Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
Se sentó en la sala enfrente a ella a escasos centímetros. Quería asegurarse de que ella viera que cada una de las balas entraba en cada una de las recamaras. Seis en total. Ella temblaba. Él le sujetó del cuello con firmeza pero sin lastimarla, acercó el hoyo negro del revolver a su sien derecha y mirándola a los ojos con una mirada desafiante que no era la de él o por lo menos ella jamás le había visto, le dijo; ha partir de este instante harás lo que siempre he querido que hagas y lo harás durante el resto de tu vida, no tiene opción.
Durante más de veinte años él siempre fue dominante, posesivo, y siempre quiso una mujer sumisa que acaso antes de ir a dormir levantara la cara para dar gracias y después de acostase le siguiera adorando.
Su táctica para llevarla a ese extremo era simple, los tres primeros años del matrimonio dejó una nota de amor escondida debajo del plato del desayuno, otro día en su bolsa del maquillaje, otras veces más, las enviaba por correo. Los cinco siguientes años jamás hubo un fin de semana en la que no llegara a casa con un ramo de flores. Le seguía amando por sobre todas las cosas.
Después su táctica se relajó a una cena cada mes con todo y la ida al cine o al bar de la calle en donde se enamoró de ella. Nunca le faltó al respeto y tampoco faltó jamás sobre la mesita al lado de la cama el regalo en los días especiales y, aún así, la respuesta de ella siempre fue la misma a cada atención, a cada regalo, a cada día con su amanecer y su anochecer; gracias, unas gracias simples y secas, sin sentimiento, sin amor aparente, vamos; sin ningún chiste.
Cuando se cansó de esa falta de amor recordó que él era dominante, posesivo. Así que compró un revólver, urdió el plan, se sentó junto a ella, la tomó de la cabeza, le apunto a la sien derecha por uno breves instante para que ella lo escuchara con suma atención, preparó el martillo del arma y dos segundos antes de girar su mano a su propia cabeza y descerrajarse un tiro en la frente, le dijo; a partir de ahora soñaras siempre conmigo, no tienes opción.
08.12.10 en una tarde en la que tu única opción fue pasar a leerme, lo hayas comentado o no... jeje
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