MaríaA.G
Poeta veterana en el Portal
Se alzan majestuosos los Cipreses,
con su tronco erguido y su espesa copa,
protegiendo calaveras vestidas de muerte,
teñidas de añil
bajo soles negros,
auroras calladas
y azabaches lunas,
en sincronía con la ausencia.
Un segundo de agonía,
equivale a la añoranza, el resto de una vida
de aquellos que descansan
entre caracolas de granito y mármol,
decoradas con rosas y azahares de nácar,
taciturnas y silentes,
para no alterar la paz
y el silencio de los féretros.
Agoniza el viento,
cuando acaricia a los Cipreses
con olor a óbito en sus ramas,
fijas y perseverantes en sus custodias.
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