kalkbadan
Poeta que considera el portal su segunda casa
VACÍO
Cuentan, Mateo, que un fotón anciano
le dijo a uno joven:
esa falda de estrellas que te cubre
no tiene nada que ver con el ámbar de mi vacío.
Y tenía razón, ¡cuánta razón!,
aquel primitivo golpe de luz.
Las migas desgranadas por la madre
de todos los vacíos
nos trajeron consigo la argamasa
del eterno misterio…
Y a nosotros, papá, ¿qué luz nos cubre?
Nuestra luz, hijo mío,
no tiene la nobleza ni el relumbre
de aquella luz primogénita del vacío,
ni atesora los fastos de la luz peinada
por un cataclismo estelar,
somos —sencillamente— la luz que nació
del último suspiro de una célula.
Tú, Mateo, de una ardilla traviesa
con su miedo valiente repleto de sueños,
yo, de un ciervo con piel de pino rojo
que cruzaba los pastos queriendo volar,
Bea, de la luz de un gato que allá sobre las tejas de Madrid
tatuaba las constelaciones en sus pupilas,
y la luz de Lena nació del destello final,
púrpura y libre, de una golondrina.
Y así, con esta luz que nos ha tocado
el misterio de la vida
nos acompañará ya para siempre.
Sentir la esencia de la vida es duro
por la tragedia que atesora su belleza.
Saber que todo es nada
en este vacío que nunca se llena
es terrible y maravilloso.
Pero, papá, ¡el vacío es peligroso!
¡Al contrario, Mateo!, es la materia
la que al final acabará con nosotros.
De hecho, la tierra se fue al carajo
por rellenar con escombro todo su vacío
(y Lena, que parecía estar a otra cosa,
murmuró: vacío de vacío…).
¡Así es!, vacíos pobres que fueron llenados de vacío
por vacíos sin alma empachados de codicia.
El problema era la cantidad de vacíos
engañados por pantallas
que fueron colocadas en sus manos.
Les repetían sin cesar
que el vacío era perverso y revolucionario
y que el sentimiento era una pérdida de tiempo,
y los vacíos se dejaron llevar, y así les fue.
A la mierda, ¡todo se fue a la mierda
por esa panda de hijos de puta!
Haz el favor de no usar palabrotas
que después se las sueltan a los neutrinos.
Pero si los neutrinos no se enteran de nada, Bea…
¿Cómo que no se enteran?,
me recuerdas a esos primates tecnológicos,
cuando tiraban a las cabras del campanario
o cuando decían aquello de que los toros
no sentían los puñales en el bulbo de su cuello.
Vale, tienes razón. Los neutrinos no tienen la culpa de nada.
Pero allá en el valle de mi onda seguía resonando
¡vaya panda de hijos de puta!
Ahora, papá, tengo miedo a la materia.
Bueno…, es cierto que la materia
nos condena a un final,
pero no olvides nunca que esa misma materia nos dio
parte de su corteza de vida (incluso a veces toda)
para otorgarnos la existencia y así poder estar
todos juntos aquí y ahora.
Se trata de un ciclo caótico y brutal
de extrema precisión.
Es una esfera de luz universal que rueda
por una lunática teselación de Escher
y que se precipita para precipitarse de nuevo
una y otra vez —y a cada instante— en este abismo
azul casi negro.
Y todo esto ocurre bajo la atenta mirada
del vacío, llámalo Dios, llámalo masa madre
de este frenético origami de luces
que no cesa.
Todo esto que me cuentas está muy bien, papá,
pero no me convence para nada la materia,
¿qué pasaría si chocáramos contra un meteorito?,
¿o si nos tragase un agujero de esos
de los que hablas con mamá a escondidas en la cocina
mientras juego con Lena a cazar neutrinos?
Eso no pasará ahora,
tenemos todo este vacío para nosotros.
¿Pero y si pasa? ¿Qué pasa si pasa?
Joder, Mateo, parece que vienes
de la misma luz de mi ciervo…
Olvídate de la materia y de sus cuencos.
Este paisaje ante ti no es un vacío cualquiera,
es un vacío repleto de eróticas medusas
que danzan agarradas por sus puntas.
Están ahí sin estar, son recuerdos de materia.
Están ahí para que tú las contemples.
El vacío lo llenas tú con tu existencia.
Sentirse feliz y triste ante el vacío no es fácil, papá.
Y Bea irrumpe ante el brillo estremecido de mi duda.
Vacío y materia son las caras de una misma moneda.
Mateo, el vacío debe llenarse
pero como una noria que carga sus cangilones
con la poesía del mundo
para después verter sus versos, de nuevo, al vacío.
(Y Lena, que parecía ausente, toma la palabra:
todo lo que desaparece, reaparece en la otra orilla).
Efectivamente: tras el concierto del cantautor, el vacío,
tras el recital del poeta, el vacío,
tras una tarde de carcajada feliz, el vacío,
tras un «encantado de haberte conocido», el vacío,
tras contemplar las cenizas de un padre
haciendo trenzas sobre las olas, el vacío.
El movimiento es el motor de la vida
y no hay noria en movimiento sin vacío.
Papá, no entiendo nada…
Ni yo..., solo sé que el vacío tiene que ver
con esa torpe y admirable insistencia
de querer Ser, no ser nada, tan solo Ser…
En esa perseverancia presiento
que se encuentra la clave de nuestra existencia.
Usad el vacío para echar un pulso de alma y luz
a la sombra de vuestro tiempo.
¡Mirad allá, chicos, unos neutrinos!
Id a su encuentro y después nos contáis.
Y aprovechando este instante de gloria
nuestras ondas se entrelazan acariciando sus senos
y el universo entero parece detener su maquinaria
ante nuestro efímero
pálpito de luz.
Kalkbadan
En Madrid, a 24 de noviembre 2019
Cuentan, Mateo, que un fotón anciano
le dijo a uno joven:
esa falda de estrellas que te cubre
no tiene nada que ver con el ámbar de mi vacío.
Y tenía razón, ¡cuánta razón!,
aquel primitivo golpe de luz.
Las migas desgranadas por la madre
de todos los vacíos
nos trajeron consigo la argamasa
del eterno misterio…
Y a nosotros, papá, ¿qué luz nos cubre?
Nuestra luz, hijo mío,
no tiene la nobleza ni el relumbre
de aquella luz primogénita del vacío,
ni atesora los fastos de la luz peinada
por un cataclismo estelar,
somos —sencillamente— la luz que nació
del último suspiro de una célula.
Tú, Mateo, de una ardilla traviesa
con su miedo valiente repleto de sueños,
yo, de un ciervo con piel de pino rojo
que cruzaba los pastos queriendo volar,
Bea, de la luz de un gato que allá sobre las tejas de Madrid
tatuaba las constelaciones en sus pupilas,
y la luz de Lena nació del destello final,
púrpura y libre, de una golondrina.
Y así, con esta luz que nos ha tocado
el misterio de la vida
nos acompañará ya para siempre.
Sentir la esencia de la vida es duro
por la tragedia que atesora su belleza.
Saber que todo es nada
en este vacío que nunca se llena
es terrible y maravilloso.
Pero, papá, ¡el vacío es peligroso!
¡Al contrario, Mateo!, es la materia
la que al final acabará con nosotros.
De hecho, la tierra se fue al carajo
por rellenar con escombro todo su vacío
(y Lena, que parecía estar a otra cosa,
murmuró: vacío de vacío…).
¡Así es!, vacíos pobres que fueron llenados de vacío
por vacíos sin alma empachados de codicia.
El problema era la cantidad de vacíos
engañados por pantallas
que fueron colocadas en sus manos.
Les repetían sin cesar
que el vacío era perverso y revolucionario
y que el sentimiento era una pérdida de tiempo,
y los vacíos se dejaron llevar, y así les fue.
A la mierda, ¡todo se fue a la mierda
por esa panda de hijos de puta!
Haz el favor de no usar palabrotas
que después se las sueltan a los neutrinos.
Pero si los neutrinos no se enteran de nada, Bea…
¿Cómo que no se enteran?,
me recuerdas a esos primates tecnológicos,
cuando tiraban a las cabras del campanario
o cuando decían aquello de que los toros
no sentían los puñales en el bulbo de su cuello.
Vale, tienes razón. Los neutrinos no tienen la culpa de nada.
Pero allá en el valle de mi onda seguía resonando
¡vaya panda de hijos de puta!
Ahora, papá, tengo miedo a la materia.
Bueno…, es cierto que la materia
nos condena a un final,
pero no olvides nunca que esa misma materia nos dio
parte de su corteza de vida (incluso a veces toda)
para otorgarnos la existencia y así poder estar
todos juntos aquí y ahora.
Se trata de un ciclo caótico y brutal
de extrema precisión.
Es una esfera de luz universal que rueda
por una lunática teselación de Escher
y que se precipita para precipitarse de nuevo
una y otra vez —y a cada instante— en este abismo
azul casi negro.
Y todo esto ocurre bajo la atenta mirada
del vacío, llámalo Dios, llámalo masa madre
de este frenético origami de luces
que no cesa.
Todo esto que me cuentas está muy bien, papá,
pero no me convence para nada la materia,
¿qué pasaría si chocáramos contra un meteorito?,
¿o si nos tragase un agujero de esos
de los que hablas con mamá a escondidas en la cocina
mientras juego con Lena a cazar neutrinos?
Eso no pasará ahora,
tenemos todo este vacío para nosotros.
¿Pero y si pasa? ¿Qué pasa si pasa?
Joder, Mateo, parece que vienes
de la misma luz de mi ciervo…
Olvídate de la materia y de sus cuencos.
Este paisaje ante ti no es un vacío cualquiera,
es un vacío repleto de eróticas medusas
que danzan agarradas por sus puntas.
Están ahí sin estar, son recuerdos de materia.
Están ahí para que tú las contemples.
El vacío lo llenas tú con tu existencia.
Sentirse feliz y triste ante el vacío no es fácil, papá.
Y Bea irrumpe ante el brillo estremecido de mi duda.
Vacío y materia son las caras de una misma moneda.
Mateo, el vacío debe llenarse
pero como una noria que carga sus cangilones
con la poesía del mundo
para después verter sus versos, de nuevo, al vacío.
(Y Lena, que parecía ausente, toma la palabra:
todo lo que desaparece, reaparece en la otra orilla).
Efectivamente: tras el concierto del cantautor, el vacío,
tras el recital del poeta, el vacío,
tras una tarde de carcajada feliz, el vacío,
tras un «encantado de haberte conocido», el vacío,
tras contemplar las cenizas de un padre
haciendo trenzas sobre las olas, el vacío.
El movimiento es el motor de la vida
y no hay noria en movimiento sin vacío.
Papá, no entiendo nada…
Ni yo..., solo sé que el vacío tiene que ver
con esa torpe y admirable insistencia
de querer Ser, no ser nada, tan solo Ser…
En esa perseverancia presiento
que se encuentra la clave de nuestra existencia.
Usad el vacío para echar un pulso de alma y luz
a la sombra de vuestro tiempo.
¡Mirad allá, chicos, unos neutrinos!
Id a su encuentro y después nos contáis.
Y aprovechando este instante de gloria
nuestras ondas se entrelazan acariciando sus senos
y el universo entero parece detener su maquinaria
ante nuestro efímero
pálpito de luz.
Kalkbadan
En Madrid, a 24 de noviembre 2019
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