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Hoy he dejado de matar a Juan

libelula

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Amanda había aprendido desde niña a crear relatos imaginarios para superar las ausencias dolorosas. Aceptar la ausencia de ex marido le había costado toda una serie de relatos negros, en ellos había matado a Juan a placer una y otra vez. -Cualquiera podría llegar a pensar que no era más que una sádica obsesiva...
Ummm... tendría que darle un giro a este nuevo relato- pensó- y se lanzó a escribir...

La última estación.
…Extenuada entro en la estación, sus polvorientas y ajadas botas acusaban lo accidentado de su peregrinar; el peso de la mochila era tal que le impedía elevar el torso. La estación estaba concurrida de seres queridos, reconoció a lo lejos a su abuela con aquél bonito vestido estampado de margaritas con el que ella comenzó a pintarla en sus dibujos infantiles justo cuando notó su ausencia, y tiñeron de negro los lazos de sus trenzas, fue entonces que decidió liberarla del eterno luto que la envolvió en vida. También reconoció a su primer amor, para él había imaginado mil historias en las que salía triunfante del quirofano aquél fatídico día y porque nunca comprendió esas extrañas palabras de consuelo- "no estaba para ti"- le devolvió la vida en su imaginación, en otro lugar, junto a otra mujer.
Descubrió también al tío Marcial, que un buen día decidió llamar la atención saltando sin red, como si fuera un acróbata, ante el horror de los suyos; María dibujó para él la acrobacia perfecta para que saliera indemne de tan arriesgada hazaña, e imaginó a sus hijos aplaudiendo felices.
Pero cuando vio aparecer a Juan con su guitarra, su mochila ligera y sus relucientes botas nuevas, a María se le iluminó la mirada, toda su ira se desvaneció en un instante y solo quedo una inmensa ternura; la caricia con que la envolvió su mirada, terminó de desarmar su reticencia y los sentimientos de ambos quedaron desnudos de apariencias, permanecieron así el uno frente al otro con las miradas engarzadas como el día aquél en que se enamoraron; Juan se apresuró entonces a descargar a María del peso de su mochila, ella se irguió y por primera vez, después de tantos años, se sintió liberada; juntos caminaron despacio alargando el tiempo de despedida.
Juan, le lanzó su último adiós desde la ventanilla del tren. Sin lagrimas, María, lo vio partir para siempre y se sintió ligera, como una pluma que danza al ritmo de un tímido soplo de brisa, mientras los suyos, poco a poco, se desvanecen entre la bruma de su memoria.

Amanda cerró el ordenador y sonrió satisfecha; encendió un cigarro y fumó despacio, dibujando divertidas figuras circulares con pequeñas bocanadas de humo, se sentía absolutamente feliz y relajada.
- Me ha quedado un poco melodramático-se dijo - pero al menos he cumplido mi objetivo, hoy he dejado de matar a Juan…
 
Última edición:
Amanda había aprendido desde niña a crear relatos imaginarios para superar las ausencias dolorosas. Aceptar la ausencia de ex marido le había costado toda una serie de relatos negros, en ellos había matado a Juan a placer una y otra vez. -Cualquiera podría llegar a pensar que no era más que una sádica obsesiva...
Ummm... tendría que darle un giro a este nuevo relato- pensó- y se lanzó a escribir...

La última estación.
…Extenuada entro en la estación; sus polvorientas y ajadas botas acusaban lo accidentado de su peregrinar; el peso de la mochila era tal que le impedía elevar el torso. La estación estaba concurrida de seres queridos, reconoció a lo lejos a su abuela con aquél bonito vestido estampado de margaritas con el que ella comenzó a pintarla en sus dibujos infantiles, justo cuando notó su ausencia y tiñeron de negro los lazos de sus trenzas, fue entonces que decidió liberarla del eterno luto que la envolvió en vida. También reconoció a su primer amor, para él había imaginado mil historias en las que salía triunfante del quirofano aquel fatídico día y porque nunca comprendió esas extrañas palabras de consuelo- "no estaba para ti"- le devolvió la vida en su imaginación, en otro lugar, junto a otra mujer.
Descubrió, también, al tío Marcial, que un buen día decidió llamar la atención saltando sin red, como si fuera un acróbata, ante el horror de los suyos; María dibujó para él la acrobacia perfecta para que saliera indemne de tan arriesgada hazaña e imaginó a sus hijos aplaudiendo, felices.
Pero cuando vio aparecer a Juan con su guitarra, su mochila ligera y sus relucientes botas nuevas, a María se le iluminó la mirada, toda su ira se desvaneció en un instante y solo quedo una inmensa ternura; la caricia con que la envolvió su mirada terminó de desarmar su reticencia y los sentimientos de ambos quedaron desnudos de apariencias, permanecieron así el uno frente al otro con las miradas engarzadas como el día aquél en que se enamoraron. Juan se apresuró entonces a descargar a María del peso de su mochila, ella se irguió y por primera vez después de tantos años, se sintió liberada; juntos caminaron despacio alargando el tiempo de despedida.
Juan, le lanzó su último adiós desde la ventanilla del tren; sin lagrimas, María, lo vio partir para siempre. Se sentía ligera como una pluma que danza al ritmo de un tímido soplo de brisa en esa última estación, mientras los suyos poco a poco se desvanecen entre la bruma de su memoria.

Amanda cerró el ordenador y sonrió satisfecha; encendió un cigarro y fumó despacio, dibujando divertidas figuras circulares con pequeñas bocanadas de humo, se sentía absolutamente feliz y relajada.
- Me ha quedado un poco melodramático-se dijo - pero al menos he cumplido mi objetivo, hoy he dejado de matar a Juan…
No hay nada mejor querida amiga Isabel que tener la imaginación y creatividad
a flor de piel para disfrutar del ingenio de tu pluma como tú la tienes, que envuelves
al lector de principio a fin para disfrutar de una interesante historia.
Como siempre es un placer poder pasar por tus letras.
Besos y un abrazo enorme para ti. Tere
 
No hay nada mejor querida amiga Isabel que tener la imaginación y creatividad
a flor de piel para disfrutar del ingenio de tu pluma como tú la tienes, que envuelves
al lector de principio a fin para disfrutar de una interesante historia.
Como siempre es un placer poder pasar por tus letras.
Besos y un abrazo enorme para ti. Tere

...Y una lectora que se deje envolver por el relato, esa es la mayor suerte que puede tener un escritor, o, un poeta; unos ojos sedientos de lectura al otro lado de sus letras; por eso te doy mil gracias por tu generosa mirada y tu alentador comentario.
Un fuerte abrazo amiga. Isabel.
 
Magnífico este relato libélula.Es una verdadera gozada su lectura de principio a fín. Muy reconfortante esa sensación de perdonarle la vida a Juan como realidad palpable de que se ha superado su ausencia, capacidad de rescatar y quedarse con lo bueno de ese momento genial en que le quita un peso de encima en la última estación.
Imaginación para cambiar la realidad y poder digerirla. Buenísimo me ha encantado.
Un placer leerte
Feliz Día
 
Magnífico este relato libélula.Es una verdadera gozada su lectura de principio a fín. Muy reconfortante esa sensación de perdonarle la vida a Juan como realidad palpable de que se ha superado su ausencia, capacidad de rescatar y quedarse con lo bueno de ese momento genial en que le quita un peso de encima en la última estación.
Imaginación para cambiar la realidad y poder digerirla. Buenísimo me ha encantado.
Un placer leerte
Feliz Día
Querida Valentina, ¿como agradecerte tu visita y tu estimulante comentario?...estos parajes de prosas son a veces ser tan solitarios que encontrarse con un comentario y ademas tan generoso, es una verdadera sorpresa y una enorme alegría. Gracias por posar aquí mirada; desde que comencé a escribir poesía había dejado de lado los relatos con los que los que comenzó mi andadura en la escritura. Gracias Valentina.
Un fuerte abrazo.
 
Se agradece leer un buen relato, aunque hayas matado al protagonista "tropocientas" veces... menos una, je je.
Un relato dentro de otro, y al final queda esa buena sensación del que se quita un peso de encima o pasa página.
Me encantó.
Un saludo, Libélula.
Jajaja...¡Pobre Juan! tras una colección completa de relatos negros donde como protagonista terminaba muriendo de mala manera, dejarle vivir y tener una hermosa despedida, tiene su merito jajaja
Pues a mi me encantó tu visita y tu comentario compañero.
Un saludo Alonso, y mil gracias
 
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Amanda había aprendido desde niña a crear relatos imaginarios para superar las ausencias dolorosas. Aceptar la ausencia de ex marido le había costado toda una serie de relatos negros, en ellos había matado a Juan a placer una y otra vez. -Cualquiera podría llegar a pensar que no era más que una sádica obsesiva...
Ummm... tendría que darle un giro a este nuevo relato- pensó- y se lanzó a escribir...

La última estación.
…Extenuada entro en la estación, sus polvorientas y ajadas botas acusaban lo accidentado de su peregrinar; el peso de la mochila era tal que le impedía elevar el torso. La estación estaba concurrida de seres queridos, reconoció a lo lejos a su abuela con aquél bonito vestido estampado de margaritas con el que ella comenzó a pintarla en sus dibujos infantiles, justo cuando notó su ausencia y tiñeron de negro los lazos de sus trenzas, fue entonces que decidió liberarla del eterno luto que la envolvió en vida. También reconoció a su primer amor, para él había imaginado mil historias en las que salía triunfante del quirofano aquél fatídico día y porque nunca comprendió esas extrañas palabras de consuelo- "no estaba para ti"- le devolvió la vida en su imaginación, en otro lugar, junto a otra mujer.
Descubrió también al tío Marcial, que un buen día decidió llamar la atención saltando sin red, como si fuera un acróbata, ante el horror de los suyos; María dibujó para él la acrobacia perfecta para que saliera indemne de tan arriesgada hazaña, e imaginó a sus hijos aplaudiendo felices.
Pero cuando vio aparecer a Juan con su guitarra, su mochila ligera y sus relucientes botas nuevas, a María se le iluminó la mirada, toda su ira se desvaneció en un instante y solo quedo una inmensa ternura; la caricia con que la envolvió su mirada, terminó de desarmar su reticencia y los sentimientos de ambos quedaron desnudos de apariencias, permanecieron así el uno frente al otro con las miradas engarzadas como el día aquél en que se enamoraron; Juan se apresuró entonces a descargar a María del peso de su mochila, ella se irguió y por primera vez, después de tantos años, se sintió liberada; juntos caminaron despacio alargando el tiempo de despedida.
Juan, le lanzó su último adiós desde la ventanilla del tren. Sin lagrimas, María, lo vio partir para siempre y se sintió ligera, como una pluma que danza al ritmo de un tímido soplo de brisa, mientras los suyos poco a poco se desvanecen entre la bruma de su memoria

Amanda cerró el ordenador y sonrió satisfecha; encendió un cigarro y fumó despacio, dibujando divertidas figuras circulares con pequeñas bocanadas de humo, se sentía absolutamente feliz y relajada.
- Me ha quedado un poco melodramático-se dijo - pero al menos he cumplido mi objetivo, hoy he dejado de matar a Juan…

Tu habilidad de escritor tiene al lector prendado de tus historias, tanto, que no quiere que se termine. Ni yo
SALUDOS DESDE GDL
 
Tu habilidad de escritor tiene al lector prendado de tus historias, tanto, que no quiere que se termine. Ni yo
SALUDOS DESDE GDL
Uffff, estimado Maldonado ¡gracias! es el mejor y más estimulante comentario que se le puede decir a un aspirante eterno a escritor que, muchas veces, edita su relato sin saber si hay unos ojos que , al otro lado de sus letras, aprueben su lectura. Me has dado una alegría.
Saludos desde mi isla.
 
Última edición:
Maravilloso relato desde su intro hasta el final donde uno como lector desea llegar a él para leer ese esperado desenlace. Un placer pasar por su magistral historia, reciba mi más cordial saludo.
 
Maravilloso relato desde su intro hasta el final donde uno como lector desea llegar a él para leer ese esperado desenlace. Un placer pasar por su magistral historia, reciba mi más cordial saludo.
Hola Fernando, ante nada, gracias por tu atenta lectura y tambien por tus alentadoras palabras que me confortan; pensar que hay un lector que ha disfruratado con mi historia, me hace feliz. Mil gracias.
Mis más cordiles saludos.
 
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Amanda había aprendido desde niña a crear relatos imaginarios para superar las ausencias dolorosas. Aceptar la ausencia de ex marido le había costado toda una serie de relatos negros, en ellos había matado a Juan a placer una y otra vez. -Cualquiera podría llegar a pensar que no era más que una sádica obsesiva...
Ummm... tendría que darle un giro a este nuevo relato- pensó- y se lanzó a escribir...

La última estación.
…Extenuada entro en la estación, sus polvorientas y ajadas botas acusaban lo accidentado de su peregrinar; el peso de la mochila era tal que le impedía elevar el torso. La estación estaba concurrida de seres queridos, reconoció a lo lejos a su abuela con aquél bonito vestido estampado de margaritas con el que ella comenzó a pintarla en sus dibujos infantiles, justo cuando notó su ausencia y tiñeron de negro los lazos de sus trenzas, fue entonces que decidió liberarla del eterno luto que la envolvió en vida. También reconoció a su primer amor, para él había imaginado mil historias en las que salía triunfante del quirofano aquél fatídico día y porque nunca comprendió esas extrañas palabras de consuelo- "no estaba para ti"- le devolvió la vida en su imaginación, en otro lugar, junto a otra mujer.
Descubrió también al tío Marcial, que un buen día decidió llamar la atención saltando sin red, como si fuera un acróbata, ante el horror de los suyos; María dibujó para él la acrobacia perfecta para que saliera indemne de tan arriesgada hazaña, e imaginó a sus hijos aplaudiendo felices.
Pero cuando vio aparecer a Juan con su guitarra, su mochila ligera y sus relucientes botas nuevas, a María se le iluminó la mirada, toda su ira se desvaneció en un instante y solo quedo una inmensa ternura; la caricia con que la envolvió su mirada, terminó de desarmar su reticencia y los sentimientos de ambos quedaron desnudos de apariencias, permanecieron así el uno frente al otro con las miradas engarzadas como el día aquél en que se enamoraron; Juan se apresuró entonces a descargar a María del peso de su mochila, ella se irguió y por primera vez, después de tantos años, se sintió liberada; juntos caminaron despacio alargando el tiempo de despedida.
Juan, le lanzó su último adiós desde la ventanilla del tren. Sin lagrimas, María, lo vio partir para siempre y se sintió ligera, como una pluma que danza al ritmo de un tímido soplo de brisa, mientras los suyos, poco a poco, se desvanecen entre la bruma de su memoria.

Amanda cerró el ordenador y sonrió satisfecha; encendió un cigarro y fumó despacio, dibujando divertidas figuras circulares con pequeñas bocanadas de humo, se sentía absolutamente feliz y relajada.
- Me ha quedado un poco melodramático-se dijo - pero al menos he cumplido mi objetivo, hoy he dejado de matar a Juan…


Me gustan este tipo de relatos, es breve y contiene todos los ingredientes necesarios para estar atraído por su lectura. Esa forma de liberación del personaje, o mejor dicho, de los dos personajes, está muy bien descrita. Felicidades!

Un abrazo

Palmira
 
Me gustan este tipo de relatos, es breve y contiene todos los ingredientes necesarios para estar atraído por su lectura. Esa forma de liberación del personaje, o mejor dicho, de los dos personajes, está muy bien descrita. Felicidades!

Un abrazo

Palmira
Mi querida Palmira, siempre valore mucho tu opinión respecto a los relatos, creo que eres una cazadora de relatos jajaja de hecho cuando te veo, en algún sitio entro a leer, me alegra mucho que hayas cazado a Juan,antes que lo matara del todo jajaja.
Encantada de que estés aquí, de que te hayas detenido en esta lectura. Mil gracias.
Un fuerte abrazo.
Isabel.
 
Última edición:
¡Magnífico, fantástico! Qué buena historia, merecería que la hubieses alargado un poco más.
Tu prosa es excelente, pero yo ya lo sabía.
Un abrazo.

Gracias querida Eratalia,¡qué gusto encontrarme con tus inestimables letras!, con tu generosidad. Gracias querida amiga.
Besos, un motón.
Isabel
 
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Amanda había aprendido desde niña a crear relatos imaginarios para superar las ausencias dolorosas. Aceptar la ausencia de ex marido le había costado toda una serie de relatos negros, en ellos había matado a Juan a placer una y otra vez. -Cualquiera podría llegar a pensar que no era más que una sádica obsesiva...
Ummm... tendría que darle un giro a este nuevo relato- pensó- y se lanzó a escribir...

La última estación.
…Extenuada entro en la estación, sus polvorientas y ajadas botas acusaban lo accidentado de su peregrinar; el peso de la mochila era tal que le impedía elevar el torso. La estación estaba concurrida de seres queridos, reconoció a lo lejos a su abuela con aquél bonito vestido estampado de margaritas con el que ella comenzó a pintarla en sus dibujos infantiles, justo cuando notó su ausencia y tiñeron de negro los lazos de sus trenzas, fue entonces que decidió liberarla del eterno luto que la envolvió en vida. También reconoció a su primer amor, para él había imaginado mil historias en las que salía triunfante del quirofano aquél fatídico día y porque nunca comprendió esas extrañas palabras de consuelo- "no estaba para ti"- le devolvió la vida en su imaginación, en otro lugar, junto a otra mujer.
Descubrió también al tío Marcial, que un buen día decidió llamar la atención saltando sin red, como si fuera un acróbata, ante el horror de los suyos; María dibujó para él la acrobacia perfecta para que saliera indemne de tan arriesgada hazaña, e imaginó a sus hijos aplaudiendo felices.
Pero cuando vio aparecer a Juan con su guitarra, su mochila ligera y sus relucientes botas nuevas, a María se le iluminó la mirada, toda su ira se desvaneció en un instante y solo quedo una inmensa ternura; la caricia con que la envolvió su mirada, terminó de desarmar su reticencia y los sentimientos de ambos quedaron desnudos de apariencias, permanecieron así el uno frente al otro con las miradas engarzadas como el día aquél en que se enamoraron; Juan se apresuró entonces a descargar a María del peso de su mochila, ella se irguió y por primera vez, después de tantos años, se sintió liberada; juntos caminaron despacio alargando el tiempo de despedida.
Juan, le lanzó su último adiós desde la ventanilla del tren. Sin lagrimas, María, lo vio partir para siempre y se sintió ligera, como una pluma que danza al ritmo de un tímido soplo de brisa, mientras los suyos, poco a poco, se desvanecen entre la bruma de su memoria.

Amanda cerró el ordenador y sonrió satisfecha; encendió un cigarro y fumó despacio, dibujando divertidas figuras circulares con pequeñas bocanadas de humo, se sentía absolutamente feliz y relajada.
- Me ha quedado un poco melodramático-se dijo - pero al menos he cumplido mi objetivo, hoy he dejado de matar a Juan…

Todo es posible en el mundo del imaginación y, además, cuesta igual lo bueno que lo malo. Encantador relato. Te felicito. Podrías escribir una novela con este argumento. Es muy interesante.

Feliz verano.
 
Todo es posible en el mundo del imaginación y, además, cuesta igual lo bueno que lo malo. Encantador relato. Te felicito. Podrías escribir una novela con este argumento. Es muy interesante.

Feliz verano.
Hola Antonio: Me alegran mucho cada vez que encuentro la huella de tu mirada en mis letras, siempre es una suerte contar con alguien al otro lado que nos anime a seguir con esta aventura de imaginar...no son los relatos, en Mundo poesía lo más leído. Gracias por estar aquí, por tu aliento.
Feliz verano a ti también, Antonio.
Isabel
 
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