Angel Alvarez
Poeta recién llegado
Me levantaré …
una última vez.
Aferraré con fuerza
de nuevo la espada,
…
una última vez.
Invocan ahora
la cruz roja
sobre el fondo blanco,
después de tantos años.
Viejo y cansado,
mi cuerpo magullado,
mi mente rota,
mi alma … ni siente ni padece ni llora.
La espada de doble filo
espera paciente
que la desenvaine.
El acero, impasible, frío como el hielo.
Tanto tiempo callada
ya puede gritar sin piedad,
herir lo más profundo de los corazones
Despierta, desata mi lengua
invoca la venganza
tanto tiempo aletargada
entre las sombras.
A oscuras y en tinieblas
probaremos el sabor de la justicia,
el olor de la santidad,
el tacto suave de la belleza ciega.
Ciegos y sordos …
que veis sin ver
y oís sin oir …
No seréis rival,
nunca lo habéis sido,
y nunca lo seréis.
Podéis llevaros vuestras babas del infierno
al pútrido lugar del que procedéis.
Ángel Álvarez
una última vez.
Aferraré con fuerza
de nuevo la espada,
…
una última vez.
Invocan ahora
la cruz roja
sobre el fondo blanco,
después de tantos años.
Viejo y cansado,
mi cuerpo magullado,
mi mente rota,
mi alma … ni siente ni padece ni llora.
La espada de doble filo
espera paciente
que la desenvaine.
El acero, impasible, frío como el hielo.
Tanto tiempo callada
ya puede gritar sin piedad,
herir lo más profundo de los corazones
Despierta, desata mi lengua
invoca la venganza
tanto tiempo aletargada
entre las sombras.
A oscuras y en tinieblas
probaremos el sabor de la justicia,
el olor de la santidad,
el tacto suave de la belleza ciega.
Ciegos y sordos …
que veis sin ver
y oís sin oir …
No seréis rival,
nunca lo habéis sido,
y nunca lo seréis.
Podéis llevaros vuestras babas del infierno
al pútrido lugar del que procedéis.
Ángel Álvarez