ludmila
Poeta veterano en el portal
En un escándalo de misterios y de versos
un anfitrión de verdades estelares
y a veces terrenas,
como un brillo condensado
en el nácar del recuerdo,
cala hondo en el pretérito arsenal
de su risa
con tanto desparpajo de labios
como un acordeón que sonríe
a la vista de las tristezas.
Una melancólica pista de aterrizaje
convertida en cinta de Moebius,
siempre en arabescos sensibles
que endulzan los cardos de la herida;
parafraseando los párpados del silencio
en complicidad con la riqueza
de los caminos subcutáneos.
Viene y va con la nostalgia
barriendo el doloroso momento,
olvidando con hidalguía
como si el olvido fuera
el remedio más auténtico
que aliviase la cofradía
de tanto duelo.
Amortigua la osadía
del agobio,
edulcora la fragilidad
de lo abierto,
disfraza la cicatriz
y la mira de reojo,
donde la boca de pétalos
anestesia la realidad
que desmienten los besos
un anfitrión de verdades estelares
y a veces terrenas,
como un brillo condensado
en el nácar del recuerdo,
cala hondo en el pretérito arsenal
de su risa
con tanto desparpajo de labios
como un acordeón que sonríe
a la vista de las tristezas.
Una melancólica pista de aterrizaje
convertida en cinta de Moebius,
siempre en arabescos sensibles
que endulzan los cardos de la herida;
parafraseando los párpados del silencio
en complicidad con la riqueza
de los caminos subcutáneos.
Viene y va con la nostalgia
barriendo el doloroso momento,
olvidando con hidalguía
como si el olvido fuera
el remedio más auténtico
que aliviase la cofradía
de tanto duelo.
Amortigua la osadía
del agobio,
edulcora la fragilidad
de lo abierto,
disfraza la cicatriz
y la mira de reojo,
donde la boca de pétalos
anestesia la realidad
que desmienten los besos