguales!
Cuento
En la puerta de una tienda
su dueño puso un letrero
que decía: «Se venden pájaros:
de colores, los jilgueros,
de amarillo, los canarios.
Se venden loros. Tenemos
bonitos perros y gatos,
hámsteres, patos, conejos»
Paseaban por la acera
del tal establecimiento
un jovencito muy rubio
de unos diez años, sospecho,
bien vestido y elegante
y que, sin duda, era nieto
de un señor con nobles canas
que parecía su abuelo
al que, cogida su mano,
algo le iba diciendo.
Y al cruzar frente a la puerta
de los pájaros, oyeron
algo… como los ladridos
de algún perrillo faldero
y, como es natural,
al oír, se detuvieron.
Quiso el chiquillo mirar
el color de los jilgueros
y, después, dijo al anciano:
- Estoy convencido abuelo
que lo que a mí más me gusta
son los perritos pequeños.
Los pájaros son bonitos
pero… ¡mucho más… los perros!
El dueño que está en la tienda
oye lo que está diciendo
y se apresura a decir:
-Pues también tenemos perros
¿tú quieres uno? -Señor –
-responde el niño al momento-
a mí ya me gustaría
pero no tengo dinero.
-Si quieres comprarte uno
¡cómpratelo! Yo sí tengo.
-le dice su acompañante
viendo el hechizo del nieto.
-¿Cuánto valen?- ya curioso
pregunta, el niño, al tendero
venciendo su timidez.
-Te enseñaré los que tengo
Entra el hombre en la trastienda
para traerle los perros;
y, con especial cuidado,
saca una caja con ellos:
y son cuatro los cachorros,
tres de color caramelo,
los que contiene la caja.
Bullen tres con mucho nervio
y el cuarto se mueve poco
y tiene distinto el pelo.
Pregunta el niño por éste
interesado en el precio.
El hombre dice que éste
no podrá nunca venderlo
porque el pobre sólo andaba
con tres de sus cuatro remos.
Escucha atento el muchacho
las circunstancias del perro
y al final, el niño insiste:
-Ahora, es el que más prefiero
y por eso se lo compro.
Y le responde el tendero:
-Nadie quiere un animal
que padezca algún defecto.
Si lo quieres, ¡para ti!,
¡te lo regalo ! -No debo
aceptar este regalo.
¡perdone, señor, no puedo!
-dice, prudente el chiquillo
mientras acaricia al perro,
y a continuación le añade:
- Éste también tiene precio,
como todos los demás.
Y para mí es ¡perfecto!
Y si usted me lo permite
ahora mismo me lo llevo
para que juegue conmigo
como mi gran compañero.
No quiero que el perro sufra
ningún injusto desprecio.
-¿Y tendrás toda la vida
un animal con defecto?
Por toda respuesta el niño
levanta sus ojos negros,
y mostrando esa sonrisa,
que brota del mismo cielo,
se levanta el pantalón
para enseñarle al tendero
lo que llevaba por pierna:
¡¡un aparato ortopédico!!
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