futuroarduo
Poeta fiel al portal
Dedico la siguiente historia a mis amigos de Mundopoesía: alexa,ANA MAR MORENO, cesar salamanca rodriguez, cesarfco.cd, Cristian Pinilla Adasme, felixjosedeladarza, greypatricia, Isabel Miranda de Robles, Jannime inspiracion, Libra *M*, Liz Barrio, Maloy, Marcela, martín ceja avalos, Poeta & filósofo, Principe Negro, Raúl Castillo, Recaredo, Shana.
Era de noche, se había ido la luz, estaba solo… eran muchos los factores para que el muchacho, que estaba sentado en su cama tocando guitarra, sintiera un poco de miedo bajo la pálida luz que una vela le ofrecía. No había más en la casa, esa era la única, por suerte estaba a la mitad y duraría por lo menos 45 minutos en consumirse.
El muchacho, de personalidad asustadiza, trataba de enfocar su mente en las notas de su instrumento. Desgraciadamente ni el mismo se engañaba, los latidos de su corazón parecían un tambor tocado con gran fuerza y rapidez.
Dejo de tocar un momento, se limpió la sudada frente con su mano temblorosa. Al tratar de tomar suavemente un suspiro un ruido rompió el silencio. Alarmado se paró sin darse cuenta, sus ojos recorrieron la habitación entera. Se dirigió hacia el pasillo que daba a la sala, en donde se ubicaba la puerta que servía para entrar y salir del apartamento. En pleno camino quedó paralizado, el sonido había llegado a sus oídos nuevamente. Esta vez se tomó un segundo en pensar de donde provenía. Al concluir que de la puerta principal, sigilosamente arrastró sus pies envueltos en medias al ojo mágico. No logró ver nada, claro, era de noche, se había ido la luz. Preguntó si había alguien llamando a la puerta, al no escuchar nada deslizó sus helados dedos al pomo de ella. Abrió rápido, decidido, su mirada se enfocó inmediatamente en el piso, en donde habían unos zapatos negros azabaches, limpiamente pulidos. Miro a los lados, no había más nada ni nadie. Ante tal hecho si ya el muchacho estaba nervioso ahora lo estaba más: el resultado de ello era un dolor en la cabeza, que progresivamente se iba intensificando hasta marearlo. Al final no pudo soportarlo y se desmayó, por suerte, encima de un sillón de cuero que estaba cerca.
Al despertar había regresado la luz, habían regresado sus padres. Uno de ellos le señaló los pies, diciéndole que de dónde había sacado ese calzado. Sorprendido miró sus pies, ¡ahí estaban los zapatos! Apretó sus puños, abrió de nuevo la puerta principal. Esta vez una persona estaba tras ella, enseñando una sonrisa más parecida a un rictus. Su mirada se desvió un momento del asustado adolescente y miró hacia los padres de él. Esta vez se hizo evidente en el rostro de aquél hombre feo con los ojos rojizos una sonrisa. El muchacho giró su cabeza, vio a sus padres con los ojos rojos acercándose lentamente hacia él. Vio claramente en su boca unos dientes distintos, más afilados, sucios con algo rojo. Lo comprendió todo en un instante y, asustado, se rindió ante los colmillos que atravesaban su cuello…
(El espíritu de halloween, supongo, fue el que me dio inspiración.)
Era de noche, se había ido la luz, estaba solo… eran muchos los factores para que el muchacho, que estaba sentado en su cama tocando guitarra, sintiera un poco de miedo bajo la pálida luz que una vela le ofrecía. No había más en la casa, esa era la única, por suerte estaba a la mitad y duraría por lo menos 45 minutos en consumirse.
El muchacho, de personalidad asustadiza, trataba de enfocar su mente en las notas de su instrumento. Desgraciadamente ni el mismo se engañaba, los latidos de su corazón parecían un tambor tocado con gran fuerza y rapidez.
Dejo de tocar un momento, se limpió la sudada frente con su mano temblorosa. Al tratar de tomar suavemente un suspiro un ruido rompió el silencio. Alarmado se paró sin darse cuenta, sus ojos recorrieron la habitación entera. Se dirigió hacia el pasillo que daba a la sala, en donde se ubicaba la puerta que servía para entrar y salir del apartamento. En pleno camino quedó paralizado, el sonido había llegado a sus oídos nuevamente. Esta vez se tomó un segundo en pensar de donde provenía. Al concluir que de la puerta principal, sigilosamente arrastró sus pies envueltos en medias al ojo mágico. No logró ver nada, claro, era de noche, se había ido la luz. Preguntó si había alguien llamando a la puerta, al no escuchar nada deslizó sus helados dedos al pomo de ella. Abrió rápido, decidido, su mirada se enfocó inmediatamente en el piso, en donde habían unos zapatos negros azabaches, limpiamente pulidos. Miro a los lados, no había más nada ni nadie. Ante tal hecho si ya el muchacho estaba nervioso ahora lo estaba más: el resultado de ello era un dolor en la cabeza, que progresivamente se iba intensificando hasta marearlo. Al final no pudo soportarlo y se desmayó, por suerte, encima de un sillón de cuero que estaba cerca.
Al despertar había regresado la luz, habían regresado sus padres. Uno de ellos le señaló los pies, diciéndole que de dónde había sacado ese calzado. Sorprendido miró sus pies, ¡ahí estaban los zapatos! Apretó sus puños, abrió de nuevo la puerta principal. Esta vez una persona estaba tras ella, enseñando una sonrisa más parecida a un rictus. Su mirada se desvió un momento del asustado adolescente y miró hacia los padres de él. Esta vez se hizo evidente en el rostro de aquél hombre feo con los ojos rojizos una sonrisa. El muchacho giró su cabeza, vio a sus padres con los ojos rojos acercándose lentamente hacia él. Vio claramente en su boca unos dientes distintos, más afilados, sucios con algo rojo. Lo comprendió todo en un instante y, asustado, se rindió ante los colmillos que atravesaban su cuello…
(El espíritu de halloween, supongo, fue el que me dio inspiración.)
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