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Se golpeaba el pecho

Chema Ysmer

Poeta que considera el portal su segunda casa
Se golpeaba el pecho para reconocerse

un corazón no tan duro como otros imaginaban;

debajo de las costillas escondiendo

un desnudo latido sin homenajes,

sin analgésicos, sin nudos;

no era un simple barco

sin equipaje, a la deriva,

no era un resto fósil

lo que lograba removerlo.

Se alimentó de cenizas

como espectros en la noche;

humo en los camarotes,

en los espejos del baño,

en los cristales del hielo del gin-tonic

haciendo brechas.

Se golpeaba el pecho,

le imitaron otros en los vagones del metro,

en los supermercados, en los colegios;

todos se golpeaban el pecho.

Golpes de campanas, desde fuera a dentro,

funden interiores sin lujos ninguno.

No hay más que una silla,

es lo necesario;

todos son ventanas.

Se golpeaba el pecho.

Las paredes no existen.
 
Recuerdo la historia detrás de este poema y te comparto lo que leí sobre golpearse el pecho, que me imagino tú lo has de saber, "
Es un gesto penitencial y de humildad. Es uno de los gestos más populares al menos en cuanto a expresividad.
cathopic_1509647686253250-300x200.jpg


Así describe Jesús al publicano (Lc 18, 9-14). El fariseo oraba de pie: “no soy como los demás”… “En cambio el publicano no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: Oh Dios, ten compasión de mí, que soy un pecador”.

Cuando para el acto penitencial al inicio de nuestra Eucaristía elegimos la fórmula “Yo confieso”, utilizamos también nosotros el mismo gesto cuando a las palabras “por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa” nos golpeamos el pecho con la mano."

Bello poema nos regalas, como todo lo que tu fina pluma nos da.

Abrazos con olor a madrguada sin pecados que cofesar,
 
Recuerdo la historia detrás de este poema y te comparto lo que leí sobre golpearse el pecho, que me imagino tú lo has de saber, "
Es un gesto penitencial y de humildad. Es uno de los gestos más populares al menos en cuanto a expresividad.
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Así describe Jesús al publicano (Lc 18, 9-14). El fariseo oraba de pie: “no soy como los demás”… “En cambio el publicano no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: Oh Dios, ten compasión de mí, que soy un pecador”.

Cuando para el acto penitencial al inicio de nuestra Eucaristía elegimos la fórmula “Yo confieso”, utilizamos también nosotros el mismo gesto cuando a las palabras “por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa” nos golpeamos el pecho con la mano."

Bello poema nos regalas, como todo lo que tu fina pluma nos da.

Abrazos con olor a madrguada sin pecados que cofesar,
Creo que cuando se es feliz y es una felicidad compartida son pocos los pecados que se cometen. En cuanto a lo de golpearse el pecho, soy más de dar la mano y abrazar, de sacar hacia afuera todo el bien que podamos ofrecer a los demás. Besos y siempre más.
 
Se golpeaba el pecho para reconocerse

un corazón no tan duro como otros imaginaban;

debajo de las costillas escondiendo

un desnudo latido sin homenajes,

sin analgésicos, sin nudos;

no era un simple barco

sin equipaje, a la deriva,

no era un resto fósil

lo que lograba removerlo.

Se alimentó de cenizas

como espectros en la noche;

humo en los camarotes,

en los espejos del baño,

en los cristales del hielo del gin-tonic

haciendo brechas.

Se golpeaba el pecho,

le imitaron otros en los vagones del metro,

en los supermercados, en los colegios;

todos se golpeaban el pecho.

Golpes de campanas, desde fuera a dentro,

funden interiores sin lujos ninguno.

No hay más que una silla,

es lo necesario;

todos son ventanas.

Se golpeaba el pecho.

Las paredes no existen.
Cambiar y no reconocerse debe ser muy duro.
Un abrazo, Chema.
 
Última edición:
Se golpeaba el pecho para reconocerse

un corazón no tan duro como otros imaginaban;

debajo de las costillas escondiendo

un desnudo latido sin homenajes,

sin analgésicos, sin nudos;

no era un simple barco

sin equipaje, a la deriva,

no era un resto fósil

lo que lograba removerlo.

Se alimentó de cenizas

como espectros en la noche;

humo en los camarotes,

en los espejos del baño,

en los cristales del hielo del gin-tonic

haciendo brechas.

Se golpeaba el pecho,

le imitaron otros en los vagones del metro,

en los supermercados, en los colegios;

todos se golpeaban el pecho.

Golpes de campanas, desde fuera a dentro,

funden interiores sin lujos ninguno.

No hay más que una silla,

es lo necesario;

todos son ventanas.

Se golpeaba el pecho.

Las paredes no existen.
Compartir la felicidad de uno mismo y asentir asi que el hechizo de la entrega
abre la silla donde discurren esas tonalidad que son verdad de vida.
me ha gustado mucho. saludos de luzyabsenta
 
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