lesmo
Poeta veterano en el portal
La Cuesta Gomérez sube a la Alhambra. Hay que subirla despacio para tu disfrute y por el cansancio. Por el Arco de las Granadas que tiene tres ojos han de pasar tus pasos a un bosque cerrado. Entonces, el agua siempre presente, siempre manando, y la piedra de un banco, para tu descanso, de la subida y la vida, mientras oyes a las acequias y miras, el agua que baja con su coplilla. Y matorrales salvajes del bosque embrujado. Y el romero, y mil hojas de helecho y el seto del arrayán recortado. Acarícialo. Como por encanto, tus dedos se habrán perfumado. Y el agua siempre presente, en las pequeñas cascadas y en las fuentes. Hinca los brazos en ella, que te moje el cabello. Hasta las sienes duelen. Siempre el sonido del agua, el agua se siente siempre. Limpia viene de la sierra, de la nieve, que lento se va derritiendo con los calores de siempre. Sigue el ascenso al Arco de la Justicia. Tiene en lo alto una mano esculpida y su leyenda, y unos vericuetos, oscuros, frescos. Te enfriarán el sudor. Cuando vuelvas a la luz tendrás que tapar tus ojos. Y otra vez el agua desciende. Después el ladrillo rojo de los Reales Alcázares, y la Torre de la Vela con su campana. Ya estás en la Alhambra.
Pero, el paseo no fue para el deleite siempre, porque por allí subieron unos carros llenos de temblor y miedo, y de muerte.
Pero, el paseo no fue para el deleite siempre, porque por allí subieron unos carros llenos de temblor y miedo, y de muerte.