prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
El cielo se juzga por la altura de las nubes
y como arqueros que matan en la distancia
tenemos el cerebro acostumbrado a guiar los movimientos
por un instinto geométrico
que está en los huesos.
Nos despertamos y realmente nos es difícil caminar derecho,
hacer cosas sin unir más que dos puntos,
tirar una piedra sin suplir su necesidad de golpear,
culpamos la gravedad
por los sueños de un niño que lo hacen no renunciar a ser cuadrúpedo,
ah, y cuanta razón tiene
en no querer asimilar el falso rostro de inocencia
que vestimos.
Las ratas que viven en una iglesia no dejan de ser ratas.
Terminaremos rodeados por ausencias,
en un pozo de sangre
donde seamos una gota más.
y como arqueros que matan en la distancia
tenemos el cerebro acostumbrado a guiar los movimientos
por un instinto geométrico
que está en los huesos.
Nos despertamos y realmente nos es difícil caminar derecho,
hacer cosas sin unir más que dos puntos,
tirar una piedra sin suplir su necesidad de golpear,
culpamos la gravedad
por los sueños de un niño que lo hacen no renunciar a ser cuadrúpedo,
ah, y cuanta razón tiene
en no querer asimilar el falso rostro de inocencia
que vestimos.
Las ratas que viven en una iglesia no dejan de ser ratas.
Terminaremos rodeados por ausencias,
en un pozo de sangre
donde seamos una gota más.
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