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Katia N. Barillas Katia N. Barillas en EfÍmera ilusión · · 0 comentarios · ♥ 0
Pedro Olvera Pedro Olvera en El avecesdiario | Blog de Pedro Olvera · · 0 comentarios · ♥ 0 El Avecesdiario
Qué ratos, qué rostros, qué rastros
de ti me quedan si hasta yo me perdí
buscando,
buscando, buscándote, en busca de ti,
que siempre has estado en mi espalda,
jorobando.
No sé qué o quién eres, o si eres o fuiste.
Sé que no serás más que pérdida
hasta que nada sepa
de nunca haber sabido.
En tu ausencia te nombré verdad y belleza,
por nombrar lo innominado.
Luego vi cardos crecer en la basura.
Me vi mentiroso y acicalado.
Jamás bello, bueno o verdadero.
Ni yo quiero entenderme, pero entiendo
que gasté media vida
en eludir la respuesta a una pregunta
nunca por mí formulada.
No empieza con qué, ni con cómo.
No tiene cuándo por no deberle al tiempo.
Tampoco acaba con el silencio
conque empieza el por qué.
Voy a gastar la otra mitad de existencia,
sean minutos, días o siglos, soñando
hasta que el sueño siga sin mí,
mero accidente
sin muertos, solo desaparecidos.
No te preocupes, señor
de canas todavía negras
que te preocupas:
me di cuenta que estaba soñando
y ahí se puede volar.
Y vuelo sin leyes, ni preguntas, ni adioses.
Cuando aterrice, no me llores las escayolas.
Lloremos cuando despierte
y sean las tantas más cuarenta y tres
del puntual siempre tarde.

miguegarza miguegarza · · 2 comentarios · ♥ 2
Hola, queridos amigos mundopoetosos
De nuevo paso a compartir un soneto hospedado en este porta, se trata de uno que en su momento obtuvo el Reconocimiento a la Poesía Clásica que concede MP
Un abrazo.

Desnudo

Quedan besos que rondan en espejos,
repitiendo el color de tu impaciencia,
luz de luna que vela tu indolencia
y deja en tu silueta sus reflejos.

Queda el sueño, que viene desde lejos,
sosegada, la voz de la apetencia.
Es tu fatiga húmeda presencia
donde naufragan los temores viejos.

Niega las sombras, hasta amanecer,
tu piel iluminada por un astro
que aspira a tu blancura conmover.

Y en sábanas revueltas queda un rastro
que expresa el abandono de tu ser:
Desnudo con matices de alabastro.
Zulma Martínez Zulma Martínez · · 5 comentarios · ♥ 0
Hola! Transcribo una Columna de Diario El País que me pareció bella e interesante:

"El arte es algo tan esencial y natural como el oxígeno. Braque dijo: "El arte es una herida hecha luz". Y, en efecto, qué vamos a hacer con las innumerables heridas de la vida sino intentar convertirlas en luz para que no nos destruyan.
También es arte colocar bellamente una flor en un vaso, y que su humilde contemplación apacigüe tu día. Respeto a todo creador que necesite perentoriamente hacer lo que hace, me gusten sus obras o no. "Si no fuera por el arte, yo me habría quitado la vida hace mucho tiempo", confiesa la genial artista japonesa Yayoi Kusama,
que vive desde hace décadas, por su propia voluntad, en un psiquiátrico. O, como decía Clarice Lispector: "Escribo como si fuera a salvar la vida de alguien. Probablemente, mi propia vida".
Exacto. Por eso leemos, y escuchamos música, y vemos cuadros. Ahí estamos todos. Viva el arte."

Rosa Montero.
Diario El País, octubre de 2025.
Alde Alde en Blog de Alde · · 7 comentarios · ♥ 6
Conozco a una personita,
que me llena el alma entera,
audaz, fiel y bonita,
desbordante mi compañera.


Es mi alegría, mi sueño,
mi despertar cada mañana,
es mi tentación, es mi empeño,
mi queridita cubana.


Yo de ella deseo todo,
y si no la tengo me muero,
yo la sueño, yo la adoro,
yo la amo, soy su compañero.


Mira cuanto la quiero,
mentir, sería ser ingrato,
ella sabe que no tengo ingenio,
y que si miento, me delato.


A ella, mi princesita,
mi emoción por tanto tiempo,
la flor que no se marchita,
la flor de la que hoy, yo soy dueño.


De mi vida yo le dejo,
el amor que le regalo,
un amor que siendo nuevo,

es más amor del que le han dado.

Ver el archivos adjunto 65599
Robsalz Robsalz · · 0 comentarios · ♥ 0
- Creo que no tengo mucho que explicar, la verdad tienes más experiencia que yo en esto de las flores – las palabras de Lucrecia tenían toda la razón, yo había trabajado mucho tiempo en la floristería, pero por cosas personales había salido hacía cinco años – si ocupas algo sólo llámame.

- Lo haré y otra vez, gracias por la oportunidad.

- A nadie le confiaría esto como a ti.

Aquí estaba yo, cinco años después, rodeada de flores, había renunciado por una estupidez. En aquel tiempo me cansé de los reclamos de Alejandro porque dedicaba mucho tiempo al trabajo, pero cuando me fui, empezó a reclamar porque el dinero nunca alcanzaba. Así son los hombres, no ha nacido la mujer que se amolde a sus necesidades. El turno estaba lejos de molestarme, estaba a cargo de abrir el local a las ocho de la mañana y Lucrecia llegaría luego, a eso de las tres de la tarde, de lunes a viernes.

Bajo ese horario lograba volver a mi independencia financiera, a los tiempos donde podía comprarme un refresco sin necesidad de tener que pedirle a Alejandro que me facilitara efectivo.

- Otra vez, dime ¿cómo fue?

- Llamó llorando, porque me necesita a su lado – Cristina y yo tomábamos un café mientras que yo arreglaba un ramo de tulipanes anaranjados y geranios que recogerían en el transcurso de la tarde.

- ¿Te reíste en su cara?

- ¿Qué otra cosa podía hacer?, aunque… - y puso el café en el mostrador – no sé si fue buena idea lo del divorcio.

- ¿No sabes? ¡te fue infiel! – tomó un trago de café y se limpió una lágrima.

- Sí, Nazareth, pero tiré al basurero once años de matrimonio, le quité el papá a mi hija, quedé sola.

- No es cierto – le tomé la mano y la miré – no es cierto, hiciste lo que tenías que hacer, te hiciste sentir, ojalá todas las mujeres actuaran como tú.


Terminó el café y luego se levantó, tenía algunas cosas que comprar para la escuela. Pero yo la conocía, la tristeza estaba haciendo nido en ella, tres semanas no se borraban once años de matrimonio, necesitaba tiempo para asimilar la etapa que estaba comenzando ahora. A todos se nos dificulta empezar de cero, nos acostumbramos a un estilo de vida y luego se nos hace imposible recomenzar por nosotros mismos y a Cristina se le dificultaba más.

Siempre había presumido del esposo que tenía, pero no era la primera vez que la engañaban, llevaba cerca de cuatro años viviendo en ese infierno, ocupaba salir; no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo aguante. Sí, sería complicado, pero era joven, un par de años menos que yo, con un cuerpo bonito, ni tan flaca, ni tan gorda. Y, sin embargo, ahí estaba, cediendo a las frágiles líneas del amor, como cualquier otra persona. Hay trazos que se dibujan entre nosotros y que resultan invisibles aún para el mejor de los observadores, por eso no podemos subsistir nosotros solos, por eso somos una especie tan dependiente, por eso somos humanos, porque no desarrollamos la capacidad de poder aislarnos por completo, eso no es lo nuestro.

Yo quedé sola en la floristería. A media tarde, antes de que Lucrecia llegara, recogieron las flores. Aquel ramo de tulipanes y geranios estaba bellísimo, pareciera que yo nunca me hubiera ido de aquí, la práctica no se había ido de mis manos ¡qué buena que soy!
Katia N. Barillas Katia N. Barillas en EfÍmera ilusión · · 0 comentarios · ♥ 0
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