necros73
Poeta que considera el portal su segunda casa
Y un ángel cayó...
III
Y en este divino desmadre
¿Cuál ha sido mi papel?
Soy una marioneta,
repudiado por todos,
incluso por ti,
no hago sino seguir tú juego
¿Tengo acaso otra opción?
No permites salida alguna
para el laberinto místico
que tus delirios han creado,
el cual nos obligas a habitar
y a seguir el esquema eterno.
Sí; porque al igual que los hombres,
yo estoy sujeto
a esas mismas absurdas leyes
que tú divinidad lego.
Soy pecado,
tentación,
pasión,
traición,
soy lo humano,
el mal creado por ti
para cargar con la culpa
que los hombres no saben soportar.
¿Porqué los torturas con la culpa?
¿Qué sádico placer encuentras
en verlos sufrir por lo que es parte de ellos,
de su humana naturaleza?
¿Porqué carajos he de cargar yo con ello?
Dos veces maldito a sus ojos,
pues yo les enseñe a gozar,
a explorar
y descubrir su cuerpo,
a la par que todos sus placeres
y potencialidades,
pero en vez de agradecerlo
y entregarse gustosos a ese regalo,
la culpa incubada en ellos por ti,
los corroe hasta la locura.
Se repudian a sí mismos
y a mí por hacerlos caer en tentación.
A ellos les prometiste el cielo
a cambio de su abstención
y repudio por la vida terrenal.
¿Y a mí que me espera?,
Nada,
ellos ilusamente esperan
la absolución final,
el juicio del juez eterno,
el perdón de sus pecados,
la recompensa a su virtud,
a su no vida,
claman por la justicia divina
para poder elevarse
por encima de las injusticias mundanas
creadas por ellos.
A una vida patética
espera una muerte inútil,
todo por esa estúpida promesa,
que los lleva a matar
y matarse en vida.
Yo no hago mas que asistir
a la caída del hombre,
pues yo sé de eso,
veo su suicidio sin poder hacer nada.
Siempre has sido cruel,
desde el día aquél
que decretaste la expulsión de todo
aquél que violara tu mandato
y todo ¿Porqué?
Por la envidia de que yo pudiese gozar
lo que tú tienes vedado:
sentir y vivir como mortal,
habitar
y compartir con ellos sus vicisitudes.
Padre nuestro que estás en el cielo,
maldito sea tu nombre,
si acaso tienes corazón
déjalos vivir
y morir en paz.
Yo soy el eterno bastardo
el que nunca se arrodillará
ante un Dios que se embriaga
con el dolor y la sangre
de los hombres y las mujeres.
Maldito yo el ángel caído,
el más parecido a los hombres.
FIn
III
Y en este divino desmadre
¿Cuál ha sido mi papel?
Soy una marioneta,
repudiado por todos,
incluso por ti,
no hago sino seguir tú juego
¿Tengo acaso otra opción?
No permites salida alguna
para el laberinto místico
que tus delirios han creado,
el cual nos obligas a habitar
y a seguir el esquema eterno.
Sí; porque al igual que los hombres,
yo estoy sujeto
a esas mismas absurdas leyes
que tú divinidad lego.
Soy pecado,
tentación,
pasión,
traición,
soy lo humano,
el mal creado por ti
para cargar con la culpa
que los hombres no saben soportar.
¿Porqué los torturas con la culpa?
¿Qué sádico placer encuentras
en verlos sufrir por lo que es parte de ellos,
de su humana naturaleza?
¿Porqué carajos he de cargar yo con ello?
Dos veces maldito a sus ojos,
pues yo les enseñe a gozar,
a explorar
y descubrir su cuerpo,
a la par que todos sus placeres
y potencialidades,
pero en vez de agradecerlo
y entregarse gustosos a ese regalo,
la culpa incubada en ellos por ti,
los corroe hasta la locura.
Se repudian a sí mismos
y a mí por hacerlos caer en tentación.
A ellos les prometiste el cielo
a cambio de su abstención
y repudio por la vida terrenal.
¿Y a mí que me espera?,
Nada,
ellos ilusamente esperan
la absolución final,
el juicio del juez eterno,
el perdón de sus pecados,
la recompensa a su virtud,
a su no vida,
claman por la justicia divina
para poder elevarse
por encima de las injusticias mundanas
creadas por ellos.
A una vida patética
espera una muerte inútil,
todo por esa estúpida promesa,
que los lleva a matar
y matarse en vida.
Yo no hago mas que asistir
a la caída del hombre,
pues yo sé de eso,
veo su suicidio sin poder hacer nada.
Siempre has sido cruel,
desde el día aquél
que decretaste la expulsión de todo
aquél que violara tu mandato
y todo ¿Porqué?
Por la envidia de que yo pudiese gozar
lo que tú tienes vedado:
sentir y vivir como mortal,
habitar
y compartir con ellos sus vicisitudes.
Padre nuestro que estás en el cielo,
maldito sea tu nombre,
si acaso tienes corazón
déjalos vivir
y morir en paz.
Yo soy el eterno bastardo
el que nunca se arrodillará
ante un Dios que se embriaga
con el dolor y la sangre
de los hombres y las mujeres.
Maldito yo el ángel caído,
el más parecido a los hombres.
FIn