Antares
Poeta adicto al portal
Un día como otro cualquiera
sin saber cómo ni cuando,
en el jardín de mi casa
una brujita terminó aterrizando.
¡Qué golpe se dio en la cabeza!
En el suelo se quedó clavada.
Las medias y lo zapatos
eran lo único que asomaban.
- ¿Qué hacemos, la ayudamos?
Puede ser que sea malvada.
- Esperemos que con su escoba
haga conjuros y magia.
- Seguro que es muy lista
y sale de la encrucijada.
Rayos, centellas saltaron
de la tierra a la arbolada.
Y de repente sonriente y sucia
salió la brujita encantada.
Sacudió toda la tierra
que en su vestido llevaba.
Se acercó despacio a la fuente
para lavarse la cara.
- ¡Hola niños, soy Rufina!
La bruja buena que canta.
¿Sabéis lo que ha sucedido?
Yo no me acuerdo de nada.
Quizás fue la tormenta
o la lluvia que a mi escoba mojara.
¡Ah! Parece que ya recuerdo
a dónde mi escoba viajaba.
Iba a conocer a unos niños
que de lejos me llamaban:
- ¡Rufina, Rufina ven pronto!
Queremos oír como cantas.
Y así se quedaron contentos
los niños en el jardín de su casa.
Oyendo cantar a la bruja
mientras la traviesa escoba bailaba.