Elizabeth Flores
Poeta que considera el portal su segunda casa
Los siguientes versos son inspiración del poema
"Versos para mi morada"
Escritos por el poeta. Alonso Vicent.
Mi casa es mi refugio, que no es ningún palacio,
y se llena a menudo de seres muy extraños
que piensan que a mi hogar le faltan cuatro apaños.
(Alonso Vicent)
En el sótano.
Rodeada de ciprés y jardines que invitan a soñar
una casa contiguo a la iglesia, es cuna de seres
extraños que burlan sueños en el párpado
de la noche azabache
Absorben el cáliz de la oscuridad
en el desierto del silencio,
se recrean en cada palmo del lúgubre lugar
con olor a tierra tétrica y a soledad
yacen en el submundo del sótano,
peculio de una familia noble y valiente
que no les mimetiza el reflejo en los espejos,
ni temen a las atávicas sombras
de espectros que atisban sus suspiros,
voces entrecortadas que se expanden en los muros,
pasos estridentes, crípticos, arrastrando sollozos
que hacen eco en el pálpito de mis amigos
y el ábrego interrumpe el silencio y hace crujir
y gritar los cerrojos de las puertas
que se abren y se cierran
como un rayo en la tormenta,
ojos desgajados y miradas perdidas
susurran palabras que resuenan con el viento,
asoman en su abismal existir y reclaman
su hálito saboteado por el ojo del halcón
que se pudre en el averno cumpliendo su condena,
inquilinos que acechan en la sobriedad de la luna llena,
frenéticos abren sus mandíbulas
con su lengua carcomida de gusanos
se tragan la quietud de la serena noche
como la áspid al conejo infortunado,
almas nauseabundas que se escapan del limbo
para robar sueños en la maléfica guarida
de la fría y tenebrosa noche.
Elizabeth Flores.
o8 / 02 / 13.
"Versos para mi morada"
Escritos por el poeta. Alonso Vicent.
Mi casa es mi refugio, que no es ningún palacio,
y se llena a menudo de seres muy extraños
que piensan que a mi hogar le faltan cuatro apaños.
(Alonso Vicent)
En el sótano.
Rodeada de ciprés y jardines que invitan a soñar
una casa contiguo a la iglesia, es cuna de seres
extraños que burlan sueños en el párpado
de la noche azabache
Absorben el cáliz de la oscuridad
en el desierto del silencio,
se recrean en cada palmo del lúgubre lugar
con olor a tierra tétrica y a soledad
yacen en el submundo del sótano,
peculio de una familia noble y valiente
que no les mimetiza el reflejo en los espejos,
ni temen a las atávicas sombras
de espectros que atisban sus suspiros,
voces entrecortadas que se expanden en los muros,
pasos estridentes, crípticos, arrastrando sollozos
que hacen eco en el pálpito de mis amigos
y el ábrego interrumpe el silencio y hace crujir
y gritar los cerrojos de las puertas
que se abren y se cierran
como un rayo en la tormenta,
ojos desgajados y miradas perdidas
susurran palabras que resuenan con el viento,
asoman en su abismal existir y reclaman
su hálito saboteado por el ojo del halcón
que se pudre en el averno cumpliendo su condena,
inquilinos que acechan en la sobriedad de la luna llena,
frenéticos abren sus mandíbulas
con su lengua carcomida de gusanos
se tragan la quietud de la serena noche
como la áspid al conejo infortunado,
almas nauseabundas que se escapan del limbo
para robar sueños en la maléfica guarida
de la fría y tenebrosa noche.
Elizabeth Flores.
o8 / 02 / 13.
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