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Máquina que mata a otra máquina

ASTRO_MUERTO

Poeta fiel al portal
MÁQUINA QUE MATA A OTRA MÁQUINA
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Desde los asquerosos buches incomprensibles
que las máquinas poseen,
hago el llamamiento. Ojo y anteojo.
Tubos tubos tubos tubos tubos arrojan
bofetadas repletas del cósmico fondo radiante, cuando es más óptimo atisbar, o lo que es lo mismo: cuando hay señal, acariciarle los ojos a los niños cargándoles absurdos, esperanzas y sueños de plástico/silicio.
Tubos tubos tubos tubos tubos y más tubos relevados por todo tipo de cristales acuosos y de plasma, pero de negra sangre y robótica factura.
Aguantar así, el peso RGB subliminal de la inmundicia.
Ir al almacén a comprar algo para atenuar el electromagnetismo
o tal vez, levantar el teléfono para solicitar más chatarra.
Luego,
verse reflejado en el aparato –eso es humano–, levantarse entonces del asiento,
decir que se ha dicho y hecho creyendo ingenuamente haber sido uno el que ha decidido.
¡Alto!
No más.
Y hasta este punto, mi última carta de humanización será tomar el mando y aniquilar el mecanismo,
acariciar tus cabellos,
permanecer a tu lado,
dormir con los ojos bien abiertos por si el sonido de un pájaro metálico espanta tu sueño,
mirarte de cuando en cuando y comprender que entre tanta hojalata,
siempre es más importante el sonido de tu respiración.
.
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Un mundo donde mecanizamos satisfecer los instintos mas basicos y los no tanto.
Detras de toda vorágine consumista sin sentido, siguen importando las mismas cosas de siempre
Me gustó mucho tu poema
saludos
 
manumalversación;4605308 dijo:
Un mundo donde mecanizamos satisfecer los instintos mas basicos y los no tanto.
Detras de toda vorágine consumista sin sentido, siguen importando las mismas cosas de siempre
Me gustó mucho tu poema
saludos

Exacto, siempre hay lugar para la sangre entre tanto fierro, con tal que no se mezclen ambas cosas y se levanten en contra nuestra.

Gracias por venir.
 
MÁQUINA QUE MATA A OTRA MÁQUINA
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Desde los asquerosos buches incomprensibles
que las máquinas poseen,
hago el llamamiento. Ojo y anteojo.
Tubos tubos tubos tubos tubos arrojan
bofetadas repletas del cósmico fondo radiante, cuando es más óptimo atisbar, o lo que es lo mismo: cuando hay señal, acariciarle los ojos a los niños cargándoles absurdos, esperanzas y sueños de plástico/silicio.
Tubos tubos tubos tubos tubos y más tubos relevados por todo tipo de cristales acuosos y de plasma, pero de negra sangre y robótica factura.
Aguantar así, el peso RGB subliminal de la inmundicia.
Ir al almacén a comprar algo para atenuar el electromagnetismo
o tal vez, levantar el teléfono para solicitar más chatarra.
Luego,
verse reflejado en el aparato –eso es humano–, levantarse entonces del asiento,
decir que se ha dicho y hecho creyendo ingenuamente haber sido uno el que ha decidido.
¡Alto!
No más.
Y hasta este punto, mi última carta de humanización será tomar el mando y aniquilar el mecanismo,
acariciar tus cabellos,
permanecer a tu lado,
dormir con los ojos bien abiertos por si el sonido de un pájaro metálico espanta tu sueño,
mirarte de cuando en cuando y comprender que entre tanta hojalata,
siempre es más importante el sonido de tu respiración.
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Lucha intensa entre lo reseco que nos sacude para satisfacer las necesidades unicas,
las mas humanas, un sin sentido que siempre nos da alientos minerales, mientras
se olvidan las esencias del humus aromatizado del sentimiento. felicidades.
poema lleno de acecho inmensos. luzyabsenta
 
MÁQUINA QUE MATA A OTRA MÁQUINA
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Desde los asquerosos buches incomprensibles
que las máquinas poseen,
hago el llamamiento. Ojo y anteojo.
Tubos tubos tubos tubos tubos arrojan
bofetadas repletas del cósmico fondo radiante, cuando es más óptimo atisbar, o lo que es lo mismo: cuando hay señal, acariciarle los ojos a los niños cargándoles absurdos, esperanzas y sueños de plástico/silicio.
Tubos tubos tubos tubos tubos y más tubos relevados por todo tipo de cristales acuosos y de plasma, pero de negra sangre y robótica factura.
Aguantar así, el peso RGB subliminal de la inmundicia.
Ir al almacén a comprar algo para atenuar el electromagnetismo
o tal vez, levantar el teléfono para solicitar más chatarra.
Luego,
verse reflejado en el aparato –eso es humano–, levantarse entonces del asiento,
decir que se ha dicho y hecho creyendo ingenuamente haber sido uno el que ha decidido.
¡Alto!
No más.
Y hasta este punto, mi última carta de humanización será tomar el mando y aniquilar el mecanismo,
acariciar tus cabellos,
permanecer a tu lado,
dormir con los ojos bien abiertos por si el sonido de un pájaro metálico espanta tu sueño,
mirarte de cuando en cuando y comprender que entre tanta hojalata,
siempre es más importante el sonido de tu respiración.
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Fuertes imágenes nos dejas en este poema,
en este mundo de tantos problemas,
donde unimos sentimientos con resaca, muy bien expresadas.
Un placer haber pasado, un beso.
 
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