Condesa Malinconica
Poeta recién llegado
El alma me tiembla de tanto sollozar
Mis ojos sufrieron de una desembocadura eterna.
Se vierten y se vierten pasiones no paladeadas por el Terminal sexote del demonio de fuego.
Su palidez se acerca más a mí como un leve suspiro acompañado de violines afligidos y púrpuras.
Despliego mis ligamentos, los de las manos oscurecidas por el dolor y no lo siento, todo es un vació frió, frió como el mas cabal averno.
Mi piel ha comenzado a secarse y pegada de mis huesos me hace profesar más de mi muerte en vida, la que me llevara por mares de sangre azul para allí encontrarme con la oscuridad de nuevo.
A renacer; como la condesa de agua y en mi carruaje tirado por fastuosos y góticos hipocampos iré a recoger el que tanto blasfemo sobre mi corazón latiente.
Y entonces ahí, lo condenare a fenecer con migo durante el resto de la eternidad que ose en quedarnos.
Amen.