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Extrañísimo reloj

Cuentista

Silencio, un cuento.


EXTRAÑÍSIMO RELOJ



Se amontona el aroma del cromado candelabro,
valgo a olerlo desde aquí, reposado en mi crónico camastro.
Marchan tardas cual en fúnebre desfile las tonadas campanadas
¡Exactísimo reloj!


Doce calmas silenciosas se custodian el tilín de los repiques
y armoniosa baila huérfana la péndola, logro a oírla desde aquí,
vira muerte el minutero ¡sus saetas hacia mí!
Y al gruñir los doce toques se detiene las agujas
sentenciándome sus voces al unísono malévolo
¡Extrañísimo reloj!


Han doblado, cortesanas, doce viudas tremebundas
presumiendo su cortejo desde el tétrico ataúd, y asomadas
contonean en puntillas sobre oscura aparición,
mandatarias de la parca, se engalanan tapizadas de osamenta
invocando a la guadaña del magnánimo reloj
a este lecho en hedor agonizante.


Revolviéndome en el catre y, destemplado entre espasmos sudorosos,
ciego mis ojos que miran a la muerte
cuales cuencas baldías se muestran desde aquí,
una más amplia que la otra.


“Cuentista”.
 
Había algo que percibí y encontré la respuesta, cuando leí las dos partes, la de Usted y Doce viudas de Irene. Creo que lograron algo digno de reconocer, algo bueno y que he disfrutado la lectura. Un abrazo
Sí exacto, es una reducción del poema "Doce viudas" donde se explica la autoría de cada uno y su consentimiento a la hora de publicar, en este caso la mía y la de Irene (mi esposa)
 
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