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El hombre de la pistola

dulcinista

Poeta veterano en el Portal
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Entonces cogió la pistola y apuntó al hombre gordo llamado Kuirt. Sujetaba el arma con las dos manos. Temblaba. Era la primera vez que empuñaba una pistola, aunque muchas veces había soñado que lo hacía. Apretó el gatillo y la bala rompió el jarrón chino que su mujer tanto adoraba. El gordo se agachó mientras él sonreía de una forma extraña. Con el siguiente tiro le tocó el turno al reloj despertador que todas las mañanas de lunes a viernes le anunciaba el comienzo de una nueva jornada de trabajo. En la frente del señor Kuirt se veían pequeñas gotas de sudor. Estaba claro que el gordo no quería morir. Otro tiro y la bala fue a dar en el cuadro que presidía la pared del cuarto de matrimonio, una pintura que representaba a dos amantes desnudos, un hombre y una mujer junto a un lago en el que nadaban los cisnes; arriba, en un cielo que presagiaba tormenta, volaban unas aves extrañas. La bala había agujereado el rostro de la mujer.
Con la pistola en la mano se sentía como un dios vengador. Como si se tratase de un juego, disparó contra una rata que vio aparecer detrás de la botella de Whisky que descansaba sobre la mesilla de noche. De un tiro certero rompió la botella y mató a la rata. Quedaba una bala destinada para el orondo señor Kuirt. Pensó que ni los dioses salvarían a ese cerdo de la tumba. En esos pensamientos estaba cuando se abrió la puerta y apareció su mujer cargada con cajas de zapatos, vestidos y una pequeña que guardaba un reloj despertador que según ella había comprado porque el sonido de su alarma era más suave y menos estruendoso. No lo dudó, disparó contra ella mientras el gordo aprovechaba para huir a través de la puerta abierta. Oyó sus precipitados pasos bajando las escaleras. Cogió las cajas y las tiró a la calle por la ventana. Mientras caían al vacío pensó que para qué quería él un despertador, si a partir de ahora ya no sería nunca más un esclavo.

Eladio Parreño Elías

4-Marzo-2012
 
Última edición:
Fantástica... ademas de tu poder de atrapar a las personas en cada relato... usas mucha inteligencia en ellos para llevarnos con el pensamiento hacia el lugar que tu deseas y luego terminas sorprendiéndonos.... Excelente relato
 
Una liberación extremista pero al fin y al cabo liberación,el protagonista decidió tomarse la justicia por su mano,
aunque considero que cada uno es esclavo de su propia actitud ante los acontecimientos,realmente no creo que este hombre consiguiera ser libre nunca.
Te felicito como siempre porque tus relatos nunca me dejan indiferente,este casi,casi lo considero ligth al lado de muchos de tus trabajos,creo que esta noche podré dormir tranquilamente,je,je...
 
Escribes de maravilla. Estupendo relato del mas genuino género negro. Leeré tus obras con prontitud. Mi felicitación y un abrazo.
 
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Entonces cogió la pistola y apuntó al hombre gordo llamado Kuirt. Sujetaba el arma con las dos manos. Temblaba. Era la primera vez que empuñaba una pistola, aunque muchas veces había soñado que lo hacía. Apretó el gatillo y la bala rompió el jarrón chino que su mujer tanto adoraba. El gordo se agachó mientras él sonreía de una forma extraña. Con el siguiente tiro le tocó el turno al reloj despertador que todas las mañanas de lunes a viernes le anunciaba el comienzo de una nueva jornada de trabajo. En la frente del señor Kuirt se veían pequeñas gotas de sudor. Estaba claro que el gordo no quería morir. Otro tiro y la bala fue a dar en el cuadro que presidía la pared del cuarto de matrimonio, una pintura que representaba a dos amantes desnudos, un hombre y una mujer junto a un lago en el que nadaban los cisnes; arriba, en un cielo que presagiaba tormenta, volaban unas aves extrañas. La bala había agujereado el rostro de la mujer.
Con la pistola en la mano se sentía como un dios vengador. Como si se tratase de un juego, disparó contra una rata que vio aparecer detrás de la botella de Whisky que descansaba sobre la mesilla de noche. De un tiro certero rompió la botella y mató a la rata. Quedaba una bala destinada para el orondo señor Kuirt. Pensó que ni los dioses salvarían a ese cerdo de la tumba. En esos pensamientos estaba cuando se abrió la puerta y apareció su mujer cargada con cajas de zapatos, vestidos y una pequeña que guardaba un reloj despertador que según ella había comprado porque el sonido de su alarma era más suave y menos estruendoso. No lo dudó, disparó contra ella mientras el gordo aprovechaba para huir a través de la puerta abierta. Oyó sus precipitados pasos bajando las escaleras. Cogió las cajas y las tiró a la calle por la ventana. Mientras caían al vacío pensó que para qué quería él un despertador, si a partir de ahora ya no sería nunca más un esclavo.

Eladio Parreño Elías

4-Marzo-2012



Eladio, este hombre estaba esperando la última
gota para llenar el vaso y explotar. Se vengó
de todo aquello que la representara a ella, a su
mujer. Ahora será esclavo de sus pesamientos,
pero esa, esa es otra historia amigo.
A lo mejor cuando no se la saque de la mente
entonces se dispara a sí mismo.
Es un gusto leerte y darme cuenta de como hilas
las historias de una manera que atrapa al lector.
Abrazotes Eladio. Osa.

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Narración muy visual e influenciada por el cino negro del Hollywood de los 40 y 50. Sin duda las armas poseen un influjo que atrae en gran manera al ser humano(hablando de Hollywood, hay un película de la serie B, "El demonio de las armas", que define muy bien tal atracción fatal). En tu relato el hombre armado se siente libre... es más esclavo que nunca.
Buenas tardes, dulcinista.
 
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Entonces cogió la pistola y apuntó al hombre gordo llamado Kuirt. Sujetaba el arma con las dos manos. Temblaba. Era la primera vez que empuñaba una pistola, aunque muchas veces había soñado que lo hacía. Apretó el gatillo y la bala rompió el jarrón chino que su mujer tanto adoraba. El gordo se agachó mientras él sonreía de una forma extraña. Con el siguiente tiro le tocó el turno al reloj despertador que todas las mañanas de lunes a viernes le anunciaba el comienzo de una nueva jornada de trabajo. En la frente del señor Kuirt se veían pequeñas gotas de sudor. Estaba claro que el gordo no quería morir. Otro tiro y la bala fue a dar en el cuadro que presidía la pared del cuarto de matrimonio, una pintura que representaba a dos amantes desnudos, un hombre y una mujer junto a un lago en el que nadaban los cisnes; arriba, en un cielo que presagiaba tormenta, volaban unas aves extrañas. La bala había agujereado el rostro de la mujer.
Con la pistola en la mano se sentía como un dios vengador. Como si se tratase de un juego, disparó contra una rata que vio aparecer detrás de la botella de Whisky que descansaba sobre la mesilla de noche. De un tiro certero rompió la botella y mató a la rata. Quedaba una bala destinada para el orondo señor Kuirt. Pensó que ni los dioses salvarían a ese cerdo de la tumba. En esos pensamientos estaba cuando se abrió la puerta y apareció su mujer cargada con cajas de zapatos, vestidos y una pequeña que guardaba un reloj despertador que según ella había comprado porque el sonido de su alarma era más suave y menos estruendoso. No lo dudó, disparó contra ella mientras el gordo aprovechaba para huir a través de la puerta abierta. Oyó sus precipitados pasos bajando las escaleras. Cogió las cajas y las tiró a la calle por la ventana. Mientras caían al vacío pensó que para qué quería él un despertador, si a partir de ahora ya no sería nunca más un esclavo.

Eladio Parreño Elías

4-Marzo-2012



Vamos... que no quedó ni el apuntador. Muy bueno. Churrete.
 
Despues de todo cada bala apuntaba a la libertad, whau!!! una historia contada tan bien que da escalofríos!! un placer leerte y admirar tu ingenio mi querido amigo, un abrazo hasta tu orilla!
 

Eladio, este hombre estaba esperando la última
gota para llenar el vaso y explotar. Se vengó
de todo aquello que la representara a ella, a su
mujer. Ahora será esclavo de sus pesamientos,
pero esa, esa es otra historia amigo.
A lo mejor cuando no se la saque de la mente
entonces se dispara a sí mismo.
Es un gusto leerte y darme cuenta de como hilas
las historias de una manera que atrapa al lector.
Abrazotes Eladio. Osa.

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Tienes razón mi querida Claudia, la conciencia es muy poderosa y los mecanismos de que se vale para mortificarnos son desconocidos. Está por ver que se haya librado realmente de su mujer, y lo peor es que no puede volver a matarla, aunque quizás sí pueda, ya veremos cómo se desarrolla su vida futura. Gracias por tu amistad, dulce amiga. Un beso.
 
la libertad es algo interno, pero si matandola a ella, mataba su esclavitud, esta bien. Insisto querido amigo, me encantaria poder leer algun un libro con tus relatos, ya sabes debajo de un arbol. Un Saludo.
 
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Entonces cogió la pistola y apuntó al hombre gordo llamado Kuirt. Sujetaba el arma con las dos manos. Temblaba. Era la primera vez que empuñaba una pistola, aunque muchas veces había soñado que lo hacía. Apretó el gatillo y la bala rompió el jarrón chino que su mujer tanto adoraba. El gordo se agachó mientras él sonreía de una forma extraña. Con el siguiente tiro le tocó el turno al reloj despertador que todas las mañanas de lunes a viernes le anunciaba el comienzo de una nueva jornada de trabajo. En la frente del señor Kuirt se veían pequeñas gotas de sudor. Estaba claro que el gordo no quería morir. Otro tiro y la bala fue a dar en el cuadro que presidía la pared del cuarto de matrimonio, una pintura que representaba a dos amantes desnudos, un hombre y una mujer junto a un lago en el que nadaban los cisnes; arriba, en un cielo que presagiaba tormenta, volaban unas aves extrañas. La bala había agujereado el rostro de la mujer.
Con la pistola en la mano se sentía como un dios vengador. Como si se tratase de un juego, disparó contra una rata que vio aparecer detrás de la botella de Whisky que descansaba sobre la mesilla de noche. De un tiro certero rompió la botella y mató a la rata. Quedaba una bala destinada para el orondo señor Kuirt. Pensó que ni los dioses salvarían a ese cerdo de la tumba. En esos pensamientos estaba cuando se abrió la puerta y apareció su mujer cargada con cajas de zapatos, vestidos y una pequeña que guardaba un reloj despertador que según ella había comprado porque el sonido de su alarma era más suave y menos estruendoso. No lo dudó, disparó contra ella mientras el gordo aprovechaba para huir a través de la puerta abierta. Oyó sus precipitados pasos bajando las escaleras. Cogió las cajas y las tiró a la calle por la ventana. Mientras caían al vacío pensó que para qué quería él un despertador, si a partir de ahora ya no sería nunca más un esclavo.

Eladio Parreño Elías

4-Marzo-2012
Jajajajaja, muy bueno, te has quedado conmigo con tu historia quien iba a imaginar que mataría a la mujer y que el gordo se escaparía, muy buena tu ocurrencia, como siempre me impresionas con tus escritos Eladio, eres todo un maestro de la narrativa, mis mejores aplausos amigo, estrellas por tu mente tan privilegiada, abrazos, Ricardo.
 
la libertad es algo interno, pero si matandola a ella, mataba su esclavitud, esta bien. Insisto querido amigo, me encantaria poder leer algun un libro con tus relatos, ya sabes debajo de un arbol. Un Saludo.
Gracias por tu comentario, amiga fiores. El hombre estaba harto de soportarla y por eso la mató, aunque es posible que ella vuelva. Un abrazo.
 
Jajajajaja, muy bueno, te has quedado conmigo con tu historia quien iba a imaginar que mataría a la mujer y que el gordo se escaparía, muy buena tu ocurrencia, como siempre me impresionas con tus escritos Eladio, eres todo un maestro de la narrativa, mis mejores aplausos amigo, estrellas por tu mente tan privilegiada, abrazos, Ricardo.
Ya ves amigo Ricardo, se salvó el gordo y mató a la mujer, la pobre. Gracias por tu amistad. Un abrazo.
 
Eres bueno viejo sin duda alguna, me refiero a como escritor de este tipo de relatos, porque estoy comenzando a creer que en realidad lo disfrutas más de la cuenta, jjjajajaj, felicidades amigo, pobre mujer, estaba en el lugar y en el momento equivocados, si hubiese esperado un rato, tal vez la libre fuese ella, jajaj, mis estrellas y mis respetos amigo.
 
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