El regreso de Alfonsina
Poeta que considera el portal su segunda casa
No me imagines.
Hay de todo en mi país, soy habitante
de suburbios clandestinos,
de monótonas ciudades.
Tengo pueblos que perdidos
son fantasmas del ayer, ninguna parte,
y callejones proscritos
donde los besos de oxígeno
se prohibieron porque sí; ya no hay amantes.
No me imagines.
Puedo ser un árbol fresco,
un banco al filo
de un rosal superviviente en algún parque;
una fuente, simple fuente que es alivio
para un mundo que agotado se cree frágil.
Tengo alientos de un anciano que pacífico
en palomas reposó sus soledades,
y unas migas que quedaron porque un niño
se empeñó en hacer volar el dulce trance.
Un deseo peregrino,
un "quizá" que en la victoria puede alzarse,
un "mañana es otro día, hoy no es el mío",
un mendigo,
una Torre de Babel de opaco esmalte.
Tengo ausentes, tengo anónimos vecinos
de sonrisa encarcelada en su faz lábil,
ascensores de bajada,
tengo pisos,
que amotinan a sus gentes como enjambres.
Ante un feudo de oligárquicos castillos
hay pancartas de protesta en mi linaje;
tengo hambre, tengo miedo, tengo frío,
y una mano por detrás y otra delante.
No me imagines,
imagínate conmigo.
Queda todo en mi país para yo darte.
Última edición: