lover
Poeta adicto al portal
AHORA
Nosotros, los hombres
ciegos y empeñados,
ávidos esclavos de los egos
más enfermos que mezquinos,
hartos de subordinación moral
sin fe o por ignorancia,
defraudamos lo sagrado
nos entregamos a la locura.
Hoy, este día.
Ayer, ¡Sí! Ayer,
como una avalancha sin sentido
atrevimos a desnudar los credos
y liberar ataduras de la mente,
codiciosos
tomamos la lampara sin respeto,
inclementes rompimos su luz
esa, que por un infinito
guiaba nuestra ventura,
mostrando la existencia
más allá se ser morales,
y en lo profundo, humanos.
Hordas implacables
todas, hundidas en su avaricia,
armadas con sus miedos
promulgan para ellos, ¡su justicia!
ley blasfema, sucia he impía,
condenando existencia a la muerte.
No existe Dios, promulgaban al tiempo
sin saber que con el,
también morían los sueños
el ser, la esperanza,
lo poco de amor y sus credos.
Todos
blasfemaron el sello y su pacto,
una vez sagrado entre hombre y deidad
ahogando su sangre,
blandiendo con gozo su caída.
Ahora, ¡Solos!
hambrientos quedamos de cruz y fe,
domino la mezquindad del hombre,
el valor lo tuvo la mentira
que honro al malvado,
dando de su garganta infame
la verdad a medios cobardes.
Imbécil, adoramos
creer que el poder y tener, era todo
adoramos
la hipocresía, la rutina y la falsa sotana,
lo noble que termino siendo mundano,
imbécil, adoramos
un símbolo que nos robaba la vida
comprando algo que no se necesitaba.
imbécil, adoramos a quien nos vendía
ignorando que ese contrato
incluía tierras, banderas y destino.
Nos bebimos el mar
fumamos los cielos
fornicamos a afrodita y la abandonamos,
allí sin miedo y sin piedad
negamos lo que nos hacía humanos.
Este, “hombre nuevo”
por inmaduro he ignorante
pensó dominar lo efímero y terrestre
olvidando el edén
aquella escrita promesa,
que quizás siendo irreal
era la lampara que nos mantenía unidos.
Ahora, todo, solo ha muerto.
Si, matamos al Dios
nosotros, los asesinos de todos los asesinos,
apagamos su luz, por nuestro cuchillo
manchamos de su sangre nuestras manos
sangre que según, era para lavar los pecados.
Hipócritas, a quien engañamos,
Si en algunos corazones jamás existió.
¿Dónde estabas cuando al Dios matamos?
¿Ahora quién representa esa guía?
¡Falsa, simbólica o verdadera!
Sencillo, ahora. ¿Dónde colgamos esa fe?
Ahora….
¿A dónde vamos?
Nosotros, los hombres
ciegos y empeñados,
ávidos esclavos de los egos
más enfermos que mezquinos,
hartos de subordinación moral
sin fe o por ignorancia,
defraudamos lo sagrado
nos entregamos a la locura.
Hoy, este día.
Ayer, ¡Sí! Ayer,
como una avalancha sin sentido
atrevimos a desnudar los credos
y liberar ataduras de la mente,
codiciosos
tomamos la lampara sin respeto,
inclementes rompimos su luz
esa, que por un infinito
guiaba nuestra ventura,
mostrando la existencia
más allá se ser morales,
y en lo profundo, humanos.
Hordas implacables
todas, hundidas en su avaricia,
armadas con sus miedos
promulgan para ellos, ¡su justicia!
ley blasfema, sucia he impía,
condenando existencia a la muerte.
No existe Dios, promulgaban al tiempo
sin saber que con el,
también morían los sueños
el ser, la esperanza,
lo poco de amor y sus credos.
Todos
blasfemaron el sello y su pacto,
una vez sagrado entre hombre y deidad
ahogando su sangre,
blandiendo con gozo su caída.
Ahora, ¡Solos!
hambrientos quedamos de cruz y fe,
domino la mezquindad del hombre,
el valor lo tuvo la mentira
que honro al malvado,
dando de su garganta infame
la verdad a medios cobardes.
Imbécil, adoramos
creer que el poder y tener, era todo
adoramos
la hipocresía, la rutina y la falsa sotana,
lo noble que termino siendo mundano,
imbécil, adoramos
un símbolo que nos robaba la vida
comprando algo que no se necesitaba.
imbécil, adoramos a quien nos vendía
ignorando que ese contrato
incluía tierras, banderas y destino.
Nos bebimos el mar
fumamos los cielos
fornicamos a afrodita y la abandonamos,
allí sin miedo y sin piedad
negamos lo que nos hacía humanos.
Este, “hombre nuevo”
por inmaduro he ignorante
pensó dominar lo efímero y terrestre
olvidando el edén
aquella escrita promesa,
que quizás siendo irreal
era la lampara que nos mantenía unidos.
Ahora, todo, solo ha muerto.
Si, matamos al Dios
nosotros, los asesinos de todos los asesinos,
apagamos su luz, por nuestro cuchillo
manchamos de su sangre nuestras manos
sangre que según, era para lavar los pecados.
Hipócritas, a quien engañamos,
Si en algunos corazones jamás existió.
¿Dónde estabas cuando al Dios matamos?
¿Ahora quién representa esa guía?
¡Falsa, simbólica o verdadera!
Sencillo, ahora. ¿Dónde colgamos esa fe?
Ahora….
¿A dónde vamos?