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Robsalz Robsalz · · 2 comentarios · ♥ 1
- Amor, acuérdate que hay que ir a comprar algo de carne, porque si no, no comemos en la noche.

- Y ¿qué hago? – le respondí a Alejandro de la manera más amable que pude e hice una mueca al teléfono – no puedo partirme en cinco.

- Yo te digo, porque seguramente llego tarde.

- ¡Entonces que no coman! – y terminé la llamada antes de que pudiera responderme cualquier cosa.

El gimnasio estaba apenas con un par de personas, muy poco movimiento para un viernes en la tarde. Aunque el almuerzo acabara de pasar hacía apenas un rato. Ninguna de las chicas había llegado hoy. Angélica estaba en una cita con su madre, al parecer la señora está padeciendo de piedras en los riñones y están por definir la fecha para operarla. Tampoco ha llegado Cristina, pero ya sabía que no vendría hoy, a esta hora debe estar dando su firma para divorciarse, su marido es uno de esos hombres que no aprovechan la mujer que tienen en la casa y se la pasan jugando de casanova. Terminó enredado con una muchacha de veintidós y resulta que la desgraciada ha quedado embarazada ¡Válgame, Cristo redentor!

- Llegué, tarde, pero llegué – era Cristina, enfundada en una malla roja y quitándose la camiseta gris que llevaba, para quedarse en ropa de gimnasio.

- ¿Qué haces aquí? No esperaba verte, imaginé que estabas firmando.

- Ya fui, pero muérete de la risa – se acercó y nos sentamos en una banca – el muy idiota se puso a llorar porque resulta que abrió los ojos como por arte de magia y se dio cuenta de que el matrimonio es algo importante en su vida.

- ¡Qué imbécil! Y tú ¿qué le dijiste?

- Le pedí la copia del acta al abogado, firmé y me vine.

Nos quedamos hablando todavía unos minutos más y luego comenzamos a ejercitarnos. Llevaríamos cerca de diez minutos cuando el teléfono comenzó a sonar. Era Gabriel, dejé que sonara dos veces más y luego finalicé la llamada. Ocupaba que el sudor comenzara a correr por mi cuerpo, y en eso estaba cuando otra vez, comenzó a sonar el teléfono, esta vez, era Deborah.

- ¿Qué pasa hija?

- Es Gabriel, dice que no se siente bien y que necesita que lo recojan en el colegio.

- ¿Qué tiene?

- Hasta donde sé, dolor de estómago.

Puse el teléfono en altavoz, volví a mis ejercicios y continué con la conversación.

- ¿Qué hago?

- Nada, que pida una pastilla y vuelva a clases, nadie se muere de un dolor de estómago.

- Eso le dije yo.

- Listo, entonces no hay nada más que hablar.

Cristina asintió con la cabeza, los jóvenes de hoy necesitan mano dura al momento de sus estudios. O eso creí, al menos… media hora después recibí una llamada del colegio, habían llamado una ambulancia, Gabriel iba camino al hospital, aparentemente, con apendicitis. En estas fachas me tocaba otra vez salir en carreras, si por un momento se detuvieran a pensar en una, pero no, ahí iba yo con licras provocativas camino a que posiblemente operaran a mi hijo. No gano para lo que me toca correr.
Robsalz Robsalz · · 0 comentarios · ♥ 0
Veinte años. Ese es el tiempo que llevamos de matrimonio Alejandro y yo, ¿feliz? No conozco a nadie que sea feliz durante tanto tiempo, eso de la felicidad a largo plazo ha de ser un mito tan grande como el minotauro, la Biblioteca de Alejandría o el chupacabras; alguien lo inventó para darse aires de maravilla y el resto de la humanidad lo tomó como un canon, eso debe ser.

Con todo y todo, ratos buenos, regulares, malos y pésimos… Alejandro y yo hemos logrado concebir dos bellos hijos: Deborah, que es la mayor y recién cumplió sus diecisiete primaveras, está en el último año de secundaria, camino a la universidad, con excelentes calificaciones que de seguro heredó de mi lado familiar, porque del lado paterno no es mucho lo que se puede rescatar ni en cuestión de estudios ni de vidas como ejemplos a seguir. Gabriel es el menor, tiene catorce años y es el vivo ejemplo del padre, despreocupado por los afanes de la vida, aficionado a sufrir cuando es temporada de exámenes, le da lo mismo ser primer promedio de su clase o dejar los pelos en el alambre, como se dice popularmente.

Este hermoso núcleo familiar lo completamos mi esposo y yo, Nazareth, para servirles. Alejandro es oficinista de lunes a viernes, de siete de la mañana a cuatro de la tarde, árbitro de fútbol los fines de semana, aunque lo ejerce desde el sillón de la sala, crítico de cine cuando mira películas en la televisión y observador mudo de las faldas que se asoman por la calle cuando salimos. No sé cómo hace para pasar viendo la misma cosa todos los días en el trabajo, dice que está bien ahí, pero aquí entre nos, tampoco es de aspirar a mucho. A sus cuarenta y dos años se ha descuidado un poco con el peso, y tiene canas, se deja la barba durante dos semanas y luego cuando se acuerda, se da un par de navajazos que seguramente aprendió en alguna vida anterior siendo un pirata.

Luego estoy yo. Treinta y ocho años, bien cuidada para mi edad, cabello café, un metro sesenta y tres de estatura, soy lo que en el ambiente lujurioso llaman una milf. Muchas muchachas desearían tener mi aspecto cuando cumplan mi edad.

Hay dos cosas que en esta familia nunca pasarán de moda por más que llegue el fin del mundo. La primera es la belleza de las mujeres, ingrato es el que no se dé cuenta de eso. La segunda, la fe y la religión como base de una familia que ha crecido al amparo de Dios, que así sea por los siglos de los siglos.

- ¡Mamá! – se supone que Gabriel no estaba en la casa.

- Aquí estoy ¿qué necesitas, tesoro de mis arrullos?

- ¿Has visto la tarea de matemáticas? – respiro profundamente – no la encuentro en el bolso.

- Y ¿qué quieres? Fíjate donde guardas las cosas en ese desorden que tienes en el dormitorio, si fueras un poquito ordenado la encontrarías.

Diez minutos más pasaron, la maldita tarea nunca apareció, tuve que correr para ir a dejarlo al colegio y cuando llegamos, justo cuando se bajaba en el portón, recordó otra cosa.

- También tenía que entregar el trabajo de Ciencias, yo creí que era para el lunes.

Así me recibió el viernes, así recibí al fin de semana.
Alde Alde en Blog de Alde · · 7 comentarios · ♥ 6
Dicen que escribo en onda,
que mi letra no es muy recta,
que del peso me reponga,
que del habla, fe directa.


Que si hablo poco digo,
mucho tengo para decir,
no se puede comprimir,
un resorte, ya torcido.


Si del árbol que me acompaña,
en mis letras mañaneras,
y la lluvia que me baña,
de mi calidez habanera.


Poco importa mi nacionalidad,
para inspirar a un verso,
solo puede la igualdad,
de sentimientos ser menos denso.


No controlo mi frialdad,
pero de ruin, yo sé que es eso,
mi corazón alberga la inconformidad,

de aquel mezquino, más confeso.

Ver el archivos adjunto 65558
Katia N. Barillas Katia N. Barillas en EfÍmera ilusión · · 0 comentarios · ♥ 0
Zulma Martínez Zulma Martínez · · 0 comentarios · ♥ 2
Imaginemos cuencos, concavidades, receptáculos... que acunen nostalgias, amores, ilusiones, desengaños, inexplicables soledades.
Cuencos que custodien historias, que atesoren remembranzas, que alberguen la vida.
Cuencos... como los que modela la lluvia en la arena.

Ahora, imaginemos que cada una de las obras de este libro es cuenco - continente de un cúmulo de experiencias, emociones y sentimientos; que cada poema es pura ala desplegada; que es gota de esa lluvia capaz de adentrarse en lo más íntimo de la existencia, y convertirse en luz y sombra, grito, llanto, risa, olvido, y también, silencio.
Y que así, "Cuencos en la arena" se convierta en lo que es su pretensión, su objetivo: ser transmisor y generador de vivencias, y enriquecer al lector en su capacidad de emocionarse y, por qué no, de sentirse identificado.

La autora.


Y aquí, el poema del cual tomé el título para el libro:

Cuencos en la arena

Agotado litoral de arena blanca y fina...
el agua lo roza latido tras latido
para devolverle un poco de existencia.
Una brisa, desamorada y fría,
diseña las asperezas del invierno.
El tiempo se estremece de soledad absurda
en las palmas de mis manos,
en la presencia de nidos olvidados,
en la desazón y el hartazgo
de un alma que ya no entiende la tristeza,
que trata de reconocerse en espejos sombríos
para limpiar las heridas aún abiertas.
Ni una sola golondrina
cruza ese cielo agrisado por la pena.
Duele la piel que no cicatriza,
que no quiere recordar ni arrebujarse,
de nuevo, entre sábanas gélidas
como esa brisa que la perfora.

En la arena, increíbles cuencos se inauguran
con los primeros cristales afilados de la lluvia.

Pero no serán suficientes para albergar
el aluvión de angustias que me abruma.
Zulma Martínez Zulma Martínez · · 2 comentarios · ♥ 1
Comparto mi nueva alegría; acabo de publicar mi tercer libro, de la mano de Editorial Lilium, Buenos Aires, Argentina. Se titula "Cuencos en la arena", título tomado de una de mis obras que, por supuesto, está incluida en el libro, y que transcribiré en otra oportunidad.
"Cuencos en la arena" es un poemario compuesto por 56 poemas cortos, publicado como Ebook, que se puede leer en cualquier dispositivo.
En este momento, se encuentra a disposición en Bajalibros.com.
Se puede buscar entrando a la página de dicha tienda, colocando mi nombre y apellido (Zulma Martínez) o el título del libro.

Más adelante, compartiré también el texto que coloqué en la Introducción del Poemario.
Hasta la próxima...
IgnotaIlusión IgnotaIlusión · · 1 comentarios · ♥ 1
ROJO ESTIGMA:

Rojo,
como cada gota de tu corazón
transformadas en pétalos marchitos
que atraviesan entre gritos esta soledad,

bañada la gloria en ríos de sangre,
no hay enjambre que coseche eternidad,

vida frágil para los que temen perderla,

sueño claro para los que mueren de mas,

amor insano hasta que se vuelva futilidad,

con rojos labios nos besa la muerte,
incitándonos a implorar por sus etéreos deseos,
ella conoce el sabor de su condena,
pero prefiere ignorarla,
el amor la ciega,
la única fuerza
mas poderosa que toda dignidad,

caemos todos juntos
enfrentando esta disparidad,
la que nos exprime por propia potestad nuestra felicidad,
la que nos hace perder por bondad nuestra esperanza,
la que nos seduce a seguir sintiendo esa realidad ambigua,
esa que nunca nos alcanza.








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VALOR VACÍO:

Con corazón e ingenua benevolencia galopamos,

todavía tragando saliva para gritarle a la muerte,

para escupirle su verdad divina,

esa que prueba todas las bocas,

la que entre arrabales se alimenta,

de la esencia que desprende nuestra osamenta,

frágil sapiencia que se bifurca

que decide seguir o aguantar,

en un ciclo eterno en el que reina la pura conciencia,

entendiendo que cada vida es cruento regalo,

aunque en el intervalo nos quiten todo sentido

nos roben hasta la añoranza de las manos.





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Y aquí la versión con música, video, y recitado:

Zulma Martínez Zulma Martínez · · 0 comentarios · ♥ 0
Me niego a la rosa
por temor a las espinas.
Me niego al calor
de esa mano extendida.
Me niego a esos ojos,
a esa voz, a esa sonrisa.
Me niego a latir, a sentir...
¿por no sufrir?

Me niego... me niego.

Y de tanto
negarme
ya no vivo
ni camino
ni respiro.
miguegarza miguegarza · · 2 comentarios · ♥ 2
Buenas noches.
De nuevo paso a compartir un soneto que este portal ha hospedado generosamente.
Apapachos.

Mi corazón

Mi corazón es pieza de anticuario
que se agita si el sol le da motivo,
es un mártir montado en un tiovivo
y un milagro pendiendo en tu sagrario.

Es la brasa que enciende tu incensario
en la noche en que el sueño es un furtivo
y la pluma de un ángel fugitivo
que escribe del amor su novenario.

Es converso que ronda tu escalera,
plegaria que en silencio me delata
y un hereje en un santo de madera.

Es lumbre que pudores no recata
ofrendando sus lágrimas de cera
bajo un cielo con luna de hojalata.
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