azulalfilrojo
Poeta que considera el portal su segunda casa
No recuerdo cuánto llevo
perdido en este lugar,
donde se ha estancado el tiempo
y reina la soledad.
Atrapado en el espacio
entre sueño y realidad,
los días, son como noches
de profunda oscuridad.
No importa cuánto camine,
ni adónde quiera llegar,
mis pasos siempre terminan
donde vuelven a empezar.
En este inmenso vacío
de silencio sepulcral,
no hay lugar donde esconderse,
ni esperanza de escapar.
Las criaturas que lo habitan,
-vástagos de la maldad-
son la forma primigenia
del terror más ancestral.
Arcanos de una conciencia
de la más remota edad,
horadan tus pensamientos,
taladrando sin piedad,
hasta que ya no distingues
la ficción de la verdad.
Encerrado en este abismo
sin principio ni final,
vago solo, prisionero
de mi propia vanidad;
pues lo irónico del caso
es que todo me da igual.
Ni me importa por qué vine,
ni cuándo terminará,
esta maldita condena
o como quieran llamar,
al infernal hospedaje
que me ha tocado pasar.
perdido en este lugar,
donde se ha estancado el tiempo
y reina la soledad.
Atrapado en el espacio
entre sueño y realidad,
los días, son como noches
de profunda oscuridad.
No importa cuánto camine,
ni adónde quiera llegar,
mis pasos siempre terminan
donde vuelven a empezar.
En este inmenso vacío
de silencio sepulcral,
no hay lugar donde esconderse,
ni esperanza de escapar.
Las criaturas que lo habitan,
-vástagos de la maldad-
son la forma primigenia
del terror más ancestral.
Arcanos de una conciencia
de la más remota edad,
horadan tus pensamientos,
taladrando sin piedad,
hasta que ya no distingues
la ficción de la verdad.
Encerrado en este abismo
sin principio ni final,
vago solo, prisionero
de mi propia vanidad;
pues lo irónico del caso
es que todo me da igual.
Ni me importa por qué vine,
ni cuándo terminará,
esta maldita condena
o como quieran llamar,
al infernal hospedaje
que me ha tocado pasar.
Última edición: