íntima es la ley
y un fuego a instituir la infinitud mortal del corazón;
¿ quién, desde un piélago de herrumbres y de muertes,
desde el sollozo y herencia de la sangre no optó por instruir un candil de esperanza,
un instante/don o lumbre,
una alegría ?
ah, esta observación, este reconocimiento minucioso del ser,
este escrutinio en paz, amor y libertad civil,
- este trabajo -
¿ habría acaso de quebrar ?
golpe a golpe y caída a caída hemos empedrado el alma, el cielo,
y Sísifo no puede más; hecha está, oh dioses, nuestra parte,
cumplidos, pues, los requisitos, las solemnidades y pactos de dolor, de fe
y de luz;
cual himno de honor, del Camino del Rey son voz nuestras piedras.
del libro La ley y la espada.
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