• MundoPoesía se ha renovado! Nuevo diseño y nuevas funciones. Ver cambios

El zaque

Eratalia

Con rimas y a lo loco
odre.jpg


Fuera llovía. Una lluvia incesante, monótona, rítmica... aburrida, en suma. Estaba encima de mi cama, un libro sobre mi regazo, la espalda apoyada en la almohada, una taza de exquisito té blanco en la mesilla.
La música de Evanescence sonando suave y acompasada a un volumen muy bajo, era el telón de fondo de una sosegada tarde de domingo, ideal para dedicarla a las ensoñaciones más placenteras que pudiera imaginar.

Hacía ya mucho rato que no pasaba las páginas, olvidándome de leer, puesto que andaba sumergida en mí misma y en mi propia imaginación, más rica que el más rico de los libros que escribirse puedan.

Algo llamó mi atención y me sacó de mi mundo interior para devolverme a la realidad, me levanté cansinamente, venciendo la abulia por la que voluntariamente me había dejado abrazar y me dirigí a la ventana. La abrí. Sobre el alféizar hallé un pequeño envoltorio que había sido el causante del ruido. Lo examiné con atención antes de decidirme a desenvolverlo, a lo que procedí con cautela y parsimonia, recelosa de lo que pudiese encontrar en su interior.
Finalmente lo hice y encontré dentro una piedra pequeña, vulgar y sencilla.

Sorprendida y desencantada, estaba a punto de devolverla al abismo, a la vez que oteaba desde allí arriba, con la esperanza de saber quién podía haber sido el responsable de tal lanzamiento, pero entre la pertinaz lluvia y la considerable altura a la que se encontraba mi ventana, la escasa gente que transitaba la calle se veía disminuida y lejana.

Antes de dejarla caer, reparé en un detalle que me había pasado desapercibido y me detuve. Apartando el guijarro, que dejé a un lado, observé el envoltorio, lo estiré y vi sobre la sucia y arrugada superficie algo que se asemejaba a un zaque, un odre pequeño, toscamente dibujado.

Lo estudié con detenimiento durante largo rato. Había algo en él que me resultaba familiar, quizás los colores, chillones y variados me evocaban algo, como un “déjà vu” que no podía ubicar en el tiempo ni en el espacio.

Como impelida por un resorte, abandoné mi lasitud anterior y me dirigí escaleras arriba a la buhardilla, parecía que algo guiaba mis pasos, pues no sabía con claridad a dónde iba ni qué pensaba hacer, casi me parecía levitar, ni siquiera notaba el frío suelo, a pesar de que al bajar de la cama no había enfundado mis pies en las cálidas zapatillas y andaba descalza.

Entré decidida en la destartalada habitación, donde trastos y cachivaches se amontonaban por doquier sin orden ni concierto. Me dirigí sin dudar a una antigua caja situada en la balda más alta de una antiquísima y algo desvencijada estantería y, subiéndome a un escabel de astroso tapizado la agarré, tambaleándome y la coloqué rauda sobre el suelo.

Empecé, excitada, a vaciar su contenido: algún muñeco de papel maché, vagonetas que debieron pertenecer a un tren eléctrico, un engendro mecánico casi irreconocible y ... ¡un zaque!

Aunque yo hubiese jurado que jamás antes había tenido en mis manos ninguna de aquellas cosas que me parecían desconocidas, el pequeño y original zaque dibujado en el papel y que de manera misteriosa había impactado contra mi ventana estaba allí en realidad, existía, y, por razones desconocidas, alguien quería que lo rescatase del olvido.

Lo miré extasiada. Sus colores aparecían cambiantes pasando de la palidez al brillo más deslumbrante en cuestión de segundos. Me sentí como Aladino contemplando al genio de la lámpara, sin saber qué hacer ante aquel magnífico hallazgo. Por momentos el odre se volvió tan rutilante que me cegó haciendo desaparecer todo lo que me rodeaba.

Sólo el vacío, la oscuridad, la angustia.


Me incorporé de golpe, el libro cayó al suelo, el té frío languidecía en la mesilla, la lluvia había cesado... Miré el reloj intentando reubicarme, empezaba a oscurecer. Poco a poco recobré el sosiego, pero, antes de abandonar la habitación, eché una furtiva mirada al alféizar de la ventana para cerciorarme de que allí no hubiese ningún guijarro...
 
Qué cosa más bonita, Eratalia... Precioso texto. Qué bien escribes, compañera. Me encanta cómo nos llevas al encuentro con esos relicarios que custodian las piezas de nuestra vida. Objetos-recuerdo que esperan pacientes a recuperar la memoria de lo que fuimos.
¡Bravo! Saludos.
Que tú, precisamente, me digas que escribo bien, sabiendo de tu manejo de las letras... me halaga profundamente.
Muchas gracias por tan amable comentario.
Saludos cordiales.
 
Así que te quedaste dormida a la hora de la siesta y el libro se cayó al suelo, suerte que no te dio en la cocorota.
Menos mal que fue solo eso porque lo de la angustia y el vacío pintaba muy mal ;)

Me uno a los halagos del compañero Kalkbadan.

Abrazos
 
odre.jpg


Fuera llovía. Una lluvia incesante, monótona, rítmica... aburrida, en suma. Estaba encima de mi cama, un libro sobre mi regazo, la espalda apoyada en la almohada, una taza de exquisito té blanco en la mesilla.
La música de Evanescence sonando suave y acompasada a un volumen muy bajo, era el telón de fondo de una sosegada tarde de domingo, ideal para dedicarla a las ensoñaciones más placenteras que pudiera imaginar.

Hacía ya mucho rato que no pasaba las páginas, olvidándome de leer, puesto que andaba sumergida en mí misma y en mi propia imaginación, más rica que el más rico de los libros que escribirse puedan.

Algo llamó mi atención y me sacó de mi mundo interior para devolverme a la realidad, me levanté cansinamente, venciendo la abulia por la que voluntariamente me había dejado abrazar y me dirigí a la ventana. La abrí. Sobre el alféizar hallé un pequeño envoltorio que había sido el causante del ruido. Lo examiné con atención antes de decidirme a desenvolverlo, a lo que procedí con cautela y parsimonia, recelosa de lo que pudiese encontrar en su interior.
Finalmente lo hice y encontré dentro una piedra pequeña, vulgar y sencilla.

Sorprendida y desencantada, estaba a punto de devolverla al abismo, a la vez que oteaba desde allí arriba, con la esperanza de saber quién podía haber sido el responsable de tal lanzamiento, pero entre la pertinaz lluvia y la considerable altura a la que se encontraba mi ventana, la escasa gente que transitaba la calle se veía disminuida y lejana.

Antes de dejarla caer, reparé en un detalle que me había pasado desapercibido y me detuve. Apartando el guijarro, que dejé a un lado, observé el envoltorio, lo estiré y vi sobre la sucia y arrugada superficie algo que se asemejaba a un zaque, un odre pequeño, toscamente dibujado.

Lo estudié con detenimiento durante largo rato. Había algo en él que me resultaba familiar, quizás los colores, chillones y variados me evocaban algo, como un “déjà vu” que no podía ubicar en el tiempo ni en el espacio.

Como impelida por un resorte, abandoné mi lasitud anterior y me dirigí escaleras arriba a la buhardilla, parecía que algo guiaba mis pasos, pues no sabía con claridad a dónde iba ni qué pensaba hacer, casi me parecía levitar, ni siquiera notaba el frío suelo, a pesar de que al bajar de la cama no había enfundado mis pies en las cálidas zapatillas y andaba descalza.

Entré decidida en la destartalada habitación, donde trastos y cachivaches se amontonaban por doquier sin orden ni concierto. Me dirigí sin dudar a una antigua caja situada en la balda más alta de una antiquísima y algo desvencijada estantería y, subiéndome a un escabel de astroso tapizado la agarré, tambaleándome y la coloqué rauda sobre el suelo.

Empecé, excitada, a vaciar su contenido: algún muñeco de papel maché, vagonetas que debieron pertenecer a un tren eléctrico, un engendro mecánico casi irreconocible y ... ¡un zaque!

Aunque yo hubiese jurado que jamás antes había tenido en mis manos ninguna de aquellas cosas que me parecían desconocidas, el pequeño y original zaque dibujado en el papel y que de manera misteriosa había impactado contra mi ventana estaba allí en realidad, existía, y, por razones desconocidas, alguien quería que lo rescatase del olvido.

Lo miré extasiada. Sus colores aparecían cambiantes pasando de la palidez al brillo más deslumbrante en cuestión de segundos. Me sentí como Aladino contemplando al genio de la lámpara, sin saber qué hacer ante aquel magnífico hallazgo. Por momentos el odre se volvió tan rutilante que me cegó haciendo desaparecer todo lo que me rodeaba.

Sólo el vacío, la oscuridad, la angustia.


Me incorporé de golpe, el libro cayó al suelo, el té frío languidecía en la mesilla, la lluvia había cesado... Miré el reloj intentando reubicarme, empezaba a oscurecer. Poco a poco recobré el sosiego, pero, antes de abandonar la habitación, eché una furtiva mirada al alféizar de la ventana para cerciorarme de que allí no hubiese ningún guijarro...

Magnífico Eratalia, desde luego, apasionante, me supo a muy poco. Eres una excelente escritora, de eso no me cabe la menor duda y serás, si te lo propones, una maravillosa novelista. Haran fila para comprarte tus libros; sobretodo el misterio, la intriga...sabes que no exagero. Aquí has brillado, he disfrutado cada paso, cada momento, cada detalle. Espero más...
¡¡Felicidades!!
Un abrazo
Isabel
 
Última edición:
Así que te quedaste dormida a la hora de la siesta y el libro se cayó al suelo, suerte que no te dio en la cocorota.
Menos mal que fue solo eso porque lo de la angustia y el vacío pintaba muy mal ;)

Me uno a los halagos del compañero Kalkbadan.

Abrazos
No me pudo dar en la cocorota al caer al suelo porque entonces la que debía estar en el suelo durmiendo era yo, y prefiero la cama, y los libros no caen p'arriba, pues sin problema. Hay que ver, lo repelentosa que puedo llegar a ser. (Rima)
Me alegro de contar con tus comentarios.
Y los agradezco como se merecen.
Saludos cordiales.
 
Magnífico Eratalia, desde luego, apasionante, me supo a muy poco. Eres una excelente escritora, de eso no me cabe la menor duda y serás, si te lo propones, una maravillosa novelista. Haran fila para comprarte tus libros; sobretodo el misterio, la intriga...sabes que no exagero. Aquí has brillado, he disfrutado cada paso, cada momento, cada detalle. Espero más...
¡¡Felicidades!!
Un abrazo
Isabel
Ay, hijita, si fuera eso verdad ya me veo montada en el dolar, en las estanterías de la Casa del Libro, en los anaqueles de El Corte Inglés... El best seller del año, la revelación del siglo...
Uy, me acabo de despertar, como la protagonista...
Buaaaaa

De todos modos gracias por hacerme soñar.
Besitos.
 
Me incorporé de golpe, el libro cayó al suelo, el té frío languidecía en la mesilla, la lluvia había cesado.
Hay que tener cuidado con la lluvia y los recuerdos de la niñez que nunca nos abandonan, digo por el trencito. Muy tierno. No soy entendido en el asunto pero debería figurar en un libro de lectura para chicos de 9 o 10 años.
 
Mira que bien, has refrescado la memoria... Pero puse una imagen en la cabecera...
Gracias por pasar a leer.
Saludos cordiales.
Es que yo lo tenía por odre de lo cual, al parecer es sinónimo, por eso al ver la imagen la pasé por alto hasta el guijarro. No, si tengo que ver de nuevo a la oftalmóloga de la municipalidad. Mekachendié.
 
Mi querida Eratalia, "felicidades" muy, pero que muy merecido reconocimiento, es un verdadero placer volver a este relato.
Un enorme abrazo.
Isabel
Lo llamativo es que con solo tres lecturas... ¿quién sabía que existía esta prosa, si solo la leísteis Kalkbadan, Oncina y tú? Porque pone 182 visitas, pero a nadie, aparte de vosotros tres, la consideró lo suficientemente interesante como para dejar un comentario... Son cosas que no entiendo bien.
Además este relato es de hace tres meses.
Muchas gracias, incondicional amiga. Un beso.
 
Última edición:
Lo llamativo es que con solo tres lecturas... ¿quién sabía que existía esta prosa, si solo la leísteis Kalkbadan, Oncina y tú? Porque pone 182 visitas, pero a nadie, aparte de vosotros tres, la consideró lo suficientemente interesante como para dejar un comentario... Son cosas que no entiendo bien.
Además este relato es de hace tres meses.
Muchas gracias, incondicional amiga. Un beso.
Yo tampoco lo entiendo, la verdad, los relatos son poco comentados, por lo que parece, pero sin embargo son visitados e imagino que leídos. Este relato tuyo es todo eso que tan bien ha expresado kalkabaran.
En estas Mundo la poesia parece ser la protagonista, aunque tampoco garantizo que nos lean todos los que nos visitan.
Pero el mérito es tuyo por tu indiscutible valía.
Un beso,querida Eratalia.
Isabel
 
Última edición:
Un relato encantador, Era, donde nos conduces sabiamente detrás del vuelo de tu imaginacion frente al atractivo e insólito hallazgo. Felicitaciones por el justo reconocimiento y por la gran motivación de tu poesía interactiva que promueve a la escritura y al compañerismo .
Saludos afectuosos
 
Yo tampoco lo entiendo, la verdad, los relatos son poco comentados, por lo que parece, pero sin embargo son visitados e imagino que leídos. Este relato tuyo es todo eso que tan bien ha expresado kalkabaran.
En estas Mundo la poesia parece ser la protagonista, aunque tampoco garantizo que nos lean todos los que nos visitan.
Pero el mérito es tuyo por tu indiscutible valía.
Un beso,querida Eratalia.
Isabel
Pues te agradezco tus amables palabras...
Un beso.
 
Un relato encantador, Era, donde nos conduces sabiamente detrás del vuelo de tu imaginacion frente al atractivo e insólito hallazgo. Felicitaciones por el justo reconocimiento y por la gran motivación de tu poesía interactiva que promueve a la escritura y al compañerismo .
Saludos afectuosos
Muchas gracias, May, por tu comentario lleno de amabilidad.
Un saludo muy cordial.
 
odre.jpg


Fuera llovía. Una lluvia incesante, monótona, rítmica... aburrida, en suma. Estaba encima de mi cama, un libro sobre mi regazo, la espalda apoyada en la almohada, una taza de exquisito té blanco en la mesilla.
La música de Evanescence sonando suave y acompasada a un volumen muy bajo, era el telón de fondo de una sosegada tarde de domingo, ideal para dedicarla a las ensoñaciones más placenteras que pudiera imaginar.

Hacía ya mucho rato que no pasaba las páginas, olvidándome de leer, puesto que andaba sumergida en mí misma y en mi propia imaginación, más rica que el más rico de los libros que escribirse puedan.

Algo llamó mi atención y me sacó de mi mundo interior para devolverme a la realidad, me levanté cansinamente, venciendo la abulia por la que voluntariamente me había dejado abrazar y me dirigí a la ventana. La abrí. Sobre el alféizar hallé un pequeño envoltorio que había sido el causante del ruido. Lo examiné con atención antes de decidirme a desenvolverlo, a lo que procedí con cautela y parsimonia, recelosa de lo que pudiese encontrar en su interior.
Finalmente lo hice y encontré dentro una piedra pequeña, vulgar y sencilla.

Sorprendida y desencantada, estaba a punto de devolverla al abismo, a la vez que oteaba desde allí arriba, con la esperanza de saber quién podía haber sido el responsable de tal lanzamiento, pero entre la pertinaz lluvia y la considerable altura a la que se encontraba mi ventana, la escasa gente que transitaba la calle se veía disminuida y lejana.

Antes de dejarla caer, reparé en un detalle que me había pasado desapercibido y me detuve. Apartando el guijarro, que dejé a un lado, observé el envoltorio, lo estiré y vi sobre la sucia y arrugada superficie algo que se asemejaba a un zaque, un odre pequeño, toscamente dibujado.

Lo estudié con detenimiento durante largo rato. Había algo en él que me resultaba familiar, quizás los colores, chillones y variados me evocaban algo, como un “déjà vu” que no podía ubicar en el tiempo ni en el espacio.

Como impelida por un resorte, abandoné mi lasitud anterior y me dirigí escaleras arriba a la buhardilla, parecía que algo guiaba mis pasos, pues no sabía con claridad a dónde iba ni qué pensaba hacer, casi me parecía levitar, ni siquiera notaba el frío suelo, a pesar de que al bajar de la cama no había enfundado mis pies en las cálidas zapatillas y andaba descalza.

Entré decidida en la destartalada habitación, donde trastos y cachivaches se amontonaban por doquier sin orden ni concierto. Me dirigí sin dudar a una antigua caja situada en la balda más alta de una antiquísima y algo desvencijada estantería y, subiéndome a un escabel de astroso tapizado la agarré, tambaleándome y la coloqué rauda sobre el suelo.

Empecé, excitada, a vaciar su contenido: algún muñeco de papel maché, vagonetas que debieron pertenecer a un tren eléctrico, un engendro mecánico casi irreconocible y ... ¡un zaque!

Aunque yo hubiese jurado que jamás antes había tenido en mis manos ninguna de aquellas cosas que me parecían desconocidas, el pequeño y original zaque dibujado en el papel y que de manera misteriosa había impactado contra mi ventana estaba allí en realidad, existía, y, por razones desconocidas, alguien quería que lo rescatase del olvido.

Lo miré extasiada. Sus colores aparecían cambiantes pasando de la palidez al brillo más deslumbrante en cuestión de segundos. Me sentí como Aladino contemplando al genio de la lámpara, sin saber qué hacer ante aquel magnífico hallazgo. Por momentos el odre se volvió tan rutilante que me cegó haciendo desaparecer todo lo que me rodeaba.

Sólo el vacío, la oscuridad, la angustia.


Me incorporé de golpe, el libro cayó al suelo, el té frío languidecía en la mesilla, la lluvia había cesado... Miré el reloj intentando reubicarme, empezaba a oscurecer. Poco a poco recobré el sosiego, pero, antes de abandonar la habitación, eché una furtiva mirada al alféizar de la ventana para cerciorarme de que allí no hubiese ningún guijarro...
Ensoñacion magnifica y perseguido parpadeo en esa forma que siendo el odre
se establece un poder de ensimismacion. el sueño y las formas reales apropiandose
de ese vacio final que rompe el margen de esa sensibilidad plasmada. ir de los re-
cuerdos hacia una desnudes de magnificiencia. excelente. saludos de luzyabsenta
 
Ensoñacion magnifica y perseguido parpadeo en esa forma que siendo el odre
se establece un poder de ensimismacion. el sueño y las formas reales apropiandose
de ese vacio final que rompe el margen de esa sensibilidad plasmada. ir de los re-
cuerdos hacia una desnudes de magnificiencia. excelente. saludos de luzyabsenta
Tienes unos comentarios tan líricos que son pura prosa poética.
Gracias por pasar a leer.
Saludos amables.
 
Tienes unos comentarios tan líricos que son pura prosa poética.
Gracias por pasar a leer.
Saludos amables.

Eratalia
Muy agradecido por la cordialidad de tu respuesta. Hay obras y poetas que se merecen atenta
reflexion, lectura precisa yy sobre todo analisis, pienso que es el caso de esta obra, por ello releo de nuevo
para establecerme mejor en sus contenidos y disfrutar al maximo. saludos siempre amables de luzyabsenta
 
Lo miré extasiada. Sus colores aparecían cambiantes pasando de la palidez al brillo más deslumbrante en cuestión de segundos. Me sentí como Aladino contemplando al genio de la lámpara, sin saber qué hacer ante aquel magnífico hallazgo. Por momentos el odre se volvió tan rutilante que me cegó haciendo desaparecer todo lo que me rodeaba.

Destaco entre otros párrafos éste señalado, me sorprende tu modestia, es un relato magnífico.
Disculpa mi tardanza en leerlo y contestar, me encantó a pesar de mi analfabetismo en el conocimiento de la palabra zaque que he tenido que buscar.

FELICIDADES, y abre la ventana más veces y mira sobre el alféizar la sonrisa del sol o el resto de lágrimas de la última llovizna

Un saludo cordial
Pepe

Zaque
era el título de nobleza de los gobernantes de la parte norte de la Confederación muisca, en el altiplano cundiboyacense, y su sede de gobierno era la ciudad de Hunza, hoy Tunja. Cuando Gonzalo Jiménez de Quesada llegó a la región, Quemuenchatocha era el zaque reinante.


 
Ayuda Usuarios

You haven't joined any salas.

You haven't joined any salas.
Atrás
Arriba