Évano
Libre, sin dioses.
Causa cansancio sermonear a las moscas,
espantar a las alas monótonas
que invitan a sueños de ángeles
o te comen sobre mármoles rojos.
Mejor un bostezo, ser invisible
en este palacio con siete ventanas enormes
y mirar desde aquí el jardín de un umbral infinito,
o ver el cuadro que cuelga de mi palacio en ruinas.
Irse, quizá, al aledaño de una iglesia
con algunas concubinas vacilantes,
y comulgar con las hostias
del cura que no sabe proponer nada explícito.
Oír más sermones de lúgubres tañidos funerarios
y ver otras alas ocultar a soles y rayos;
y pinos y encinas y a la gloria del lugar;
y a la lluvia y a la fuente y al agua;
y al rumor de las hierbas de los prados al viento.
Causa cansancio los remolinos de dientes sonrientes.
Mejor anhelar ombligos salpicados de incestos y lujuria.
Causa dolor al oído las voces de gato.
Duele la edad de la de la indecencia
disfrazada de miedo ante el altar.
Moscas forasteras todos ellas de sí mismas,
funeral de juventudes injertando los frutos de sus vidas
en una madera clavada de mentiras.
Mejor servir a la noche y recoger
la desnudez escandalosa de este mundo.
Y no ver los miles de ojos maldiciendo
los regazos de la tierra.
Mejor desembarco del presagio y de los signos,
de los faldones, de los alones negros,
y me hago huésped del monstruo que adivino.
¿O salto al umbral infinito
desde una de estas siete ventanas enormes?
¿O espero el momento de la no entrada triunfal?
Ángeles míos, nunca os he visto
tan cerca de las moscas que rondan
los mármoles rojos de este derruido palacio.
Las siete ventanas de la bondad abierta
muestran cómo un orden borracho de alas
puede destruirlo todo,
hasta el último palacio.
espantar a las alas monótonas
que invitan a sueños de ángeles
o te comen sobre mármoles rojos.
Mejor un bostezo, ser invisible
en este palacio con siete ventanas enormes
y mirar desde aquí el jardín de un umbral infinito,
o ver el cuadro que cuelga de mi palacio en ruinas.
Irse, quizá, al aledaño de una iglesia
con algunas concubinas vacilantes,
y comulgar con las hostias
del cura que no sabe proponer nada explícito.
Oír más sermones de lúgubres tañidos funerarios
y ver otras alas ocultar a soles y rayos;
y pinos y encinas y a la gloria del lugar;
y a la lluvia y a la fuente y al agua;
y al rumor de las hierbas de los prados al viento.
Causa cansancio los remolinos de dientes sonrientes.
Mejor anhelar ombligos salpicados de incestos y lujuria.
Causa dolor al oído las voces de gato.
Duele la edad de la de la indecencia
disfrazada de miedo ante el altar.
Moscas forasteras todos ellas de sí mismas,
funeral de juventudes injertando los frutos de sus vidas
en una madera clavada de mentiras.
Mejor servir a la noche y recoger
la desnudez escandalosa de este mundo.
Y no ver los miles de ojos maldiciendo
los regazos de la tierra.
Mejor desembarco del presagio y de los signos,
de los faldones, de los alones negros,
y me hago huésped del monstruo que adivino.
¿O salto al umbral infinito
desde una de estas siete ventanas enormes?
¿O espero el momento de la no entrada triunfal?
Ángeles míos, nunca os he visto
tan cerca de las moscas que rondan
los mármoles rojos de este derruido palacio.
Las siete ventanas de la bondad abierta
muestran cómo un orden borracho de alas
puede destruirlo todo,
hasta el último palacio.
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