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Yo también fui oficina

Pessoa

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YO TAMBIÉN FUI OFICINA



Yo también fui oficina de correos

y de mis dedos nacieron holoturias y páginas de diario

Yo también fui autobús

y en mi reducido ámbito vivieron mecanógrafas y peones de albañil

Yo también -puede ser-

alcancé la pasión y la gloria como coronel de infantería.



(Ahora no alcanzo las alturas de la sierra que se alza frente a mí

sentado frente a ella con la pasividad de una roca

me divierto con los juegos de las libélulas

bailarinas transparentes con sus fru-frús irisados.)



Yo también toqué el tambor como aquel pequeño Óskar

y produje cataclismos de vajillas en los restaurantes de lujo

Y dibujé pentagramas de líneas no paralelas

Y los ofrecí al fuego de los goliardos áulicos

para que se calentasen en sus frías noches sin amor.

Y me asombré de todo asombro al ver nacer una estrella.



Y, sin embargo, no alcancé la metempsícosis

a pesar de hablar fluidamente una docena de idiomas.

Y haber recorrido mucho más que siete mares

con la ambición del políglota que trata de oír lo inaudible

Ahora recorro con insistencia viejas líneas de tranvía

por las avenidas oscuras de las ciudades vacías.



Ya no existen, o no los veo, aquellos viejos mendigos que tocaban el saxofón

y extendían obscenamente sus manos de forjadores de sueños

alterando las conciencias de las doncellas desfloradas

Imploro mi lugar entre aquellos viejos músicos mendigos

a los que en el quicio de la noche se unían las prostitutas ociosas.

Imploro mi vieja botella del tintorro peleón.



(Pero ya empiezan a encenderse la luz extinguida de las luciérnagas

como blandas balizas del parque de la eterna cópula

Ya comienza el parpadeo del semáforo inservible

y se escucha el traquetreo cansino del tranvía trashumante.)



Qué sabéis vosotros, caminantes enceguecidos, de las noches imaginadas

de la poesía hecha carne, de los sospechosos encuentros con los gatos en celo.

Qué sabréis vosotros, elegantes bebedores de champán

del color azul prusia de los trajes de comunión de los niños pobres

Qué sabréis vosotros del sacrificio y desvelo que requiere un simple acorde de violín.

Yo he pasado muchas noches en blanco corriendo tras un color imposible.



Tantas cosas he intentado cuando todavía era hombre

Algún día, insaciables, andrajosos compañeros, os cantaré la historia de mis fracasos...
 
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YO TAMBIÉN FUI OFICINA



Yo también fui oficina de correos

y de mis dedos nacieron holoturias y páginas de diario

Yo también fui autobús

y en mi reducido ámbito vivieron mecanógrafas y peones de albañil

Yo también -puede ser-

alcancé la pasión y la gloria como coronel de infantería.



(Ahora no alcanzo las alturas de la sierra que se alza frente a mí

sentado frente a ella con la pasividad de una roca

me divierto con los juegos de las libélulas

bailarinas transparentes con sus fru-frús irisados.)



Yo también toqué el tambor como aquel pequeño Óskar

y produje cataclismos de vajillas en los restaurantes de lujo

Y dibujé pentagramas de líneas no paralelas

Y los ofrecí al fuego de los goliardos áulicos

para que se calentasen en sus frías noches sin amor.

Y me asombré de todo asombro al ver nacer una estrella.



Y, sin embargo, no alcancé la metempsícosis

a pesar de hablar fluidamente una docena de idiomas.

Y haber recorrido mucho más que siete mares

con la ambición del políglota que trata de oír lo inaudible

Ahora recorro con insistencia viejas líneas de tranvía

por las avenidas oscuras de las ciudades vacías.



Ya no existen, o no los veo, aquellos viejos mendigos que tocaban el saxofón

y extendían obscenamente sus manos de forjadores de sueños

alterando las conciencias de las doncellas desfloradas

Imploro mi lugar entre aquellos viejos músicos mendigos

a los que en el quicio de la noche se unían las prostitutas ociosas.

Imploro mi vieja botella del tintorro peleón.



(Pero ya empiezan a encenderse la luz extinguida de las luciérnagas

como blandas balizas del parque de la eterna cópula

Ya comienza el parpadeo del semáforo inservible

y se escucha el traquetreo cansino del tranvía trashumante.)



Qué sabéis vosotros, caminantes enceguecidos, de las noches imaginadas

de la poesía hecha carne, de los sospechosos encuentros con los gatos en celo.

Qué sabréis vosotros, elegantes bebedores de champán

del color azul prusia de los trajes de comunión de los niños pobres

Qué sabréis vosotros del sacrificio y desvelo que requiere un simple acorde de violín.

Yo he pasado muchas noches en blanco corriendo tras un color imposible.



Tantas cosas he intentado cuando todavía era hombre

Algún día, insaciables, andrajosos compañeros, os cantaré la historia de mis fracasos...
Definitivamente es un exquisito poema poeta. Ideal para una tarde como èsta. Feliz semana.
 
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Yo también fui oficina de correos

y de mis dedos nacieron holoturias y páginas de diario

Yo también fui autobús

y en mi reducido ámbito vivieron mecanógrafas y peones de albañil

Yo también -puede ser-

alcancé la pasión y la gloria como coronel de infantería.



(Ahora no alcanzo las alturas de la sierra que se alza frente a mí

sentado frente a ella con la pasividad de una roca

me divierto con los juegos de las libélulas

bailarinas transparentes con sus fru-frús irisados.)



Yo también toqué el tambor como aquel pequeño Óskar

y produje cataclismos de vajillas en los restaurantes de lujo

Y dibujé pentagramas de líneas no paralelas

Y los ofrecí al fuego de los goliardos áulicos

para que se calentasen en sus frías noches sin amor.

Y me asombré de todo asombro al ver nacer una estrella.



Y, sin embargo, no alcancé la metempsícosis

a pesar de hablar fluidamente una docena de idiomas.

Y haber recorrido mucho más que siete mares

con la ambición del políglota que trata de oír lo inaudible

Ahora recorro con insistencia viejas líneas de tranvía

por las avenidas oscuras de las ciudades vacías.



Ya no existen, o no los veo, aquellos viejos mendigos que tocaban el saxofón

y extendían obscenamente sus manos de forjadores de sueños

alterando las conciencias de las doncellas desfloradas

Imploro mi lugar entre aquellos viejos músicos mendigos

a los que en el quicio de la noche se unían las prostitutas ociosas.

Imploro mi vieja botella del tintorro peleón.



(Pero ya empiezan a encenderse la luz extinguida de las luciérnagas

como blandas balizas del parque de la eterna cópula

Ya comienza el parpadeo del semáforo inservible

y se escucha el traquetreo cansino del tranvía trashumante.)



Qué sabéis vosotros, caminantes enceguecidos, de las noches imaginadas

de la poesía hecha carne, de los sospechosos encuentros con los gatos en celo.

Qué sabréis vosotros, elegantes bebedores de champán

del color azul prusia de los trajes de comunión de los niños pobres

Qué sabréis vosotros del sacrificio y desvelo que requiere un simple acorde de violín.

Yo he pasado muchas noches en blanco corriendo tras un color imposible.



Tantas cosas he intentado cuando todavía era hombre

Algún día, insaciables, andrajosos compañeros, os cantaré la historia de mis fracasos...
Excelentes letras Pessoa. Es un placer leer poesía de esta calidad. Un abrazo con la pluma del alma
 
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Yo también fui oficina de correos

y de mis dedos nacieron holoturias y páginas de diario

Yo también fui autobús

y en mi reducido ámbito vivieron mecanógrafas y peones de albañil

Yo también -puede ser-

alcancé la pasión y la gloria como coronel de infantería.



(Ahora no alcanzo las alturas de la sierra que se alza frente a mí

sentado frente a ella con la pasividad de una roca

me divierto con los juegos de las libélulas

bailarinas transparentes con sus fru-frús irisados.)



Yo también toqué el tambor como aquel pequeño Óskar

y produje cataclismos de vajillas en los restaurantes de lujo

Y dibujé pentagramas de líneas no paralelas

Y los ofrecí al fuego de los goliardos áulicos

para que se calentasen en sus frías noches sin amor.

Y me asombré de todo asombro al ver nacer una estrella.



Y, sin embargo, no alcancé la metempsícosis

a pesar de hablar fluidamente una docena de idiomas.

Y haber recorrido mucho más que siete mares

con la ambición del políglota que trata de oír lo inaudible

Ahora recorro con insistencia viejas líneas de tranvía

por las avenidas oscuras de las ciudades vacías.



Ya no existen, o no los veo, aquellos viejos mendigos que tocaban el saxofón

y extendían obscenamente sus manos de forjadores de sueños

alterando las conciencias de las doncellas desfloradas

Imploro mi lugar entre aquellos viejos músicos mendigos

a los que en el quicio de la noche se unían las prostitutas ociosas.

Imploro mi vieja botella del tintorro peleón.



(Pero ya empiezan a encenderse la luz extinguida de las luciérnagas

como blandas balizas del parque de la eterna cópula

Ya comienza el parpadeo del semáforo inservible

y se escucha el traquetreo cansino del tranvía trashumante.)



Qué sabéis vosotros, caminantes enceguecidos, de las noches imaginadas

de la poesía hecha carne, de los sospechosos encuentros con los gatos en celo.

Qué sabréis vosotros, elegantes bebedores de champán

del color azul prusia de los trajes de comunión de los niños pobres

Qué sabréis vosotros del sacrificio y desvelo que requiere un simple acorde de violín.

Yo he pasado muchas noches en blanco corriendo tras un color imposible.



Tantas cosas he intentado cuando todavía era hombre

Algún día, insaciables, andrajosos compañeros, os cantaré la historia de mis fracasos...
He reflexionado con estos apuntes.
Un gran motivo para encontrar el camino.

Saludos
 
POEMA RECOMENDADO
MUNDOPOESIA.COM

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CON TODO EL CARIÑO DE MUNDOPOESIA.COM
 
Una vez más (no tanto por la calidad de mis poesías, sino por mi antigüedad en el foro, que hace que, de vez en cuando, "me toque") me enorgullece esta distinción que me concede la dirección de la página. Una vez más mi compromiso con ella para seguir en la línea de calidad en mis publicaciones, calidad que animará a la lectura de todos los compañeros poetas. Leer poesía es liberador para el espíritu, lo libera de tantas constricciones que la vida prosaica nos impone. Y leer lo que publicamos es un auténtico estímulo para conseguir esa vida libre.
 
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