ropittella
Poeta veterana en el Portal
Yo soy esta hoy, aquí, entera. Junté mis partes quebradas, las reparé, reuní mi poquita autoestima; construí más y sigo construyendo todavía, porque tengo un todavía, aquí y ahora. Varias veces al borde de la muerte y muchos años muerta en vida quedaron atrás. Cada respiro vale por mil, creo que nos pasa a todas las sobrevivientes.
Aprendimos a celebrar y a agradecer lo mínimo, todo lo sano necesario para respirar es suficiente. Nací mujer, fui niña maltratada, adolescente maltratada, joven maltratada y ya casi en la tercera edad puedo decir que ya no permito el maltrato en mi vida.
Venga de quien venga le digo no, adentro mío le digo no, agradezco a quien lo intenta, por dentro se lo agradezco, porque me permite saber de quien debo alejarme para siempre. Y perdono a ese ser humano, por dentro perdono, y me libero, porque sé que su odio no es conmigo, sino consigo mismo.
Pero no minimizo ni un gesto y me alejo.
Porque una mirada puede ser violenta y también lo sé porque muchas veces miré así, y hasta me miré así, por eso ahora me vigilo también.
Una de las mejores psicólogas de mi País, especialista en prevención de la violencia doméstica y de género, nos dijo que una tarda en recuperarse la misma cantidad de años que se sometió al maltrato...
Me pregunto ¿cuántos años deberán pasar para que ni una más muera en el intento?
Tal vez no me alcance el resto del tiempo, pero comencé a no maltratarme, y no es fácil, sonreír a pesar de cualquier circunstancia, y cantar, cantar que es lo que siempre me hizo bien, desde niña. Y disfrutar de todo lo maravilloso que tiene la vida. Sé que suena cursi, pero no encuentro otro modo de expresar con palabras lo que me llevó casi toda una vida de dolor comprender. El dolor sigue, no se puede negar, no solo por mí, sino por todas las demás, las que murieron peleando por ser. Las que mataron por luchar por sus derechos Humanos, por los hijos que quedaron huérfanos... Por las que son víctimas aún.
Sin embargo no me puede el sufrimiento, las que quedamos sabemos que debemos seguir, sabemos que el silencio es mortal, sabemos que la indiferencia es mortal, sabemos que el juzgamiento es mortal, que los prejuicios son mortales, así que nos sentimos responsables de ayudar, con la palabra, con los actos, con la denuncia. El 8 de marzo no se celebra con bombones y flores, el 8 de marzo se conmemora un episodio macabro, una muestra en la vitrina de cuánta lucha necesitamos desarrollar por no nacer con un pene entre las piernas.
Somos tan distintos e iguales ¡Tan distintos pero IGUALES carajo! Somos seres humanos todos.
Aprendimos a celebrar y a agradecer lo mínimo, todo lo sano necesario para respirar es suficiente. Nací mujer, fui niña maltratada, adolescente maltratada, joven maltratada y ya casi en la tercera edad puedo decir que ya no permito el maltrato en mi vida.
Venga de quien venga le digo no, adentro mío le digo no, agradezco a quien lo intenta, por dentro se lo agradezco, porque me permite saber de quien debo alejarme para siempre. Y perdono a ese ser humano, por dentro perdono, y me libero, porque sé que su odio no es conmigo, sino consigo mismo.
Pero no minimizo ni un gesto y me alejo.
Porque una mirada puede ser violenta y también lo sé porque muchas veces miré así, y hasta me miré así, por eso ahora me vigilo también.
Una de las mejores psicólogas de mi País, especialista en prevención de la violencia doméstica y de género, nos dijo que una tarda en recuperarse la misma cantidad de años que se sometió al maltrato...
Me pregunto ¿cuántos años deberán pasar para que ni una más muera en el intento?
Tal vez no me alcance el resto del tiempo, pero comencé a no maltratarme, y no es fácil, sonreír a pesar de cualquier circunstancia, y cantar, cantar que es lo que siempre me hizo bien, desde niña. Y disfrutar de todo lo maravilloso que tiene la vida. Sé que suena cursi, pero no encuentro otro modo de expresar con palabras lo que me llevó casi toda una vida de dolor comprender. El dolor sigue, no se puede negar, no solo por mí, sino por todas las demás, las que murieron peleando por ser. Las que mataron por luchar por sus derechos Humanos, por los hijos que quedaron huérfanos... Por las que son víctimas aún.
Sin embargo no me puede el sufrimiento, las que quedamos sabemos que debemos seguir, sabemos que el silencio es mortal, sabemos que la indiferencia es mortal, sabemos que el juzgamiento es mortal, que los prejuicios son mortales, así que nos sentimos responsables de ayudar, con la palabra, con los actos, con la denuncia. El 8 de marzo no se celebra con bombones y flores, el 8 de marzo se conmemora un episodio macabro, una muestra en la vitrina de cuánta lucha necesitamos desarrollar por no nacer con un pene entre las piernas.
Somos tan distintos e iguales ¡Tan distintos pero IGUALES carajo! Somos seres humanos todos.
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