Cuentista
Silencio, un cuento.
EXTRAÑÍSIMO RELOJ
Se amontona el aroma del cromado candelabro,
valgo a olerlo desde aquí, reposado en mi crónico camastro.
Marchan tardas cual en fúnebre desfile las tonadas campanadas
¡Exactísimo reloj!
Doce calmas silenciosas se custodian el tilín de los repiques
y armoniosa baila huérfana la péndola, logro a oírla desde aquí,
vira muerte el minutero ¡sus saetas hacia mí!
Y al gruñir los doce toques se detiene las agujas
sentenciándome sus voces al unísono malévolo
¡Extrañísimo reloj!
Han doblado, cortesanas, doce viudas tremebundas
presumiendo su cortejo desde el tétrico ataúd, y asomadas
contonean en puntillas sobre oscura aparición,
mandatarias de la parca, se engalanan tapizadas de osamenta
invocando a la guadaña del magnánimo reloj
a este lecho en hedor agonizante.
Revolviéndome en el catre y, destemplado entre espasmos sudorosos,
ciego mis ojos que miran a la muerte
cuales cuencas baldías se muestran desde aquí,
una más amplia que la otra.
“Cuentista”.