Ad Libitum
Poeta recién llegado
Te fuiste.
Y ¿sabes qué?
No hubo ningún tornado,
ni edificios en ruinas,
ni una hoguera en el pecho
tostando al sol mi asfixia.
Tampoco hubo huracanes destruyendo las casas de mi barrio
ni inundaciones ahogando las cosechas del año.
No murió ningún gato
ni mis pulmones se olvidaron en ningún momento
de su fiel ejercicio de mi respiración.
No me hirvieron las manos,
no dejé de reconocerme en los espejos,
ni siquiera empecé a olvidarme de apagar el gas
o de recoger la colada
tras un día de curro.
No hubo en ninguna parte de mis sueños
quemaduras de primer,
segundo
o tercer grado.
Simplemente, te fuiste.
Y dejaste tu ausencia:
Una cama de matrimonio para una
en la que puedo ahora estirar por completo las piernas
y ese hueco en mi vida repleto de rincones
que ocupaste durante tantos años
y en el que ahora puedo por fin
y para siempre,
expandirme
sin miedos.
Y ¿sabes qué?
No hubo ningún tornado,
ni edificios en ruinas,
ni una hoguera en el pecho
tostando al sol mi asfixia.
Tampoco hubo huracanes destruyendo las casas de mi barrio
ni inundaciones ahogando las cosechas del año.
No murió ningún gato
ni mis pulmones se olvidaron en ningún momento
de su fiel ejercicio de mi respiración.
No me hirvieron las manos,
no dejé de reconocerme en los espejos,
ni siquiera empecé a olvidarme de apagar el gas
o de recoger la colada
tras un día de curro.
No hubo en ninguna parte de mis sueños
quemaduras de primer,
segundo
o tercer grado.
Simplemente, te fuiste.
Y dejaste tu ausencia:
Una cama de matrimonio para una
en la que puedo ahora estirar por completo las piernas
y ese hueco en mi vida repleto de rincones
que ocupaste durante tantos años
y en el que ahora puedo por fin
y para siempre,
expandirme
sin miedos.
Última edición: