emuletero
Poeta veterano en el portal
Últimos toques de tambores presenciaba
últimos toques de aviso en agonía lenta,
en cruel batalla dejando que las rabias
consumieran mi espíritu, y los celos mi alma.
Era el último desfile de cofradías
que contigo admiraba,
más el incienso que como humo
llenaba mi corazón de futuros inciertos,
y los cirios... enormes, como gigantes de Poseidón,
amenazaban la poca luz que de la calle emanaba.
Los recuerdos que reinaban misteriosamente
estaban perdiendo a favor de los olvidos futuros,
desterrados para siempre, guardados en el microcosmos
de mis sentimientos, haciéndose cada vez más enorme...
El agujero negro donde perdería hasta tu nombre.
Las paredes de mi estómago se estrechaban
amenazadoramente,
mordiendo mis jugos,
manos invisibles tiraban de mis nervios
como tocando un arpa en tonalidad alta,
carcomiendo mis entrañas,
todo...
Por no cogerte y atar en cadenas tu mano
a la mía, en señal de protesta por tu partida.
Fueron los tambores de mi muerte en plena vida
fueron el silicio de una expiación que no comprendía,
fueron las tentaciones más perversas de un Mefistófeles
queriendo mi firma de felicidad,
a cambio de remordimientos sin sentido para ella.
¡Y el Averno se apoderó de mí!.
Pesadillas surreales mezcladas con sintómas paranoicos
hicieron mella en mi mente trastocada,
las oscuridad se coló por la puerta trasera de mi alma
y la culpa mordió la carnaza que se le echaba,
las furias se apoderaron de mi cobardía,
las harpías ensordecieron mi conciencia,
y los fantasmas del pasado se hicieron presentes...
Dejando mi voluntad en asquerosa y lúgubre apatía.
Fueron tres años de guerra sin cuartel
entre mis dos yoes,
fueron tres años de infierno en planos inferiores
donde vives encadenado a tu subconsciente...
Tomando posesión intrínseca de tu mente.
La última semana santa con ella;
más bien fue la tormenta
que desató el diluvio de mis desdichas,
el aguacero que borró mis ilusiones de futuro,
y la ventisca que se llevó mi alma...
Al inframundo de las eternas melancolías.
últimos toques de aviso en agonía lenta,
en cruel batalla dejando que las rabias
consumieran mi espíritu, y los celos mi alma.
Era el último desfile de cofradías
que contigo admiraba,
más el incienso que como humo
llenaba mi corazón de futuros inciertos,
y los cirios... enormes, como gigantes de Poseidón,
amenazaban la poca luz que de la calle emanaba.
Los recuerdos que reinaban misteriosamente
estaban perdiendo a favor de los olvidos futuros,
desterrados para siempre, guardados en el microcosmos
de mis sentimientos, haciéndose cada vez más enorme...
El agujero negro donde perdería hasta tu nombre.
Las paredes de mi estómago se estrechaban
amenazadoramente,
mordiendo mis jugos,
manos invisibles tiraban de mis nervios
como tocando un arpa en tonalidad alta,
carcomiendo mis entrañas,
todo...
Por no cogerte y atar en cadenas tu mano
a la mía, en señal de protesta por tu partida.
Fueron los tambores de mi muerte en plena vida
fueron el silicio de una expiación que no comprendía,
fueron las tentaciones más perversas de un Mefistófeles
queriendo mi firma de felicidad,
a cambio de remordimientos sin sentido para ella.
¡Y el Averno se apoderó de mí!.
Pesadillas surreales mezcladas con sintómas paranoicos
hicieron mella en mi mente trastocada,
las oscuridad se coló por la puerta trasera de mi alma
y la culpa mordió la carnaza que se le echaba,
las furias se apoderaron de mi cobardía,
las harpías ensordecieron mi conciencia,
y los fantasmas del pasado se hicieron presentes...
Dejando mi voluntad en asquerosa y lúgubre apatía.
Fueron tres años de guerra sin cuartel
entre mis dos yoes,
fueron tres años de infierno en planos inferiores
donde vives encadenado a tu subconsciente...
Tomando posesión intrínseca de tu mente.
La última semana santa con ella;
más bien fue la tormenta
que desató el diluvio de mis desdichas,
el aguacero que borró mis ilusiones de futuro,
y la ventisca que se llevó mi alma...
Al inframundo de las eternas melancolías.