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Partícula

Khar Asbeel

Poeta fiel al portal
Sobre el asfalto disperso mi sangre sucia


de humanidad y de humo


despreciando a los que visten de carne


y mascullan palabras huecas


perdidos en pequeños horizontes de brillo angular


y no parecen recordar que hay caducidad


para piel, para plástico, para ojos, para juegos.


Marchan orgullosos de no ver nada,


intentando llenar los huecos


que engrandecen con argucias


de espejos frágiles y sonrientes


que siempre gritan: “¡Dame, dame!”


hasta volverse espejismos tornasoles


que no resisten el embate de la más escueta brisa


pues son pájaros de ceniza girando sobre el agua


que trenzan sus siluetas en fantasmales falacias.


Y ahora yo las maldigo, sombras trémulas de hambre atenazada,


con mi sangre, con mi odio, con mi vida, con mi muerte,


para invocar el cataclismo prometido


que lavara la faz ultrajada de este mundo enfermo


y emplazar el concilio de los ángeles


que escanciaran el furor de las siete copas


hasta portear el viento último,


almenara feroz de divina depuración


que disgregara las sombras, los espejos y los embustes


y al final nuestra historia y ansiedades serán nada


como la sangre que torne en imprecación y testamento


recordando que soy –somos- una partícula desvanecida


en un desierto inmenso, helado y anochecido.


i

 
Sobre el asfalto disperso mi sangre sucia


de humanidad y de humo


despreciando a los que visten de carne


y mascullan palabras huecas


perdidos en pequeños horizontes de brillo angular


y no parecen recordar que hay caducidad


para piel, para plástico, para ojos, para juegos.


Marchan orgullosos de no ver nada,


intentando llenar los huecos


que engrandecen con argucias


de espejos frágiles y sonrientes


que siempre gritan: “¡Dame, dame!”


hasta volverse espejismos tornasoles


que no resisten el embate de la más escueta brisa


pues son pájaros de ceniza girando sobre el agua


que trenzan sus siluetas en fantasmales falacias.


Y ahora yo las maldigo, sombras trémulas de hambre atenazada,


con mi sangre, con mi odio, con mi vida, con mi muerte,


para invocar el cataclismo prometido


que lavara la faz ultrajada de este mundo enfermo


y emplazar el concilio de los ángeles


que escanciaran el furor de las siete copas


hasta portear el viento último,


almenara feroz de divina depuración


que disgregara las sombras, los espejos y los embustes


y al final nuestra historia y ansiedades serán nada


como la sangre que torne en imprecación y testamento


recordando que soy –somos- una partícula desvanecida


en un desierto inmenso, helado y anochecido.


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Crear esos espacios en una escenografia de selva prendida en la inquietus. un drenaje
maximo para descubrir que los anhelosse pierden entre la nostalgia y el devenir.
excelente. saludos amables de luzyabsenta
 
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