Javier Alánzuri
Poeta que considera el portal su segunda casa
La Banda Municipal
actuaba ayer en la plaza
y, con mis papás, los vimos
tomando algo en la terraza.
Qué guapetones estaban
con su traje azul marino,
con las camisas tan blancas
y corbatas color vino.
Encima del quiosco actuaron
y nos miraban de frente,
pero uno con un palito
daba la espalda a la gente.
Siempre levantado estaba
mientras los demás sentados,
y cuando el brazo bajaba
le miraban asustados.
Movía mucho el palito,
daba miedo ese señor,
pero pronto mamá dijo…
“ese hombre es el director
y no digas más palito
que alguno habrá que discuta;
a lo que tiene en su mano
hay que llamarle batuta”.
Y lo más raro de todo
fue cuando ellos terminaron,
a los papás dí en el codo
y entonces también miraron.
Ese hombre hacía flexiones
y pensé… “no es el momento”,
pero daban ovaciones
a semejante tormento.
Enseguida me explicaron
que ese extraño movimiento
era en agradecimiento
a los que tanto aplaudían.
Y los demás le imitaron
y felices parecían
porque mientras recogían
lanzaban risas al viento.
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