Flor de agosto
Poeta que considera el portal su segunda casa
Caí...desde aquella roca inmensa que ves en el horizonte. Como una hoja seca que se desliza y baila mientras va cayendo hasta llegar al suelo.
Caí...al mismo tiempo que el astro cayó, en la lejanía de un sol durmiente, dentro de este inmenso mar que bajo la luz de la luna se ha hecho mi dueño.
Como en un sueño, entré a ese océano por un jardín de sargazos, y me perdí en ese mar de lechugas y allí nadaba y flotaba. Mientras los caballitos danzaban y se agarraban, con fuerza, de cada hoja para no perderse en el vacío; y clavados como agujas bailaban el vals del mar, el vaivén de la corriente y yo, sin poder detenerme.
Miré al suelo y habían estrellas, y recordé las veces que miré el cielo y también vi las estrellas; y pensé en la paradoja de mi vida, mientras allí sumergida todo era al revés.
Sola con tantas criaturas, sin poder hablar el idioma del mar, con nadie podía conversar.
"Tengo tanto que decir", me dije, "y nadie con quien platicar; ¿Cómo caí en este mar?"
Decidí no pelear, y fue entonces que me dejé llevar por la corriente del mar.
Mis ojos vieron belleza, compuesta de pura naturaleza, hecha de peces y caracoles, animales inmensos, y también diminutos, raros, exóticos, colores vivos tortugas marinas con corazas de nácar, y un caracol Nautilus vi por el suelo rodar. Yo y mi cuerpo no podía atajar, era impresionante la fuerza del mar.
Le hice carrera a una mantarraya, se me acercaron miles de medusas, como una lanza pasó una morena, esa anguila que se esconde en las rocas. Fueron ocho brazos los que al fin me detuvieron, un pulpo inmenso, y comencé a nadar.
Caí...
Caí desde muy alto, desde aquella roca inmensa que ves en el horizonte. Desde la orilla de mi niñez quiero volver a la roca esa que ves. Y cuando escale la roca otra vez, voy a volver a caer, porque tanta belleza como la que encontré sumergida en el mar que me vio nacer sé que nunca en la tierra encontraré, y por eso al mar volveré otra vez.
*Adoro el mar y todo el misterio que hay en él.
Caí...al mismo tiempo que el astro cayó, en la lejanía de un sol durmiente, dentro de este inmenso mar que bajo la luz de la luna se ha hecho mi dueño.
Como en un sueño, entré a ese océano por un jardín de sargazos, y me perdí en ese mar de lechugas y allí nadaba y flotaba. Mientras los caballitos danzaban y se agarraban, con fuerza, de cada hoja para no perderse en el vacío; y clavados como agujas bailaban el vals del mar, el vaivén de la corriente y yo, sin poder detenerme.
Miré al suelo y habían estrellas, y recordé las veces que miré el cielo y también vi las estrellas; y pensé en la paradoja de mi vida, mientras allí sumergida todo era al revés.
Sola con tantas criaturas, sin poder hablar el idioma del mar, con nadie podía conversar.
"Tengo tanto que decir", me dije, "y nadie con quien platicar; ¿Cómo caí en este mar?"
Decidí no pelear, y fue entonces que me dejé llevar por la corriente del mar.
Mis ojos vieron belleza, compuesta de pura naturaleza, hecha de peces y caracoles, animales inmensos, y también diminutos, raros, exóticos, colores vivos tortugas marinas con corazas de nácar, y un caracol Nautilus vi por el suelo rodar. Yo y mi cuerpo no podía atajar, era impresionante la fuerza del mar.
Le hice carrera a una mantarraya, se me acercaron miles de medusas, como una lanza pasó una morena, esa anguila que se esconde en las rocas. Fueron ocho brazos los que al fin me detuvieron, un pulpo inmenso, y comencé a nadar.
Caí...
Caí desde muy alto, desde aquella roca inmensa que ves en el horizonte. Desde la orilla de mi niñez quiero volver a la roca esa que ves. Y cuando escale la roca otra vez, voy a volver a caer, porque tanta belleza como la que encontré sumergida en el mar que me vio nacer sé que nunca en la tierra encontraré, y por eso al mar volveré otra vez.
*Adoro el mar y todo el misterio que hay en él.
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