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La paz de los campos

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LA PAZ DE LOS CAMPOS



La espesa soledad de los canchales

modela sombras insólitas

y amordaza el griterío de los grillos.



El solemne señorío del alcornoque

revestido por el tiempo y sus congojas

llorando sus lágrimas puntiagudas

de un verde solícito a falta de otras cosas.



Renovadas en la noche las estrellas

puede dar comienzo ya la temporada

de luciérnagas afrentosas y cigarras engalanadas.



Son las constelaciones inevitables

de las noches de verano que se arrastran

como pavoneadas colas sobre un horizonte ardido.



El lejano balido de una oveja es respondido

por el enguantado aullido del lobo solitario

que ha devorado los ecos.



Los áulicos meandros del riachuelo

trazan su más opulenta curva entre las rocas.

matando de amor y de envidia a la doncella

que tendió sus enaguas en los juncos.



Lloran los poleos sus aromas de gazpacho

y es el campo un alocado festival de flores muertas

reduciendose a la nada los recuerdos blanquiverdes

del peregrino de paso.

 
Última edición:
LA PAZ DE LOS CAMPOS



La espesa soledad de los canchales

modela sombras insólitas

y amordaza el griterío de los grillos.



El solemne señorío del alcornoque

revestido por el tiempo y sus congojas

llorando sus lágrimas puntiagudas

de un verde solícito a falta de otras cosas.



Renovadas en la noche las estrellas

puede dar comienzo ya la temporada

de luciérnagas afrentosas y cigarras engalanadas.



Son las constelaciones inevitables

de las noches de verano que se arrastran

como pavoneadas colas sobre un horizonte ardido.



El lejano balido de una oveja es respondido

por el enguantado aullido del lobo solitario

que ha devorado los ecos.



Los áulicos meandros del riachuelo

trazan su más opulenta curva entre las rocas.

matando de amor y de envidia a la doncella

que tendió sus enaguas en los juncos.



Lloran los poleos sus aromas de gazpacho

y es el campo un alocado festival de flores muertas

reduciendose a la nada los recuerdos blanquiverdes

del peregrino de paso.
Preciosa poesía con impactantes imágenes, un placer la lectura, abrazos cordiales, Alberto.
 
LA PAZ DE LOS CAMPOS



La espesa soledad de los canchales

modela sombras insólitas

y amordaza el griterío de los grillos.



El solemne señorío del alcornoque

revestido por el tiempo y sus congojas

llorando sus lágrimas puntiagudas

de un verde solícito a falta de otras cosas.



Renovadas en la noche las estrellas

puede dar comienzo ya la temporada

de luciérnagas afrentosas y cigarras engalanadas.



Son las constelaciones inevitables

de las noches de verano que se arrastran

como pavoneadas colas sobre un horizonte ardido.



El lejano balido de una oveja es respondido

por el enguantado aullido del lobo solitario

que ha devorado los ecos.



Los áulicos meandros del riachuelo

trazan su más opulenta curva entre las rocas.

matando de amor y de envidia a la doncella

que tendió sus enaguas en los juncos.



Lloran los poleos sus aromas de gazpacho

y es el campo un alocado festival de flores muertas

reduciendose a la nada los recuerdos blanquiverdes

del peregrino de paso.

Excelentes paisajes se nos muestran por este paseo surrealista por los campos, admirable tu arte querido amigo Miguel, un placer leer. Un abrazo y mis mejores deseos.
 
LA PAZ DE LOS CAMPOS



La espesa soledad de los canchales

modela sombras insólitas

y amordaza el griterío de los grillos.



El solemne señorío del alcornoque

revestido por el tiempo y sus congojas

llorando sus lágrimas puntiagudas

de un verde solícito a falta de otras cosas.



Renovadas en la noche las estrellas

puede dar comienzo ya la temporada

de luciérnagas afrentosas y cigarras engalanadas.



Son las constelaciones inevitables

de las noches de verano que se arrastran

como pavoneadas colas sobre un horizonte ardido.



El lejano balido de una oveja es respondido

por el enguantado aullido del lobo solitario

que ha devorado los ecos.



Los áulicos meandros del riachuelo

trazan su más opulenta curva entre las rocas.

matando de amor y de envidia a la doncella

que tendió sus enaguas en los juncos.



Lloran los poleos sus aromas de gazpacho

y es el campo un alocado festival de flores muertas

reduciendose a la nada los recuerdos blanquiverdes

del peregrino de paso.
Espléndida poesía con descripciones potentes. Un placer leerte. Saludos
 
LA PAZ DE LOS CAMPOS



La espesa soledad de los canchales

modela sombras insólitas

y amordaza el griterío de los grillos.



El solemne señorío del alcornoque

revestido por el tiempo y sus congojas

llorando sus lágrimas puntiagudas

de un verde solícito a falta de otras cosas.



Renovadas en la noche las estrellas

puede dar comienzo ya la temporada

de luciérnagas afrentosas y cigarras engalanadas.



Son las constelaciones inevitables

de las noches de verano que se arrastran

como pavoneadas colas sobre un horizonte ardido.



El lejano balido de una oveja es respondido

por el enguantado aullido del lobo solitario

que ha devorado los ecos.



Los áulicos meandros del riachuelo

trazan su más opulenta curva entre las rocas.

matando de amor y de envidia a la doncella

que tendió sus enaguas en los juncos.



Lloran los poleos sus aromas de gazpacho

y es el campo un alocado festival de flores muertas

reduciendose a la nada los recuerdos blanquiverdes

del peregrino de paso.
Maravilla de esplendor. Un gran placer leerlo.
 
LA PAZ DE LOS CAMPOS



La espesa soledad de los canchales

modela sombras insólitas

y amordaza el griterío de los grillos.



El solemne señorío del alcornoque

revestido por el tiempo y sus congojas

llorando sus lágrimas puntiagudas

de un verde solícito a falta de otras cosas.



Renovadas en la noche las estrellas

puede dar comienzo ya la temporada

de luciérnagas afrentosas y cigarras engalanadas.



Son las constelaciones inevitables

de las noches de verano que se arrastran

como pavoneadas colas sobre un horizonte ardido.



El lejano balido de una oveja es respondido

por el enguantado aullido del lobo solitario

que ha devorado los ecos.



Los áulicos meandros del riachuelo

trazan su más opulenta curva entre las rocas.

matando de amor y de envidia a la doncella

que tendió sus enaguas en los juncos.



Lloran los poleos sus aromas de gazpacho

y es el campo un alocado festival de flores muertas

reduciendose a la nada los recuerdos blanquiverdes

del peregrino de paso.



Fabuloso paisaje nos trazan tus letras, Miguel, es muy hermoso lienzo. Un saludo!
 
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