prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hay calles que solo conocen las prostitutas y los niños,
laberintos inocuos donde los senos elásticos del tiempo
y la extinción de las brújulas, el eco desprestigiado
de la caída de los alfileres que sujetan los limites del insomnio
hacen que los pasos retumben inseguros
de la dirección final de su voluntad,
de los adagios extensibles de su voz de grieta.
Y el crematorio de las sombras comprimidas
vigilado por bestias anacrónicas, hombres que manejan las hachas de la lengua
decapitando madrugadas y ensangrentando silbidos de colibrí,
caníbales que huelen a manzana, un incesto de edades de creta
del que nacen los grafitos que advierten una revolución cancelada.
Hay niños que solo conocen la calle de las prostitutas
y prostitutas que solo conocen los niños de la calle.
laberintos inocuos donde los senos elásticos del tiempo
y la extinción de las brújulas, el eco desprestigiado
de la caída de los alfileres que sujetan los limites del insomnio
hacen que los pasos retumben inseguros
de la dirección final de su voluntad,
de los adagios extensibles de su voz de grieta.
Y el crematorio de las sombras comprimidas
vigilado por bestias anacrónicas, hombres que manejan las hachas de la lengua
decapitando madrugadas y ensangrentando silbidos de colibrí,
caníbales que huelen a manzana, un incesto de edades de creta
del que nacen los grafitos que advierten una revolución cancelada.
Hay niños que solo conocen la calle de las prostitutas
y prostitutas que solo conocen los niños de la calle.